El exministro santafesino Cristian Desideri describió una crisis industrial distinta de las anteriores, donde se cruzan un cambio tecnológico global, nuevas formas de empresa y una apertura sin brújula. Los datos respaldan el núcleo del diagnóstico; algunas cifras piden matices.
El viernes 26 de septiembre la planta de Electrolux en el barrio Las Delicias, en Rosario, dejó de fabricar. La multinacional sueca, que vende en el país desde hace un siglo, comunicó que abastecerá al mercado argentino íntegramente con importaciones y que el predio quedará como centro logístico. El apoderado de la UOM Rosario, Pablo Cerrá, contó que la empresa envió unos 200 telegramas de despido sin aviso previo al gremio ni a los trabajadores. Dos semanas después, en el programa 52 minutos que conduce Fabricio Navone, el exministro de Producción de Santa Fe Cristian Desideri tomó ese cierre como punto de partida y resumió el ciclo en una frase seca: “Milei implosionó todo”.

La entrevista, publicada el 9 de octubre, merece una lectura más larga que su título. Desideri plantea una hipótesis sobre por qué esta desindustrialización tiene otra naturaleza que las de 1976, los noventa o 2018, recorre eslabones concretos del tejido productivo del sur santafesino y cierra con una propuesta de concertación a diez años. Vale la pena ponerla a prueba con los números disponibles.
Tres fuerzas sobre un tejido desprotegido
El núcleo del planteo es la convergencia de tres procesos. El primero es un cambio tecnológico global que destruye empleo en los países desarrollados por algo más amplio que la inteligencia artificial, un sistema de tecnologías que interactúan y desplazan trabajadores que no logran reinsertarse con rapidez. El segundo es la mutación del tipo de empresa; Desideri recurre a la siderurgia pensada por el general Savio para mostrar que aquel modelo de gran planta integrada ya no existe en ningún lugar del mundo. El tercero es generacional, con conducciones empresarias más jóvenes y horizontes de rentabilidad cortos.
Sobre esa base, según el exministro, operan tres decisiones locales: ausencia de política industrial, dólar atrasado y apertura indiscriminada. La secuencia importa. Una economía con estructura productiva desequilibrada (un agro y una energía de alta productividad junto a una industria que necesita escala, crédito y tiempo para aprender) no resiste mucho tiempo un tipo de cambio fijado a la medida de los sectores más competitivos. Cuando la apreciación coincide con la apertura y con un proveedor global que produce con subsidios y escala inédita, la manufactura local pierde por las dos puntas, en el precio de venta y en el costo de reponer su capital.
La tercera fuerza es la más discutible del razonamiento. Atribuir a una generación de empresarios “hijos de la posmodernidad” una visión cortoplacista tiene más de impresión que de evidencia, y corre el riesgo de llevar a la psicología lo que en la Argentina suele explicarse por incentivos. Con cinco décadas de volatilidad macroeconómica, el horizonte corto es una respuesta racional antes que un rasgo cultural. El propio Desideri lo admite más adelante, cuando habla de las secuelas que dejaron los años de inflación alta.
Del chasis brasileño al tornero del barrio
El ejemplo que elige para bajar el diagnóstico a tierra es la industria carrocera de Villa Gobernador Gálvez y su región, especializada en micros de media y larga distancia y en minibuses escolares. Desideri calcula entre 50 y 60 empresas proveedoras de las terminales, muchas de ellas talleres y tornerías que fabrican piezas. Su descripción tiene la forma de una cadena que se corta de atrás hacia adelante. Los chasis y motores llegan mayoritariamente de Brasil; los proveedores locales pierden participación en cada unidad; los operadores no consiguen crédito para renovar flota y la mano de obra incorporada a cada colectivo se achica.
La conversación tocó un punto de política pública que ya tiene expresión formal. En julio, el Decreto 654/2026 extendió hasta el 31 de diciembre la habilitación de 559 colectivos modelo 2012 de jurisdicción nacional, más allá del límite de diez años que fija la Ley de Tránsito, con revisiones técnicas cada tres meses como condición. La CNRT sostuvo que esas unidades no alteran de manera significativa la antigüedad promedio del parque, y en Diputados hay legisladores que impulsan volver permanente la excepción. Para un operador sin crédito, la prórroga es un alivio. Para la terminal carrocera y su red de proveedores es demanda que se posterga, y Desideri advierte que una extensión de ese tipo profundizaría la caída de pedidos.
El otro frente es tecnológico. China facilita la llegada de unidades eléctricas mientras el país dispone, en Vaca Muerta, de gas suficiente para sostener una flota a GNC con proveedores locales. La discusión entre electricidad y gas, con apariencia de debate técnico, define quién fabricará la próxima generación de colectivos argentinos.
“Milei implosionó todo y permitió que llegara lo importado, y empezamos a competir en condiciones totalmente desfavorables”— Cristian Desideri,
Lo que confirman los números
El diagnóstico general encuentra respaldo en la estadística oficial. Según el INDEC, el índice de producción industrial manufacturero cayó 3,2% interanual en agosto y acumula una baja de 2,7% en los primeros ocho meses del año; once de las dieciséis divisiones de la industria mostraron retrocesos. El rebote mensual de 1,9% llegó después de un desplome de 5% en julio, y la serie tendencia-ciclo siguió en terreno negativo.
En línea blanca, el caso Electrolux cierra un proceso de casi un año. En enero se apagó la línea de cocinas, en mayo Frimetal (la ex Gafa, que ensamblaba para la marca) dejó de producir heladeras y en septiembre cerró la planta entera. Whirlpool ya había cerrado su fábrica de Pilar, que tenía apenas tres años de funcionamiento. Cerrá estima que desde 2024 Rosario perdió unos 3.000 puestos industriales.
En maquinaria agrícola el cuadro requiere más precisión que la ofrecida en la entrevista. Desideri afirmó que tractores y cosechadoras chinos ya encabezan el ranking de ventas. Los registros de ACARA procesados por Bichos de Campo muestran otra cosa en cosechadoras: entre enero y septiembre se patentaron 640 unidades, 12,5% más que en 2025, con John Deere en casi la mitad del mercado y Case y New Holland con otro 42,6%. En tractores, en cambio, el avance es inocultable. El renglón “Otros”, donde pesan sobre todo marcas chinas, pasó de 320 a 758 unidades en un año (un salto de 136,9%) y explica el 19% de los patentamientos, por encima de cada marca individual salvo la líder. En agosto llegó a ubicarse segundo en el mes, con 24,4% del mercado. Esos registros subestiman el fenómeno porque muchos tractores chicos no requieren patente, y la oferta asiática empieza a subir de potencia, como mostró un Sinomach de 220 caballos exhibido en Agroactiva.
Del lado nacional el saldo es crítico. Pauny, la tractorera cordobesa, retrocedió 28% en el acumulado; Metalfor registró pérdidas y encara una reestructuración; la planta de Vassalli en Firmat sigue sin recuperar sus turnos tras cambiar de manos. La advertencia de Desideri es correcta en la dirección y prematura en el alcance. La cosechadora de gran porte todavía resiste; el tractor ya cedió terreno.
China, en su escala real
Las cifras globales que citó el exministro también conviene ponerlas en su lugar. Desideri dijo que China aspira a concentrar en 2030 la mitad de la producción mundial de bienes y servicios y que hoy está en 35%. La proyección disponible en los organismos especializados es más acotada y, aun así, impresionante. Según un informe de la ONUDI, distintas fuentes ubican la participación china en el valor agregado manufacturero mundial entre 26% y 30%, y el organismo estima que podría llegar a 45% en 2030. El dato se refiere a la manufactura; en el conjunto de bienes y servicios el peso chino es mucho menor.
Con los subsidios ocurre algo parecido. El 60% que mencionó carece de una fuente identificable, aunque el sentido de la afirmación está documentado. Un estudio del Instituto Kiel para la Economía Mundial encontró que más del 99% de las empresas chinas que cotizan en bolsa recibió subsidios directos del Estado en 2022, y estimó con criterio conservador que la ayuda industrial equivalía en 2019 a 1,73% del PBI, al menos tres o cuatro veces más que en las grandes economías europeas. La cifra sobre ingenieros (un millón y medio de graduados por año, equivalente al resto del mundo) circula con frecuencia en el debate público y conviene tomarla como orden de magnitud más que como estadística cerrada.
Las imprecisiones no debilitan el argumento central, aunque obligan a formularlo mejor. El problema argentino es enfrentar, con un tipo de cambio apreciado y sin instrumentos de defensa comercial activos, a un competidor que combina escala, subsidios y aprendizaje tecnológico acelerado. Ni Estados Unidos, con aranceles y barreras paraarancelarias, consiguió frenarlo, como recordó el propio Desideri.
El gas que no llega a la fábrica
Uno de los pasajes más sólidos de la entrevista se refiere a los recursos naturales. Desideri observa que la agenda energética oficial se concentra en infraestructura para exportar gas, comprimido o licuado, y que no aparecen proyectos de fertilizantes ni de petroquímica. Según su cálculo, agregar valor a esos recursos podría multiplicar por cuatro o cinco la actividad económica asociada. La cifra es una estimación del entrevistado, pero la lógica tiene una larga historia en la economía argentina: exportar el insumo y comprar el producto elaborado traslada afuera el empleo, el aprendizaje y la renta tecnológica.
El caso del gasoducto lo ilustra. Navone recordó al aire el tramo pendiente del ex Gasoducto Néstor Kirchner, rebautizado Perito Moreno por el actual gobierno, y Desideri coincidió en su importancia. La segunda etapa debía extenderse unos 524 kilómetros desde Salliqueló hasta San Jerónimo Sud, en Santa Fe; un proyecto de resolución presentado en Diputados consigna que a julio de 2026 la obra seguía pendiente. El Ejecutivo optó por ampliar el primer tramo mediante una iniciativa privada de unos 700 millones de dólares, que suma 14 millones de metros cúbicos diarios y fue presentada como alternativa más barata que el tramo II, estimado en unos 2.000 millones. La decisión puede tener lógica fiscal de corto plazo. Deja, sin embargo, a la región sin el gas que permitiría pensar en urea y otros fertilizantes en el corazón de la zona triguera y maicera del país.
“Si hablabas con fabricantes de cosechadoras hace cinco años, te decían que no sería posible. Bueno, el futuro llegó y van por más” — Cristian Desideri
Empresarios anfibios
El retrato del empresariado es otro aporte valioso. Desideri distingue tres actitudes frente al programa económico. Están quienes lo respaldan aunque pierdan patrimonio, convencidos de que hay que consolidarlo; están los que intentan adaptarse a lo que venga, a quienes llama “empresarios anfibios”; y están los que sostienen que sin mercado interno, producción y empleo nacional no hay salida. La fragmentación ayuda a entender por qué el cierre de una planta centenaria no provoca una reacción corporativa a la altura del hecho.
El exministro agrega un matiz que el discurso opositor suele omitir. Reconoce que los años de inflación alta dejaron costos de reposición desconocidos, puntos de equilibrio ficticios y un régimen de importación sujeto a la arbitrariedad de la Aduana y de la Secretaría de Comercio. Sobre ese terreno distorsionado, dice, el gobierno implosionó todo y abrió la puerta a lo importado. La imagen es precisa. El problema del esquema anterior era real; la respuesta elegida fue demoler la estructura en lugar de reordenarla.
Una hoja de ruta con condiciones
La propuesta final es una concertación con horizonte de diez años, con plazo para investigar, innovar y modernizar la gestión a cambio de que las empresas no vuelvan a pedir auxilio al Estado al terminar el período. Desideri cita la reconversión del País Vasco en los años ochenta como antecedente y admite que el mundo de hoy es otro. La fórmula tiene un mérito poco frecuente en el debate argentino porque pone condiciones del lado empresario, en la línea de los esquemas de protección temporaria con metas de desempeño que aplicaron las economías del este asiático.
Lo que la entrevista deja abierto es el cómo. Una hoja de ruta de esa duración necesita instrumentos que hoy no existen o fueron desmantelados: financiamiento de largo plazo para renovar equipos, compras públicas orientadas al proveedor local (la carrocería de colectivos es un caso evidente), defensa comercial efectiva frente al dumping, programas de desarrollo de proveedores en las cadenas energéticas y un tipo de cambio que no castigue de forma sistemática a los sectores que más empleo generan. También necesita actores dispuestos a firmarla, y el diagnóstico del propio Desideri sobre la fragmentación empresaria sugiere que ese es el eslabón más débil.
Mientras tanto, la planta de Las Delicias funciona como depósito de heladeras importadas. Es una imagen exacta de la etapa. El galpón sigue en pie, la marca sigue en las vidrieras y lo que desaparece es el trabajo que había en el medio.
¿QUIÉN ES CRISTIAN DESIDERI?
Ingeniero industrial y docente. Fue ministro de la Producción de Santa Fe durante el gobierno de Jorge Obeid; al comienzo de esa gestión tuvo a su cargo el Ente Administrador Puerto Rosario (ENAPRO), al que buscó darle un perfil técnico ligado estrictamente a la actividad portuaria, con recorte de contratos y de gastos.
Coordina, junto con Antonio Gallego Pérez, el Foro de Reflexión, un espacio de análisis y propuestas sobre el desarrollo productivo argentino que funciona sin interrupciones desde 1998.
Escribe en El Cohete a la Luna y en Coyunturas. Sostiene que el problema estructural del país es la escasa transformación de sus recursos, propone un “Plan Marshall productivo” con anclaje federal y viene advirtiendo sobre el cierre de plantas en el cordón industrial del sur santafesino.
