En la apertura de sesiones bonaerenses, Axel Kicillof endureció su confrontación con Javier Milei, denunció un “plan de destrucción masiva” del entramado productivo y pidió “cambiar el rumbo nacional”. El mensaje combinó datos económicos, memoria democrática y una convocatoria política con proyección federal.
La escena fue nítida y deliberada: Axel Kicillof usó la Asamblea Legislativa de la provincia de Buenos Aires para correrse del formato meramente administrativo y hablarle al país. No fue solo una rendición de cuentas provincial. Fue una intervención nacional, diseñada para instalar una contracara del modelo libertario y, en ese movimiento, empezar a ordenar el tablero de la oposición hacia 2027.
En el núcleo del discurso, el gobernador apuntó contra lo que definió como un “laboratorio de la derecha extrema” basado en el odio, el insulto y la humillación como método político. Y sostuvo que ese clima se articula con un programa económico que “genera exclusión, desigualdad” y “vacía de contenido social a la democracia”.
Pero el punto más punzante fue económico y productivo. Kicillof habló de “estanflación” y denunció “un verdadero plan de destrucción masiva de la industria nacional”, con una frase que condensó su diagnóstico: “las empresas caen como moscas”.
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Eje productivo: denunció “destrucción masiva” de la industria y describió un cuadro de cierres, despidos y caída del entramado pyme.
En esa línea, enumeró consecuencias sociales del rumbo económico: despidos, salarios que no alcanzan, endeudamiento de hogares, cierres de empresas y jubilaciones deterioradas. La discusión, para Kicillof, no es un ajuste más: es una disputa por el tipo de país. “Este no es ‘un ajuste más’: es una disputa por el tipo de país que aspiramos a ser”, planteó según la crónica de elDiarioAR.
También eligió un marco histórico: el 50° aniversario del último golpe militar. La memoria no apareció como un recurso ornamental, sino como advertencia política: el gobernador remarcó que aquel quiebre institucional “fue también un proyecto económico” y llamó a no naturalizar “la violencia” ni “la resignación”. En el mismo tramo dedicó un reconocimiento explícito a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Una consigna para disputar sentido
El cierre buscó impacto, circulación y síntesis. “Argentina, no sos vos. ¡Es Milei!”, dijo Kicillof, después de describir un mecanismo que —según su mirada— intenta culpar a las víctimas del ajuste: al despedido, al comerciante que baja la persiana, al pyme que no aguanta, al jubilado que se hunde.
No fue casual: la consigna saltó rápido a redes y piezas militantes, reforzando el objetivo de convertir un discurso institucional en una idea-fuerza repetible.
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Proyección 2027: llamó a “construir una alternativa” “federal” y remarcó: “Hay otro camino”.
El mensaje político: oposición “federal” y 2027 en el horizonte
Más allá de la denuncia, Kicillof intentó ordenar una propuesta: “cambiar el rumbo nacional” y “construir una alternativa productiva, federal y bien nacional” con horizonte 2027. “Hay otro camino”, insistió, en una apelación que buscó exceder al peronismo bonaerense y convocar a un armado más amplio.
La crónica de Letra P leyó el movimiento como una “confrontación total” con la Casa Rosada y un posicionamiento explícito como antítesis de Milei, con un dato político que también habló por omisión: el discurso evitó meterse en rencillas internas del peronismo y buscó un tono de construcción nacional.
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Consigna de época: “Argentina, no sos vos. ¡Es Milei!” como síntesis para disputar sentido común en crisis.
Ninguna adversidad va a modificar el rumbo que elegimos transitar desde el primer día: el de las obras, la educación, la salud, la seguridad, la producción y los derechos para que el pueblo bonaerense pueda tener un presente y un futuro con más dignidad. pic.twitter.com/5fgcWgSed3
— Axel Kicillof (@Kicillofok) March 2, 2026
Con un país atravesado por recesión, conflictividad social y una política que se radicaliza en el lenguaje, Kicillof eligió salir del molde provincial para disputar el centro de la escena nacional. No ofreció solo gestión: ofreció una lectura del presente y un marco interpretativo —democracia, producción, federalismo— para discutir el futuro. La apuesta es clara: convertir el rechazo al modelo libertario en una alternativa política. Y hacerlo, desde ahora, con una consigna simple para tiempos ásperos: si la Argentina no llega, no es culpa de la gente; es Milei.
