Entre el cielo y el infierno

Con el riesgo país en su máximo de los últimos once meses, el Gobierno culpó al miedo a «volver al pasado» mientras la actividad cae, el empleo se degrada y las reservas dejan de crecer. En París ofreció yacimientos, campings y pasaportes; en Mar del Plata, los empresarios aplaudieron las reformas mientras postergan las inversiones.

Por Antonio Muñiz


El ministro de Economía grabó su mensaje para los empresarios en un salón del Palacio de Hacienda decorado con una imagen de la Virgen de Luján. La entrevista se registró con anterioridad, en diálogo con el presidente del coloquio de IDEA, Fabián Kon, CEO del Grupo Financiero Galicia, porque Luis Caputo estaba en París. Desde ese escenario, con la patrona a sus espaldas, el funcionario explicó la suba del riesgo país con una figura teológica: la atribuyó en gran parte al «temor a volver al infierno» que existiría en la previa de las elecciones de 2027 y a un «shock externo bastante brutal».

Ese mismo viernes el indicador que elabora JP Morgan cerró en 650 puntos básicos, el valor más alto desde principios de noviembre. En el último mes pasó de 500 a 650 puntos, y conviene recordar desde dónde cayó. En junio, tras la mejora de la calificación de S&P, el índice había retrocedido hasta 443 puntos, la marca mínima de la administración libertaria. Lo que el gobierno exhibia como trofeo se evaporo en poco más de cien días.

Coloquio IDEA, EN VIVO: "No queremos saber nada con esta mujer", la alusión de Luis Caputo

La aritmética del miedo

Caputo sostuvo que la suba responde en partes iguales al escenario internacional y a factores locales, y en el componente doméstico ubicó a los inversores que temen un regreso al pasado. Al mismo auditorio le reservó un adjetivo para quienes reclaman una devaluación del tipo de cambio; los llamó «momias».

La explicación tiene un problema de calendario. El viernes 25 de septiembre el riesgo país saltó sin coartada externa. Esa rueda fue buena a nivel global y el castigo se concentró en la Argentina; el indicador subió 5,2% y cerró en 609 puntos, con la caída extendida a toda la curva de bonos. Los operadores señalaron entonces tres factores locales: la caída de 2,9% del EMAE en julio, una gira por Nueva York en la que Caputo no aclaró cómo cubrirá los vencimientos del año próximo (estimados en el mercado en USD 27.000 millones) y la entrevista de Milei con Bloomberg. Ninguno de los tres puede ser cargado a la cuenta de la oposicion y menos al «anticristo» Axel Kicillof.

En el mundo financiero tampoco hay unanimidad sobre la mitad «externa». Analistas de GMC Valores vinculan la suba al contexto internacional, pero también a la falta de recuperación del consumo y a su efecto sobre las presidenciales. Marcelo Lipovetzky habla de un componente internacional y de otro electoral, es decir, la probabilidad decreciente de que Milei sea reelecto.

Ahí aparece lo que cabe llamar riesgo Milei. El Gobierno presenta la prima como un castigo anticipado al triunfo  de  la oposición; los precios sugieren otra lectura. Lo que se cotiza es la capacidad de pago de un programa que no genera los dólares que necesita. Las compras del Banco Central en agosto fueron de 768 millones de dólares, el volumen mensual más bajo de 2026, contra 2.162 millones en julio y 2.769 millones en abril. Las reservas brutas quedaron en 48.245 millones, y el AO29 llegó a rendir 12% medido al dólar MEP, una tasa que deja fuera de juego la estrategia financiera para 2027. El dato más elocuente vino de las mesas. Según fuentes del mercado, organismos oficiales recibieron la orden de comprar GD30 para amortiguar el desplome. El Estado que vino a retirarse de los mercados termina sosteniendo sus propios bonos.

El propio Presidente convirtió el indicador en rehén electoral. Desde París, por videollamada al coloquio, prometió que si gana el riesgo país se desplomará y la inversión volará; si la sociedad elige otra cosa, advirtió, «pagarán las consecuencias». Un índice financiero transformado en amenaza de campaña.

El presidente Javier Milei, en París.

El tablero que no se mira

Detrás de los bonos hay una economía que se achica. El segundo trimestre cerró con una contracción del PBI de 0,9% respecto del primero. La desocupación subió a 7,9%, su nivel más alto desde 2021, y la informalidad pasó del 43,2% al 45% de los ocupados en un año. Entre las mujeres de 14 a 29 años el desempleo trepó a 17,1%.

La inflación es el único número que el Gobierno puede exhibir, y aun así con reparos. Agosto marcó 1,7%, con una variación interanual de 33,5% y un acumulado de 21,3%, bastante lejos del 0% que Milei había prometido para ese mes. El acumulado del año ya duplica lo proyectado en el Presupuesto, mientras las jubilaciones se actualizan 1,7% en octubre con el bono congelado en 70.000 pesos. La pobreza volvió a crecer y alcanzó al 32,3% de la población en el primer semestre. La confianza acompaña la curva; el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella cayó 5,9% en septiembre, a 1,94 puntos, el valor más bajo de la gestión.

El problema de fondo es más viejo que este gobierno. Una economía con un sector primario de alta productividad y una industria que compite en desventaja, no se ordena sola con el manejo de algunas variables macro. Cuando el tipo de cambio y los salarios se pisan para contener la inflación, la actividad economica se cae,  cae la inversion  y el consumo, asi el deficit presupuestario y la restricción externa se vuelve estructural.  Los propios empresarios lo describen sin teoría. Admiten que todos los proyectos del RIGI juntos sólo llevarían la inversión del 16% del PBI actual al 18%, lejos del 25% necesario.

París, la vidriera de la cantera

Mientras tanto, la comitiva oficial desplegaba en Francia el catálogo del modelo. Milei viajó con medio gabinete, 13 gobernadores y una delegación de empresarios para la Argentina Week, entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre, con recepción de Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo. Antes de llegar, el Presidente había invitado al empresariado francés a «llenarse los bolsillos en Argentina».

Los anuncios confirmaron la orientación. El comité del RIGI aprobó el proyecto de Pluspetrol y la estatal neuquina GyP en el bloque Bajo del Choique-La Invernada, en Vaca Muerta, con una inversión de US$12.400 millones a lo largo de 25 años. Glencore sumó Agua Rica, en Catamarca, con US$4.000 millones; producirá 200.000 toneladas anuales de cobre destinadas en su totalidad a la exportación, con obras desde noviembre de 2027 y operación recién en octubre de 2031. Los dólares llegan en 2031 y los vencimientos, en 2027. Esa brecha temporal explica más del riesgo país que cualquier fantasma.

Hubo escenas que retratan la escala. La cadena Huttopia anunció un camping premium en la costa atlántica, con una inversión de entre 3 y 5 millones de euros, que generará solo entre 15 y 25 empleos directos, celebrado por la secretaria general de la Presidencia.

Karina Milei, Diego Santilli y cuatro gobernadores recorrieron de madrugada el mercado de Rungis, el mayorista más grande del mundo, para conocer cómo circulan los productos argentinos en Europa. La foto resume una inserción internacional pensada desde los commoditis, con poco valor agregado.

El cierre trajo la novedad más reveladora. Caputo presentó un programa de ciudadanía por inversión con dos alternativas, un aporte no reembolsable de 350.000 dólares al Tesoro o la suscripción de un título público por 800.000 dólares creado para el programa. El cónyuge aportará 100.000 dólares y cada hijo menor, 25.000. El destino de esos fondos quedó explícito; servirán para «continuar fortaleciendo la posición fiscal y financiera» del país.


Un gobierno que no consigue refinanciarse a tasas razonables empieza a regalar ciudadania argentina a cambio de dólares.


Bullrich aprovechó la ausencia de Milei para mostrarse como candidata ante un grupo de CEOS

Mar del Plata: la paciencia de los otros

Hace más de seis décadas que el Coloquio de IDEA es el lugar donde el círculo rojo piensa en voz alta. Cada octubre, los sectores económicos concentrados fijan allí su agenda y ensayan el programa que después le reclaman al gobierno de turno.

Esta edición confirmó la tradición con una nitidez poco habitual.

En el Sheraton de Mar del Plata se reunieron los ganadores del modelo: la banca, las auditoras, las energéticas, las mineras y los grupos que operan con dólares y amparados por el RIGI.

Los perdedores no fueron invitados. La industria que cierra plantas, las pymes asfixiadas por la apertura importadora y el costo del crédito, los trabajadores empujados a la desocupacion y la informalidad, las economías regionales, los jubilados, los discapacitados  quedaron fuera del salón, aunque son ellos quienes sostienen el ajuste.

Su ausencia volvió legible el mensaje. Los que ganan les piden paciencia a las víctimas del modelo, y esa paciencia, reclamada ante un auditorio de mil ejecutivos, se paga, dia a dia, en el bolsillo de los sectores populares.

Bajo el lema «Invirtiendo la historia», el presidente del 62° Coloquio, Fabián Kon, dio un respaldo total a las reformas mientras su banco renegocia las deudas morosas de las familias. El apoyo fue declarado y las inversiones, postergadas. Una mayoría de ejecutivos reconoce que el mercado interno seguirá deprimido y que los exportadores demorarán sus desembolsos hasta después de las presidenciales.

El Presidente les dio la razón. Ante el auditorio admitió que «la opción de esperar es razonable», y la frase funciona como aval oficial a una huelga de inversiones preventiva. Uno de los empresarios más ricos del país sintetizó el ánimo en el pasillo: con o sin gusto por las formas, no ven otra alternativa que Milei. Patricia Bullrich sólo arrancó aplausos fuertes cuando propuso eliminar las contribuciones patronales, sin explicar cómo se financiarían jubilaciones y obras sociales.

La confesión más honesta llegó de un disertante. Contó que los empresarios esperaban una recuperación en V, que en el primer trimestre de 2026 descubrieron que estaban entre 10% y 15% abajo de 2023 y que entonces empezaron a despedir; que el cierre de Fate y el caso Adorni marcaron hitos; y que quienes ganan plata la pasan a dólares para cubrirse de una futura devaluación. Ese es el verdadero termómetro. La dirigencia que pide sostener el esfuerzo se protege del mismo modelo que aplaude.

El cierre institucional repitió la consigna. El presidente de IDEA, Santiago Mignone, socio de PwC, reclamó respeto irrestricto de los compromisos asumidos (una alusión implícita al RIGI) y pidió a los sectores que no la están pasando bien no «demonizar la coyuntura». El jefe de Gabinete completó el coro desde Francia. Santilli planteó que en 2027 se juega volver atrás o avanzar, entre una economía cerrada y de pobreza extrema o el crecimiento ininterrumpido.

El pasado como argumento

La palabra que unió a París y Mar del Plata fue «pasado». Funciona como espantapájaros eficaz porque evita discutir el presente. Una economía en contracción, con desempleo en alza, informalidad récord, reservas que dejaron de crecer y una pared de vencimientos a doce meses no necesita a la oposición para asustar a los acreedores. Le alcanza con sus propios números.

Milei prometió en París que, si el Gobierno es reelecto, 2028 será el mejor año de la historia y que el mundo presenciará «un milagro». Su ministro grabó el mensaje para los empresarios bajo la imagen de la Virgen de Luján.

Entre la promesa del paraiso  y la amenaza  del infierno, la política económica quedó reducida a un acto de fe. Los mercados, que no rezan, ya le pusieron precio a esa fe: 650 puntos.

 

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