El Gobierno creó un nuevo régimen de incentivos fiscales para que las pymes inviertan más y paguen menos impuestos en el corto plazo. Esta guía explica qué es, quiénes pueden acceder, cuánto pueden ahorrar y cuáles son las condiciones que hay que conocer antes de tomar decisiones.
Análisis basado en: Ley 27.802 · Decreto 242/2026 · Fuentes oficiales y especializadas
¿Qué es el RIMI?
El Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) es un conjunto de beneficios impositivos que el Estado argentino ofrece a las micro, pequeñas y medianas empresas para que inviertan en equipamiento productivo. Fue creado por la Ley N° 27.802 de Modernización Laboral y reglamentado el 13 de abril de 2026 mediante el Decreto N° 242/2026.
La lógica del régimen es directa: cuando una empresa compra una máquina, puede deducir ese gasto de sus impuestos, pero el sistema habitual la obliga a hacerlo en cuotas durante muchos años. El RIMI comprime ese plazo —de hasta diez años a sólo uno o dos— y además le devuelve el IVA pagado en la compra de forma anticipada. El resultado es que invertir cuesta menos en el corto plazo.
Conviene aclarar qué es y qué no es el RIMI. No se trata de un subsidio ni de una transferencia directa de fondos del Estado. Son beneficios fiscales que la empresa ya tendría derecho a percibir de todos modos, pero disponibles mucho antes de lo que el régimen general permite. Esta distinción es importante a la hora de evaluar el impacto real en el flujo de caja de un proyecto.
¿Quiénes pueden acceder?
El RIMI está disponible para todas las micro, pequeñas y medianas empresas argentinas —hasta mediana tramo 2 inclusive— siempre que cuenten con el certificado MiPyME vigente emitido por la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa, de acuerdo con la Resolución N° 220/19. El Gobierno amplió recientemente las condiciones de inscripción al registro MiPyME, por lo que vale la pena verificar si la empresa califica antes de asumir que no puede adherirse.
El acceso no es libre para todos los montos: cada categoría de empresa debe superar un umbral mínimo de inversión. Ese umbral se calcula en dólares, neto de IVA y sin descuentos comerciales, tomando como referencia el tipo de cambio comprador del Banco de la Nación Argentina del día hábil anterior a la fecha de cada factura.
Montos mínimos por categoría
Los pisos de inversión son los siguientes: las microempresas deben alcanzar un mínimo de USD 150.000; las pequeñas empresas, USD 600.000; las medianas empresas de tramo I, USD 3.500.000; y las medianas empresas de tramo II, hasta USD 9.000.000.
Existe además una categoría especial sin monto mínimo, destinada a inversiones específicas del sector agropecuario y energético: sistemas y equipos de riego, mallas antigranizo, bienes semovientes, energías renovables y equipos de eficiencia energética —como motores, bombas y refrigeración—. Para estas inversiones no se exige superar ningún umbral, lo que representa la apertura más amplia del régimen.
La reglamentación incorporó también a entidades sin fines de lucro registradas ante ARCA bajo las formas jurídicas que el organismo determine. Sin embargo, dado que muchas de estas entidades gozan de exenciones en el Impuesto a las Ganancias, los beneficios centrales del régimen tienen en ese segmento una aplicación más limitada.

¿Cuáles son los beneficios?
El RIMI opera sobre dos pilares fiscales que se aplican de manera simultánea. Cuanto mayor sea la inversión realizada, mayor es el impacto positivo sobre el flujo de caja de la empresa.
Amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias
Normalmente, cuando una empresa adquiere un bien de capital, puede deducirlo de sus ganancias imponibles a lo largo de su vida útil, que para maquinaria industrial puede extenderse entre cinco y diez años. Con el RIMI, esa deducción se concentra en dos ejercicios fiscales: 50% en el primero y 50% en el segundo. Para obras productivas, el plazo se reduce al 60% del tiempo habitual. Para inversiones en riego, antigranizo, eficiencia energética y semovientes, la amortización es total en un solo ejercicio.
El impacto es concreto. Una empresa pequeña que adquiere maquinaria por USD 600.000 pasa de deducir USD 60.000 por año durante una década a deducir USD 300.000 en el primer ejercicio y el saldo en el segundo. El ahorro impositivo se concentra exactamente cuando la empresa más lo necesita: al comienzo de la inversión, antes de que ésta genere retorno.
Devolución anticipada del crédito fiscal de IVA
Al comprar equipamiento o materiales para producir, la empresa paga IVA. Sin el RIMI, ese crédito fiscal se recupera de manera gradual, compensándolo mes a mes con el IVA que le cobra a sus clientes —un proceso que puede tomar muchos meses si las ventas son bajas o estacionales. Con el RIMI, ese crédito se puede reclamar directamente a los tres meses de realizada la inversión, sin esperar la acumulación natural de operaciones.
Para empresas con capital de trabajo ajustado o ciclos de facturación irregulares —habitual en el agro y en industrias estacionales—, ese adelanto puede representar liquidez real y alterar el análisis de viabilidad de un proyecto de inversión.
¿Qué inversiones son elegibles?
El decreto reglamentario es preciso en delimitar qué activos califican. Quedan incluidos los siguientes:
- Bienes de capital nuevos: maquinaria, equipamiento industrial e infraestructura amortizable afectada a la actividad productiva.
- Bienes de informática y telecomunicaciones: equipos tecnológicos vinculados directamente a la producción.
- Obras productivas: construcciones e instalaciones. También se admiten obras en curso, siempre que su grado de avance no supere el 30% al momento de entrada en vigor del régimen.
- Inversiones agroindustriales y energéticas: sistemas de riego, mallas antigranizo, bienes semovientes, energías renovables y equipos de eficiencia energética.
Quedan expresamente excluidas todas las inversiones financieras o de cartera: acciones, bonos, fondos comunes de inversión, fideicomisos y criptomonedas. El RIMI está diseñado exclusivamente para la economía real.
¿Cómo se accede al régimen?
El proceso para aprovechar los beneficios del RIMI se desarrolla en cuatro pasos sucesivos.
- Verificar la inscripción como MiPyME. El punto de partida es confirmar que la empresa cuenta con el certificado vigente según la Resolución N° 220/19. Si no lo tiene, tramitarlo es el primer paso.
- Identificar y planificar las inversiones elegibles. Determinar qué compras o proyectos califican bajo el régimen y confirmar que la suma total supera el monto mínimo correspondiente a la categoría de la empresa, calculado neto de IVA.
- Ejecutar las inversiones dentro del plazo. Las inversiones deben realizarse dentro del período de dos años contado desde la entrada en vigor de la resolución conjunta ARCA–Agricultura–Energía —aún pendiente de publicación al cierre de esta nota—. Las inversiones realizadas desde el 6 de marzo de 2026 son elegibles retroactivamente.
- Aplicar los beneficios en la declaración jurada. Incorporar la amortización acelerada en la DDJJ del Impuesto a las Ganancias y gestionar ante AFIP la devolución anticipada del IVA a los tres meses de cada inversión.
Es importante aclarar que los procedimientos operativos de AFIP —formularios de adhesión, mecánica específica de recupero de IVA— no estaban completamente publicados al cierre de esta nota. Antes de ejecutar cualquier inversión bajo el amparo del régimen, es recomendable confirmar el estado de la normativa vigente con un asesor impositivo.
Las restricciones que hay que conocer
El RIMI tiene un diseño atractivo, pero presenta limitaciones concretas que pueden afectar su utilidad real para muchas empresas. Conocerlas de antemano evita planificar sobre supuestos que después no se van a cumplir.
Cupos sobre la devolución de IVA
La devolución anticipada del IVA no es irrestricta. Estará sujeta a cupos anuales fijados en la Ley de Presupuesto. Esto significa que si la demanda de adhesión supera los fondos asignados en el presupuesto nacional, la devolución podría diferirse o racionarse. Es el elemento más relevante que incorporó el Decreto 242/2026 respecto de la ley original, y el que más condiciona las proyecciones de flujo de caja. Todo plan de negocios que dependa del recupero anticipado del IVA debe contemplar este escenario de contingencia.
El plazo formal todavía no arrancó
El período de dos años para realizar inversiones no corre desde la publicación del decreto reglamentario, sino desde la entrada en vigor de la resolución conjunta que deben emitir ARCA, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y la Secretaría de Energía. Al cierre de esta nota, esa resolución no había sido publicada. En términos prácticos, el reloj formal del régimen todavía no comenzó a correr.
El régimen no financia: reduce el costo post-inversión
El RIMI mejora las condiciones impositivas de una inversión ya realizada, pero no adelanta el capital necesario para hacerla. Una empresa que no tiene acceso al crédito para comprar el equipamiento tampoco puede aprovechar la amortización acelerada. En un contexto donde la tasa de interés real sigue siendo elevada y el crédito pyme mantiene restricciones estructurales, el régimen beneficia principalmente al segmento de empresas con liquidez propia o acceso al sistema financiero.
Los pisos excluyen al segmento más pequeño
Para la microempresa de menor escala dentro del universo pyme, reunir USD 150.000 en una sola inversión puede ser difícil. El régimen sin monto mínimo para riego, energía y antigranizo es la excepción más notable, pero no cubre el grueso de las necesidades de inversión del segmento más pequeño.
Los beneficios requieren ganancias gravadas
La amortización acelerada sólo genera ahorro impositivo efectivo si la empresa tributa el Impuesto a las Ganancias. Empresas con quebrantos acumulados, resultados nulos o exenciones no capturan el beneficio de inmediato. En esos casos, la ventaja se difiere hasta que la empresa vuelva a generar ganancias gravadas.
RIMI y RIGI: dos regímenes para dos escalas
El RIMI no nació aislado. Viene a completar el mapa de incentivos que ya incluía al RIGI —Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, Ley 27.742—, orientado a proyectos de escala corporativa o internacional desde los USD 200 millones, en sectores estratégicos como minería, hidrocarburos e infraestructura. Ese régimen ofrece estabilidad fiscal por treinta años, beneficios aduaneros y tratamiento cambiario especial.
El RIMI extiende la lógica de incentivos fiscales al universo intermedio, donde opera la mayoría de las empresas industriales, agroindustriales y de servicios del país. Sus instrumentos son más acotados —amortización acelerada y devolución anticipada de IVA— pero están calibrados para la escala y los ciclos propios de las pymes. Mientras el RIGI apunta a proyectos que transforman sectores enteros, el RIMI apunta a las decisiones de inversión cotidianas del tejido empresarial que genera la mayor parte del empleo formal argentino.
El segmento que queda sin cobertura específica es el de las empresas más pequeñas que no alcanzan los umbrales del RIMI ni tienen proyectos de la escala del RIGI. Para ese estrato, el sistema sigue dependiendo de líneas de crédito subsidiado, con su historial de discontinuidades.
¿Qué debería hacer cada empresa?
La recomendación práctica para las empresas que tienen proyectos de inversión bajo análisis es incorporar el RIMI como variable en sus modelos financieros, trabajando con al menos dos escenarios: uno que asuma el recupero pleno del IVA en tres meses y otro que contemple restricciones por cupos presupuestarios. La diferencia entre ambos puede ser significativa en el flujo de caja proyectado del primer año.
El punto de partida concreto es verificar o tramitar el certificado MiPyME vigente, identificar qué inversiones planificadas calificarían bajo el régimen, calcular el monto total neto de IVA y compararlo con el umbral correspondiente a la categoría de la empresa. Ese ejercicio toma poco tiempo y puede cambiar sustancialmente el análisis de viabilidad de un proyecto.
La efectividad del régimen dependerá, en última instancia, de la implementación práctica de las normas operativas aún pendientes y del contexto macroeconómico en el que deba operar. Pero el diseño del instrumento es, en sus líneas generales, sólido y concreto.
