El último que apague la luz

 

Mientras Milei promete en Washington un riesgo país por debajo de los 100 puntos, el indicador vuelve a superar los 600. Para 2027 vencen unos USD 25.000 millones y, según Marina Dal Poggetto, faltan 23.300 millones para pagarlos. Los Bonares están suspendidos, Wall Street quedó descartada y los fondos empiezan a desarmar posiciones. El dólar está quieto pero el mercado de deuda ya empezó a votar.

Redaccion Data Politica y Economica

El jueves por la mañana, Javier Milei habló ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en Washington. Aseguró que el riesgo país sigue bajando y que en 2027 estará por debajo de los 100 puntos. «En 30 meses estamos reparando los daños de 100 años», dijo. Mientras hablaba, el índice tocaba en las pantallas los 640 puntos, su nivel más alto desde el 2 de octubre. Cerró la rueda en 622.

La distancia entre el atril y la pantalla resume el momento. El 6 de julio, tras la presentación del programa financiero de Luis Caputo, el riesgo país cerró en 408 puntos, el mínimo de la gestión. Desde entonces subió más de 200, y lo que pasa afuera ya no alcanza para explicarlo.

Cuánto pesa Wall Street y cuánto pesa la Argentina

El Gobierno culpa a las tasas internacionales, y en parte tiene razón. Según Dhalmore Capital, desde agosto el rendimiento del bono del Tesoro norteamericano a diez años subió 62 puntos básicos, hasta 5,24%. La misma consultora hizo la cuenta que el discurso oficial prefiere evitar. De los 209 puntos que aumentó el spread argentino, apenas 81 responden a factores globales; los 128 restantes, el 61%, son riesgo propio del país.

La comparación regional confirma ese diagnóstico. Lorenzo Delhon, de Mills Capital, calculó que la prima que paga la Argentina por encima del promedio latinoamericano pasó de 150 a más de 400 puntos en dos meses. «Esos 250 puntos adicionales son exclusivamente riesgo argentino», sostuvo. Entre las causas enumera las reservas, el financiamiento de 2027 y la incertidumbre electoral. Los bonos más largos (AL35, AE38 y AL41) ya rinden por encima del 12% anual.

La cuenta que no cierra

La suba de las tasas se entiende mejor con el calendario de vencimientos en la mano. Según LCG, el primer golpe llega en enero, con USD 4.500 millones para los tenedores de Globales y Bonares. Es el comienzo de un año en el que vencen USD 25.400 millones. La consultora advierte además que el Tesoro tiene apenas USD 1.300 millones depositados en el Banco Central. Si se toma el período que va de julio de 2026 a diciembre de 2027, los pagos suman casi USD 27.000 millones.

En junio, el programa financiero oficial prometía cubrir todo sin volver a Wall Street. Marina Dal Poggetto, directora de EcoGo, rehízo esa cuenta en un informe para el IAE Business School. Con los supuestos de entonces, el Tesoro y el Banco Central debían comprar USD 9.300 millones para cerrar el bache de 2027: 4.900 millones el Tesoro y 4.400 millones el Central, destinados a los BOPREAL.

Los supuestos cambiaron. El año arrancará sin los USD 3.700 millones de caja que se esperaban, las tasas complican cualquier colocación en el mercado local y el Presupuesto 2027 modificó las cifras de financiamiento de organismos internacionales. Con esos datos, Dal Poggetto concluye que el faltante trepa a USD 23.300 millones. Y la estimación es benévola, porque no incluye los vencimientos de enero de 2028 y supone que el repo con los bancos no se desarma.


  • Según Marina Dal Poggetto, el bache de dólares para 2027 asciende a USD 23.300 millones.

La consultora 1816 había llegado a un resultado parecido en julio. Sumados la caja del Tesoro, las garantías internacionales y la renovación probable de los repos, el país contaba con USD 13.100 millones y le faltaban 17.600 millones para cubrir los vencimientos hasta diciembre de 2027. Desde entonces, el escenario empeoró.

El plan B sin plan

El instrumento que debía tapar buena parte de ese agujero dejó de funcionar. La idea era captar en la plaza local los dólares de los ahorristas mediante nuevas emisiones de Bonares. El Bonar 2029 llegó a rendir cerca del 13,4%, casi cinco puntos más que en la colocación de agosto, y Finanzas dejó de ofrecerlo. A principios de octubre, en reuniones en Buenos Aires con fondos del exterior organizadas por sociedades de bolsa y Barclays, el equipo de Caputo comunicó que no saldrá a los mercados internacionales y que los Bonares quedan suspendidos por ahora. Para 2027, el programa contaba con USD 5.000 millones provenientes de esos títulos.

El equipo de research del Banco Galicia advirtió que, si las tasas no bajan, el mercado empezará a preguntar por las fuentes alternativas de financiamiento que menciona el Gobierno. Por ahora nadie las detalló. Dal Poggetto suma otra señal. La tasa implícita entre el AO27, que vence en octubre de 2027, y el AO28, que vence en noviembre de 2028, pasó del 11% a mediados de julio al 20% actual. Prestarle al Estado por el año que sigue a la elección cuesta casi el doble que hace tres meses.

El AO27, el bono con el que el Gobierno salió a buscar los dólares del colchón, vence cinco días después de la primera vuelta presidencial. Y el problema no termina en las urnas. Quien asuma el 10 de diciembre de 2027 deberá afrontar ese mismo mes vencimientos en pesos por al menos $27,6 billones.

La recomendación que incomoda

En ese clima empezaron a circular informes que la Casa Rosada preferiría no leer. Fortress Capital recomendó a sus clientes conservadores y moderados aprovechar cada baja del riesgo país para desprenderse gradualmente de los bonos soberanos y rotar hacia obligaciones negociables de empresas argentinas con vencimientos entre 2027 y 2028. Según un relevamiento de Avantia Valores citado por La Política Online, los soberanos largos rinden cerca del 11% anual en dólares, mientras que las obligaciones negociables de buenas compañías pagan entre 6% y 7,5%. En la Argentina de hoy, una empresa privada se financia más barato que el Estado.

Grit Capital Group pasó tres días reunido con fondos en Nueva York. Relató que primero salieron hedge funds globales y fondos de «real money», y después inversores locales, algunos con pérdidas. La liquidez de la deuda argentina, que antes era una virtud, se volvió un problema; para Grit, convierte a los bonos en un «cajero automático» al que se acude cuando hay turbulencia. Los administradores de cartera, según la consultora, pierden la fe en un esquema monetario que baja la inflación a un costo muy alto para los hogares.

La «bazooka» y la letra chica

La respuesta oficial fue la «bazooka». Caputo la cuantificó en USD 75.000 millones: 20.000 millones de compras de reservas en 2026, otros 20.000 millones del swap con China, 20.000 millones del swap con Estados Unidos y 15.000 millones de margen en el mercado de futuros. Dal Poggetto registra el giro del discurso. En junio se hablaba de un programa financiero cerrado; ahora se exhibe un arsenal en el que la línea de liquidez con Washington ocupa un lugar central.

La propia EcoGo relativiza la cifra. De lo que compró el Central, la acumulación neta apenas supera los USD 8.000 millones una vez descontadas las ventas al Tesoro, y solo 8.000 millones del swap chino son de libre disponibilidad. Las compras, además, perdieron ritmo: USD 2.200 millones en julio, 770 millones en agosto y 470 millones en septiembre. Fernando Marull ubica el piso de demanda de divisas para 2027 en USD 30.000 millones; Carlos Melconian lo lleva a 35.000 millones. A eso hay que sumarle el bache de la deuda. La «bazooka» disuade mientras nadie la pone a prueba.

Un dólar quieto con seguro estatal

Hoy el frente cambiario no muestra señales de alarma. El mayorista cerró en $1.513, unos $422 por debajo del techo de la banda, el Central compró USD 182 millones el jueves y las reservas brutas superan los USD 50.000 millones. Pero la calma tiene un sostén. Hace un año, en la previa de las legislativas, el Banco Central llegó a tener USD 6.875 millones vendidos en futuros, el nivel más alto desde 2016. Hoy esa posición es mínima, apenas USD 278 millones a fines de agosto. La herramienta que la reemplazó son los títulos atados al dólar. Según PPI, la cobertura cambiaria que entregó el sector público llegó a USD 11.600 millones en julio y seguía en 10.050 millones en agosto. Si el dólar salta, el Tesoro tendrá que pagar esos títulos con más pesos, que terminarán presionando sobre la misma divisa que se quiso contener.

Esto no es 2018, aunque el orden de los acontecimientos se parece. Aquel año, el mercado de deuda se cerró meses antes de que corriera el dólar, y la corrida fue la consecuencia. Primero se van los acreedores de largo plazo; después, el resto.

La economía que no arranca

La estabilidad también tiene costo en la economía real. Dal Poggetto calcula que desde las elecciones de octubre de 2025 el dólar oficial subió apenas 5%, mientras que los precios medidos en dólares aumentaron 22%, y 28% en el caso de los servicios. Esa brecha comprime los márgenes de las empresas formales que no gozan de los beneficios del RIGI. Según el Centro RA de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en junio la actividad desestacionalizada seguía 1,1% por debajo de diciembre de 2025. Para que el dólar no se mueva, el Tesoro continúa retirando pesos del mercado, y en la última licitación renovó el 136% de los vencimientos. Grit describe el círculo: una política monetaria demasiado restrictiva frena la actividad, la actividad débil alimenta las dudas sobre la reelección y esas dudas empujan el riesgo país.

Ahí está el nudo que el relato oficial no logra desatar. La Argentina vuelve a chocar con su límite de siempre, la escasez de divisas, ahora agravada por un dólar barato. Lo que generan el agro, la energía y la minería no alcanza para pagar USD 25.000 millones de deuda y, a la vez, abastecer a los ahorristas que se dolarizan antes de cada elección. Sin crédito y sin nuevos bonos, la deuda termina pagándose con reservas, las mismas que sostienen el valor del peso.

¿Quién apaga la luz?

Nadie anuncia todavía una crisis cambiaria. Lo que se observa es una retirada ordenada de quienes tienen más información y más margen para moverse. Los fondos acortan plazos, cambian deuda soberana por corporativa y usan cada repunte para vender. Las crisis argentinas suelen empezar así, mucho antes de reflejarse en la cotización del dólar.

Milei promete un riesgo país de dos cifras. El mercado exige que el Estado pague casi el doble que una empresa privada para endeudarse, y una economista con datos públicos calcula que faltan USD 23.300 millones para honrar los vencimientos de 2027. En el medio quedan un año electoral, unos Bonares en pausa y una «bazooka» armada en buena parte con dólares prestados. Los inversores profesionales ya están reduciendo posiciones. El resto suele enterarse tarde.

 

AM

 


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