El movimiento obrero toma la palabra

El Frente de Sindicatos Unidos reunió 1.600 delegados en Pilar y aprobó un programa de diez puntos que va bastante más allá de la negociación salarial: soberanía energética, deuda externa, industria nacional, reforma tributaria. El FreSU nació hace cuatro meses. Ya es el actor más incómodo del movimiento obrero argentino.

 


El camping de la Unión Obrera Metalúrgica en Pilar no es el lugar donde habitualmente se escriben programas de gobierno. Pero este 1° de mayo, 1.600 delegados del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) se reunieron allí para aprobar un documento de diez capítulos que abarca desde el salario mínimo hasta la integración regional latinoamericana. El lema elegido —’Unidad, lucha y rebeldía para recuperar la Patria’— dice más sobre las pretensiones del espacio que sobre sus posibilidades inmediatas. El FreSU no busca simplemente presionar al gobierno de Javier Milei: busca instalar una agenda alternativa de país.

Cuatro meses, 140 organizaciones

El FreSU nació a fines de enero de 2026 con alrededor de 50 organizaciones nucleadas en torno a un rechazo común: la reforma laboral impulsada por el gobierno libertario y la respuesta que consideraron insuficiente de la conducción de la CGT. En pocas semanas creció exponencialmente. Su tridente visible —Furlán por la UOM, Aguiar por ATE, Yofra por la Federación Aceitera— representa una combinación inédita: el principal sindicato industrial privado del país, el gremio más grande del sector público y uno de los más combativos de la agroindustria, los tres con arraigo en el interior y tradición de huelga efectiva. A ellos se sumaron Pablo Biró (Pilotos), José Luque (Papeleros), docentes universitarios de CONADU, metrodelegados, gráficos, portuarios y, en semanas recientes, el sindicato de encargados de edificios de Víctor Santa María.

La lógica de crecimiento expresa una tensión estructural dentro del movimiento obrero: gremios con capacidad real de paralización que no se reconocen en la estrategia dialoguista del triunvirato cegetista —Héctor Daer, Carlos Acuña, Pablo Moyano— y que consideran que el paro del 19 de febrero fue necesario pero insuficiente. ‘A este gobierno no lo debilitás con un solo día de paro’, sintetizó Yofra en el cierre del plenario aceitero de abril. El FreSU tiene sobre la mesa la posibilidad de un paro general por tiempo indeterminado, aunque no fijó fecha.

El Frente de Sindicatos Unidos exige un salario mínimo de 2.706.923 pesos

Un programa, no un pliego de reclamos

Lo que el plenario del 1° de mayo aprobó no es un pliego convencional de demandas salariales. El documento tiene diez capítulos y una ambición programática que los sindicatos argentinos no producían desde el Programa de Huerta Grande de 1962 o los 26 puntos de la CGT para la Unión Nacional de los 80, referencias que el propio texto invoca explícitamente. El primer capítulo exige un Salario Mínimo Vital y Móvil calculado sobre las nueve necesidades del artículo 14 bis de la Constitución —alimentación, vivienda, educación, vestuario, salud, transporte, esparcimiento, vacaciones y previsión— y con medición de inflación independiente. La cifra que el FreSU reclamó en marzo como piso era de 2.706.923 pesos, frente a los menos de 900.000 del valor oficial vigente.


«Si al FreSU no lo llenamos de contenido estamos sonados. Juntar sindicatos sin objetivos claros es amontonar gente.» — referente del FreSU


Los capítulos siguientes cubren derogación de la normativa laboral de Macri y Milei, política industrial activa con planificación estratégica, soberanía sobre energía y recursos naturales, investigación de la deuda externa con desconocimiento de la porción ilegal e ilegítima, regularización de la economía popular, acceso a la vivienda y el hábitat, defensa de la salud pública y las jubilaciones, igualdad salarial real y —en el décimo— garantías de libertad sindical con desprocesamiento de trabajadores criminalizados por la protesta. Es un programa que, en varios de sus puntos, colisiona no solo con el gobierno libertario sino con los consensos implícitos que la CGT sostiene desde hace décadas.

La pregunta que el programa no responde

El FreSU acumula representación sectorial, capacidad de movilización y, desde este 1° de mayo, también un texto programático. Lo que todavía no tiene claro es cómo se convierte ese capital en poder político efectivo. La central sindical que lo cobija —la CGT— no está en ruptura con el gobierno y en su plenario de ayer en Plaza de Mayo dos de sus triunviros, Sola y Jerónimo, aparecieron en el acto de Parque Norte del PJ federal. El FreSU opera en los márgenes de esa estructura sin decidir si la disputa desde adentro o construye una alternativa propia. ‘Queremos evitar el 2001’, advirtieron sus referentes. La frase condensa el diagnóstico y también su límite: saben hacia dónde no quieren ir, pero el programa aprobado en Pilar es todavía más una declaración de intenciones que una hoja de ruta con fechas y actores.