Milei cierra marzo entre alivio judicial y desgaste político

La anulación de la condena contra la Argentina por la causa YPF le dio al Gobierno una noticia de alto impacto. Pero el cierre de marzo dejó otra imagen: el caso $LIBRA sigue abierto, Manuel Adorni continúa bajo presión, la interna oficialista afecta el funcionamiento parlamentario y el discurso triunfalista del Presidente choca cada vez más con sus propias contradicciones.

El Gobierno buscó presentar el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York por YPF como un punto de inflexión. No era para menos: el tribunal anuló la condena de 16.100 millones de dólares contra la Argentina y dejó sin efecto la orden que obligaba a entregar acciones de la petrolera. Para una administración urgida por mostrar resultados políticos y económicos, se trató de un alivio mayor. Javier Milei lo celebró como una victoria histórica y procuró apropiarse de ese resultado con una cadena nacional y una nueva ofensiva verbal contra Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof.

Sin embargo, el fallo no alcanzó para modificar el clima político de fondo. Marzo terminó dejando un Gobierno menos ordenado de lo que pretendía mostrar la Casa Rosada, con varios frentes sensibles todavía abiertos y con un problema adicional: la dificultad oficial para convertir una buena noticia judicial en autoridad política duradera. El alivio por YPF llegó, pero no consiguió tapar el desgaste acumulado por los escándalos, las internas y la pérdida de control sobre la agenda pública.

Postales de la marcha

A eso se sumó el impacto político del 24 de marzo. A 50 años del golpe de Estado, decenas de miles de personas volvieron a movilizarse en Buenos Aires y en otras ciudades del país en una jornada atravesada por la defensa de la memoria, la verdad y la justicia y por el rechazo a los intentos oficiales de relativizar el terrorismo de Estado. La masividad de la marcha mostró un límite concreto para la llamada “batalla cultural” libertaria: hay consensos democráticos que el oficialismo todavía no logra quebrar.

$LIBRA y Adorni, dos frentes que siguen abiertos

El caso $LIBRA continúa siendo uno de los problemas más serios para el Gobierno. Las revelaciones sobre Mauricio Novelli, uno de los nombres más sensibles del expediente, volvieron a ubicar el escándalo en el centro de la escena. Según reconstrucciones periodísticas basadas en peritajes judiciales, en su teléfono aparecieron referencias a un presunto acuerdo por cinco millones de dólares para obtener apoyo presidencial a la criptomoneda, además de gestiones para monetizar el vínculo con Milei y facilitar contactos con empresarios. Aunque eso no prueba por sí mismo una responsabilidad penal directa del Presidente, sí profundiza el daño político sobre un oficialismo que hizo de la denuncia contra la casta y la corrupción uno de sus principales activos simbólicos.

El costo ya empezó a medirse en términos de opinión pública. Reuters informó esta semana que la imagen presidencial cayó en marzo en distintas encuestas, en un contexto en el que se combinaron las denuncias por $LIBRA, el malestar social por los ingresos y el deterioro de la credibilidad oficial. En ese marco, el escándalo dejó de ser apenas un episodio judicial o mediático y pasó a tocar un punto más delicado: la consistencia moral del discurso mileísta.

En paralelo, Manuel Adorni sigue siendo un problema político de primer orden. Noticias Argentinas resumió el clima oficial de este modo: el fallo por YPF fue un soplo de aire fresco, pero el tablero de conflictos internos y externos sigue intacto, con el caso Adorni en primer plano. La misma agencia describió al jefe de Gabinete como un “activo devaluado” por la sucesión de episodios que protagonizó en las últimas semanas, mientras las reacciones en redes y en la opinión pública acentuaron la percepción de soberbia, opacidad y contradicción con el relato del ajuste.

La interna oficialista ya se siente en el Congreso

El otro dato relevante del cierre de mes es que el desgaste no proviene solo de la oposición o de los expedientes judiciales. También nace en el propio corazón del poder libertario. elDiarioAR describió una escena de creciente parálisis en el oficialismo por la pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo, agravada por la crisis de Adorni. “La interna paraliza todo”, admitieron dirigentes y legisladores libertarios citados por ese medio, que además consignó que la disputa interna ya afecta la capacidad del Gobierno para ordenar temas legislativos y sostener interlocución con aliados.

Ese punto es central. Durante buena parte de su gestión, Milei consiguió compensar su debilidad parlamentaria con centralización política, disciplina comunicacional y capacidad para imponer agenda. Hoy esa arquitectura muestra fisuras. Cuando el propio oficialismo reconoce que no logra definir prioridades y que las peleas internas bloquean decisiones, el problema deja de ser solo de imagen y se convierte en un problema de gobernabilidad.

El fallo por YPF y la disputa por el sentido político

La paradoja más visible apareció, justamente, en el festejo por YPF. La Cámara de Apelaciones anuló la condena contra la Argentina al considerar que las demandas de los accionistas minoritarios no prosperaban bajo el derecho argentino. Es decir, el tribunal terminó validando la línea jurídica que el Estado argentino sostuvo durante años. Sobre ese punto se montó de inmediato la respuesta de Axel Kicillof y de Cristina Fernández de Kirchner: ambos señalaron que el fallo confirmó los argumentos que venían defendiendo desde el inicio del litigio y reivindicaron la legalidad de la expropiación y su carácter estratégico para la soberanía energética.

Ahí quedó expuesta una contradicción difícil de disimular para la Casa Rosada. Milei quiso adjudicarse la victoria como un logro propio y presentó el resultado como prueba de la eficacia de su gobierno. Pero al mismo tiempo volvió a atacar con dureza a quienes impulsaron la recuperación de YPF en 2012, aun cuando el fallo terminó respaldando la tesis jurídica que esos mismos dirigentes sostuvieron durante años. El Gobierno celebró una resolución favorable al país, pero lo hizo negando la racionalidad política e histórica de la decisión que está en el origen de esa defensa exitosa.

La inconsistencia no se agotó en el contenido. También apareció en el tono. En su cadena nacional, Milei volvió a recurrir a descalificaciones e insultos contra Cristina y Kicillof, una marca discursiva que ya no funciona solo como estilo personal sino como un límite político para el propio oficialismo. Cada vez que intenta construir una épica de victoria, el Presidente la contamina con un lenguaje agresivo que debilita el argumento y desplaza el foco hacia sus excesos. En vez de ampliar consensos desde una buena noticia, termina encerrado otra vez en una retórica de confrontación permanente.

Karina Milei y Santiago Caputo, los dos vértices del poder libertario, siempre en tensión.

Un alivio judicial, no una recuperación política

Por eso el cierre de marzo deja una conclusión menos triunfal que la que quiso instalar la Casa Rosada. El Gobierno consiguió un alivio judicial de enorme magnitud en la causa YPF, pero no logró convertirlo en recuperación política. El caso $LIBRA sigue erosionando el núcleo moral de su discurso, Adorni permanece como un foco de desgaste, la interna libertaria complica la coordinación parlamentaria y la calle volvió a mostrar, el 24 de marzo, que hay batallas simbólicas que el oficialismo no domina.

En ese contexto, hasta el discurso triunfalista quedó opacado por sus propias contradicciones. Milei festejó el fallo por YPF como si fuera una consagración personal, pero al hacerlo volvió a chocar con la evidencia de que la posición que terminó favorecida por la Justicia fue la que el Estado argentino defendió desde hace años y que Cristina y Axel reivindicaron desde el primer día. El Presidente quiso capitalizar una victoria, pero lo hizo atacando la misma decisión política cuya defensa jurídica terminó dándole la razón al país. Y así, otra vez, el discurso libertario tropezó no solo con los hechos, sino también con el tono destemplado de un mandatario que parece confundir su relato con la realidad.

NR