El Castillo de Cañuelas inicia una nueva etapa tras la aprobación de su expropiación

La ex fábrica Finaco, conocida como el Castillo de Cañuelas, será un polo judicial para la región.


Después de décadas marcadas por el abandono y el deterioro, el emblemático Castillo de Cañuelas comienza a transitar una etapa decisiva de transformación. Ubicado en un punto estratégico, en la intersección de las rutas nacionales 3 y 205, el histórico edificio pasará a manos del Gobierno provincial luego de que la Legislatura de la provincia de Buenos Aires aprobara su expropiación. La medida busca rescatar una de las postales más reconocidas del acceso a la ciudad y poner fin a un prolongado proceso de degradación que amenazaba con la pérdida definitiva del inmueble.

El Castillo, que albergó originalmente a la fábrica de productos deshidratados Finaco, es mucho más que una imponente estructura de cemento: forma parte de la memoria colectiva de Cañuelas. A lo largo de su historia atravesó expropiaciones, quiebras empresariales y múltiples intentos de reconversión que nunca lograron consolidarse. Desde boliche bailable y restaurante hasta proyectos culturales que no prosperaron, el edificio terminó convertido en una ruina histórica, pese a conservar una notable solidez estructural.

Con la nueva normativa, se abre una oportunidad concreta para su refuncionalización. El predio cuenta con casi 4.900 metros cuadrados y será destinado a unificar en un solo espacio diversas dependencias públicas que hoy funcionan de manera dispersa. Allí se prevé la instalación del Juzgado de Garantías N.º 8, las Fiscalías Descentralizadas N.º 1 y 2, además de áreas vinculadas a seguridad y tránsito, lo que permitirá agilizar trámites y mejorar el acceso a servicios para los vecinos de Cañuelas y localidades cercanas.

El castillo de Cañuelas

El proyecto de ley fue impulsado por la diputada provincial Ayelén Itatí Rasquetti, con el acompañamiento de la intendenta Marisa Fassi y la senadora Sofía Vannelli, y logró amplio consenso parlamentario. Tras su sanción, se abre ahora un plazo de 120 días para que el Poder Ejecutivo reglamente la ley. Luego se iniciará el juicio de expropiación, en el que se determinará la indemnización a los actuales propietarios, estimada en alrededor de cuatro millones de dólares.

La historia del Castillo se remonta a fines de la década de 1920, cuando el industrial francés Gustave Artaux comenzó su construcción. En 1932 inauguró allí la firma Finaco, que alcanzó su apogeo durante la Segunda Guerra Mundial, con unos 400 empleados dedicados a la producción de huevo deshidratado, leche en polvo y el recordado alimento “Yumil”, destinados mayormente a la exportación. El edificio fue una obra de vanguardia para su tiempo y el primero de la ciudad en contar con ascensor.

Durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón fue expropiado por primera vez y luego pasó a manos de la empresa IMFASA, dedicada a la producción de material fotográfico y radiográfico, que quebró a fines de los años sesenta. Desde la década de 1980, bajo propiedad privada, el Castillo acumuló usos efímeros y proyectos truncos. La reciente aprobación de la expropiación busca, finalmente, devolverle un rol activo en la vida institucional y urbana de Cañuelas.