Karina Milei salió a blindar a Adorni pero la polémica por los vuelos escala en la Casa Rosada

La secretaria general de la Presidencia respaldó públicamente al jefe de Gabinete en medio del escándalo por el viaje de su esposa en el avión presidencial a Estados Unidos y por la revelación de un vuelo privado a Punta del Este. El episodio ya derivó en denuncias judiciales, pedidos de informes y una nueva tensión para el Gobierno en un terreno especialmente sensible: el uso de recursos oficiales.


La Casa Rosada cerró filas este jueves en defensa de Manuel Adorni. En medio de la controversia por la presencia de su esposa, Bettina Angeletti, en la gira oficial a Estados Unidos a bordo del ARG-01, Karina Milei publicó un mensaje de respaldo total al jefe de Gabinete y apuntó contra lo que definió como “basura mediática”. El gesto de la hermana del Presidente no fue menor: llegó cuando el caso ya había pasado del ruido político a las denuncias penales y a una discusión más amplia sobre privilegios, austeridad y uso de bienes del Estado.

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El disparador fue la explicación del propio Adorni sobre el viaje a Nueva York en el marco de la “Argentina Week”. Cuestionado por la presencia de su esposa en la comitiva, el funcionario sostuvo que ella había adquirido un pasaje por su cuenta y que, por cambios en la agenda presidencial, terminó abordando el avión oficial por invitación de Presidencia. La justificación, lejos de apagar el tema, lo amplificó: la oposición presentó pedidos de informes y denuncias ante la Justicia y la Oficina Anticorrupción, mientras crecían los cuestionamientos por el contraste entre el discurso contra “la casta” y las prácticas del oficialismo.

Pero la controversia no se agotó en la gira a Estados Unidos. En paralelo, una investigación periodística reveló que Adorni también había viajado en febrero en un vuelo privado a Punta del Este junto a su esposa, familiares y un periodista de la TV Pública, en un episodio que alimentó todavía más la discusión política. Luego aparecieron videos que confirmaron el embarque en el aeropuerto de San Fernando y el caso se transformó en un frente incómodo para el Gobierno, que hasta ahora había buscado exhibir orden interno y disciplina discursiva en torno a la austeridad.

La defensa oficial tuvo un doble movimiento. Por un lado, Javier Milei y Karina Milei buscaron blindar políticamente a Adorni en redes sociales. Por otro, distintos funcionarios y dirigentes libertarios salieron a denunciar una “operación” opositora. El problema para el Gobierno es que el caso pega en una zona delicada: no se trata de una discusión técnica de gestión sino de un tema directamente asociado a la legitimidad del ajuste. En una administración que construyó buena parte de su identidad pública sobre la denuncia de privilegios estatales, cualquier excepción se convierte en un costo político mayor.

La gravedad del episodio aumentó además porque la Justicia ya abrió una investigación sobre los viajes del jefe de Gabinete. Ese paso judicial le da otra densidad a un conflicto que, en principio, había comenzado como un escándalo mediático. A la vez, el caso se cruza con otro dato sensible: la gira en Estados Unidos había sido presentada por el oficialismo como una misión orientada a reforzar la agenda de inversiones y negocios del país, pero terminó parcialmente eclipsada por una polémica que devuelve a la escena pública la discusión sobre transparencia y ética en el ejercicio del poder.

Más allá del desenlace judicial, el episodio deja expuesta una tensión cada vez más visible en el oficialismo. El Gobierno intenta sostener un discurso de rigor y ejemplaridad mientras enfrenta situaciones que erosionan esa narrativa desde adentro. El respaldo de Karina Milei buscó enviar una señal de cohesión y clausura del debate interno.

Sin embargo, la sucesión de revelaciones, la circulación de imágenes y la intervención judicial indican que el caso difícilmente quede cerrado sólo con un mensaje político.