Con viento de cola, ¿por qué no baja más la inflación?

El periodista económico Alfredo Zaiat en su columna en Futuro Rock,  puso el foco en una contradicción del relato oficial: el Gobierno transitó meses con factores externos relativamente favorables —mejor desempeño del agro, alivio financiero internacional y un aporte creciente del sector energético al saldo comercial— pero la desinflación no termina de consolidarse al ritmo prometido. La pregunta, dijo, es simple y políticamente explosiva: “¿la tasa de desinflación dónde está?”.


Las declaraciones de Alfredo Zaiat vuelven a instalar una discusión incómoda para el Gobierno de Javier Milei: si el frente externo no estuvo marcado por shocks negativos, ¿por qué el proceso de desinflación luce frágil y errático? En un mensaje difundido en redes, el periodista sintetizó su idea con una comparación directa: Milei habría contado con “shocks positivos externos” (y no negativos, como los que afectaron al gobierno anterior) y, aun así, la inflación no cae con la consistencia prometida.

La interpelación llega en un momento sensible. El último dato oficial disponible del IPC (enero 2026) mostró una suba mensual de 2,9% y una variación interanual de 32,4%, con Alimentos y bebidas no alcohólicas encabezando los aumentos del mes (4,7%). A la vez, distintas mediciones privadas anticipan para febrero un registro entre 2,5% y 3%, empujado por alimentos y otros rubros esenciales, lo que refuerza la idea de que la desaceleración no está “asegurada” por el solo ajuste fiscal y monetario.

El “viento de cola” que describe Zaiat

En el planteo de Zaiat, el punto no es negar que haya habido una baja frente a los picos de 2023/2024, sino discutir la velocidad y la solidez del proceso. Para eso, enumera variables que, en teoría, deberían ayudar: mejor dinámica del agro, un contexto financiero internacional menos hostil y, sobre todo, el factor energía.

Y ahí aparecen datos duros: en enero de 2026, la balanza comercial energética registró un superávit de US$ 618 millones y explicó una porción relevante del saldo comercial total, impulsada por volúmenes vinculados a Vaca Muerta. Si el sector energético aporta divisas y alivia la restricción externa —al menos parcialmente—, la pregunta por la inflación vuelve a desplazarse hacia adentro.

Por qué la inflación puede “resistir” aun con anclas

Hay una lectura que se impone en buena parte del debate: aun con cierta estabilidad cambiaria y disciplina fiscal, Argentina arrastra mecanismos inerciales difíciles de desarmar. Los datos de enero muestran un rasgo típico: la inflación se recalienta en los rubros más cotidianos (alimentos), mientras otros se mueven menos. Esa combinación tiene impacto político inmediato: la inflación “promedio” puede bajar, pero la percepción social empeora si el golpe se concentra en la mesa.

A eso se suma otra tensión: consultoras y medios especializados vienen señalando que, pese al “dólar planchado” como estrategia, aparecen presiones en distintos sectores y el consumo no termina de repuntar, lo que complejiza el cuadro porque mezcla inflación relativamente alta con economía real fría.

En el fondo, Zaiat plantea una disputa por el diagnóstico. Si el oficialismo atribuye la inflación casi exclusivamente a la emisión y apuesta a que el ajuste “la mata”, el hecho de que el IPC siga cerca del 3% mensual en la antesala de marzo reabre la discusión sobre precios regulados, márgenes en mercados concentrados, costos logísticos y comportamientos de remarcación que no dependen linealmente del déficit fiscal.

¿La tasa de desinflación dónde está?

La frase de Zaiat  no funciona solo como consigna: es un recordatorio de que el Gobierno no compite contra economistas, compite contra la vida cotidiana. Con el IPC de enero en 2,9% y alimentos liderando las subas, el “éxito” macro pierde capacidad de persuadir cuando el salario y el consumo no acompañan. En ese escenario, el oficialismo enfrenta un dilema: sostener el esquema de anclas y disciplina aunque la desinflación se amesete, o intervenir más (directa o indirectamente) sobre los factores que empujan precios, aun si eso contradice su narrativa. Porque, con viento de cola energético  y sin peligro de un shock externo devastador a la vista, la inflación  persistente empieza a ser lastre en el relato gubernamental.  

Redaccion Data Política y Económica