Anatomía del «proceso virtuoso» de Caputo

El ministro dijo que la economía argentina entrará en un «proceso virtuoso» que ofrecerá los 20 mejores meses de las últimas décadas.

Por Mariano Kestelboin


                                                                          «Entramos en un proceso virtuoso en el que yo creo que, a partir de abril, realmente los próximos 18/20 meses van a ser probablemente los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas», sentenció el ministro Luis Caputo el martes pasado en su exposición ante el foro empresarial de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina.

Ante la mirada atónita del periodista que lo acompañaba en el escenario y que seguramente expresaba la necesidad del auditorio para entender su exacerbado optimismo llegó la pregunta: «¿Por qué?».

Caputo presentó cinco argumentos. El primero fue el que destacó más enfáticamente: «hemos logrado estabilizar la macro». Lo planteaba con su soberbia habitual, pero era un elemento contradictorio. Lo decía luego de haber anticipado el día anterior que la inflación de marzo pasado iba estar arriba del 3%, un nivel incluso superior a la proyección de la mayoría de las consultoras; así se confirmaba que se habían cumplido 10 meses consecutivos de alzas.

Otra de sus justificaciones fue tan o más delirante aún. Aseguró con el mismo tono que «el presidente es uno de los tres líderes mundiales más importantes, el caso argentino genera admiración en el mundo y eso es una suerte de atajo hacia las inversiones». Ser un personaje excéntrico y reconocido a nivel mundial no lo hace confiable y tampoco sus políticas a los ojos de los inversionistas.

Al contrario, lejos de gozar de esa supuesta reverencia, en grandes medios de comunicación del país de origen de la cámara empresaria donde Caputo hablaba, humillan a Milei con actos de bullying. Que en la CNN lo definan como «un Wolverine (el mutante de X-Men) de bajo presupuesto», que el presentador del icónico programa Saturday Night Live de la cadena NBC haya dicho en burla que «fue visto ahí diciendo: if you make me horny, baby» (si me enloqueces, nena) comparándolo con Austin Powers, el exéntrico espía interpretado por Mike Myers, o que el actor Jon Stewart, en The Daily Show, haya comentado que «vino a bailar toda la noche para asegurarse el préstamo de los 20 mil millones de dólares que le dimos» explica más la brusca baja de la Inversión Externa Directa (IED) en Argentina que un augurio a favor de futuras inversiones. De hecho, por primera vez en la serie histórica del Banco Central (acumula 22 años), el saldo de esa cuenta en 2025 fue negativo. El rojo trepó hasta los 1.282 millones de dólares.

Entramos en un proceso virtuoso en el que yo creo que, a partir de abril, realmente los próximos 18/20 meses van a ser probablemente los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas.

Caputo seguramente tendría serias dificultades para explicar por qué, bajo las dos administraciones de una líder que él considera pianta inversiones, como Cristina Kirchner, la IED totalizó un resultado positivo de 20.219 millones de dólares, lo cual implicó un promedio anual de 2.527 millones de dólares entre 2008 y 2015.

La notoriedad de la vital participación de Milei en el caso Libra y el hecho de que se haya presentado una demanda colectiva en su contra por fraude en Estados Unidos tampoco es un aliento a las inversiones. De la misma forma operan las crecientes investigaciones judiciales por corrupción sobre su círculo íntimo que incluyen a su hermana, a su jefe de gabinete y a sus amigos que tuvieron que renunciar a sus cargos en el gobierno nacional: Diego Spagnuolo, Germán Reidel y José Luis Espert.

Tampoco las expresiones despectivas hacia empresarios de grandes empresas altamente reconocidas en nuestro país e internacionalmente, como «Don Chatarrín» contra Paolo Rocca de Techint o «Gomita Alumínica» contra Javier Madanes Quintanilla de Fate y Aluar, acusándolos de prebendarios, genera el clima de negocios imaginado por Caputo.

El tercer argumento que esgrimió el ministro para tratar de justificar su optimismo fue el RIGI. Sin embargo, ni con ese régimen de desproporcionados beneficios para los grandes inversores que ya cuenta con más de un año y medio de vigencia (fue lanzado el 8 julio de 2024), la inversión crece. Por el contrario, la formación bruta de capital fijo, medida por el INDEC, ha decrecido fuertemente en el gobierno de Milei comparada con los últimos dos años de la gestión de Alberto Fernández. Los registros de 2024/2025 respecto a los de 2022/2023 arrojan un derrumbe del -11,3% que se expande hasta el -12,2% cuando organismo mide solamente las inversiones en maquinaria y equipo y hasta el -22,4% cuando se trata de construcciones. El único rubro que no decrece en la comparación bianual es el de equipo de transporte. Aumentó un 17,7% pero tiene poca incidencia en la inversión total ya que representó sólo el 12,7% de la inversión total en los últimos cuatro años. Y vale aclarar que en ese concepto incide significativamente la compra de utilitarios incluidos en la estadística y que pueden tener un uso no productivo (como las camionetas Hilux, Amarok o la Ranger). Estos vehículos, por sus favorables tratamientos impositivos y por el atraso cambiario, se abarataron relativamente y se volvieron más atractivas para un selecto grupo de consumidores.

El cuarto argumento, aunque parezca absurdo con relación a lo hecho por el gobierno hasta ahora y los recursos públicos disponibles, se refirió al incremento de la obra pública vinculada a la logística y a la construcción de rutas. Anunció que a partir de junio van a estar en marcha las obras de 9.000 kilómetros de corredores viales y que van a licitar otros 12.000 kilómetros. En caso de ser cierto, llegaría demasiado tarde y su impacto en el incremento de la competitividad no impactaría en el periodo de gobierno actual.

El drama es que Caputo está como un perro que quiere morderse la cola. Cae la actividad, la inflación aumenta y la bandera del superávit fiscal es cada vez más difícil de sostener. Sin contar el hecho de que se apoye en una contabilidad creativa que omite el cómputo de los intereses capitalizables de deuda pública en pesos.

Por último, el ministro señaló que «se está recuperando la construcción» cuando, según el último dato del indicador sintético de la actividad de la construcción del INDEC, el sector registró una contracción mensual en febrero pasado del 1,3%. Con sobreoferta en el sector, costos en dólares desalineados del valor de los inmuebles usados y niveles de morosidad detonados, la reactivación parece un acto de fe más que una perspectiva cierta.

El drama es que Caputo está como un perro que quiere morderse la cola. Cae la actividad, la inflación aumenta y la bandera del superávit fiscal es cada vez más difícil de sostener. No solo por el hecho de que se apoye en una contabilidad creativa que omite el cómputo de los intereses capitalizables de deuda pública en pesos, sino por la sostenida disminución de la recaudación. En el primer trimestre de 2026, en términos reales, bajó un 6,9% y la merma del impuesto más ligado al desenvolvimiento de la actividad fue aún peor: el IVA se contrajo un 10,7% y representa un tercio de la recaudación total, según el último informe del ARCA. El esquema es un círculo vicioso que no se rompe con vaticinios mágicos: se comprime el consumo, entonces baja la recaudación y requiere acrecentar el ajuste fiscal para intentar sostener el falso superávit y así otra vez baja el consumo y la actividad. Es un loop infinito que se retroalimenta y donde la pérdida de credibilidad y el acercamiento del periodo preelectoral representa el temido certificado de defunción del modelo o, como irresponsablemente dijo Milei, su regreso a la actividad privada.

Así el discurso de la pronta reactivación (Caputo, en el cierre de su exposición también se animó a decir que «Argentina va a ser el país que más va a crecer por los próximos 30 años») termina de destruir su credibilidad cuando responsabiliza al «efecto kuka» por la fragilidad del modelo. Si con una elección legislativa casi se cae a pedazos y tuvieron que correr tras dos salvatajes (FMI y Estados Unidos), ¿cómo impactará ese fantasma sobre el esquema basado en el financiamiento especulativo, la explotación primaria de los recursos naturales y la dependencia externa cuando el año que viene deba enfrentar una elección presidencial?

Más que «efecto kuka» o fantasmas que asustan al ministro son las políticas que aplica lo que dinamizan o desalientan inversiones y lo que le imprime sustentabilidad o no al proyecto. Insistir con un modelo de aperturismo naif, de destrucción de las instalaciones y capacidades productivas, de achicamiento del mercado interno y de ahogamiento de las posibilidades de desarrollo científico y tecnológico del país son las verdaderas causas de su debilidad y de la malaria. Fin.

LPO