«CEPA: el consumo importado tocó su techo histórico mientras la producción se hunde»

Un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina sobre el comercio exterior del primer semestre confirma el récord histórico en la entrada de productos finales y su correlato en la actividad manufacturera local.

 


Carrier multiplicó por 22 sus compras de equipos de refrigeración y acondicionamiento en el exterior durante los primeros seis meses del año. En el mismo semestre, la producción nacional de electrodomésticos e informática se hundió 56,1 por ciento. La coincidencia no es casual ni aislada: es el resumen más nítido de un fenómeno que un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado con datos de INDEC y de la ARCA (ex AFIP), documenta con precisión de balanza comercial.

Entre enero y junio, la Argentina importó 5.362 millones de dólares en bienes de consumo final, el registro más alto para un primer semestre desde que existe la serie —superando en 20,7 por ciento el techo previo, marcado en 2018— y con una participación de 15,1 por ciento sobre el total importado, la proporción más elevada en veintidós años. El avance interanual fue moderado (1,8 por ciento), pero se apoya sobre la base ya elevada que dejó 2025, cuando ese rubro había saltado 73,5 por ciento. Mientras tanto, los insumos que alimentan la producción retrocedieron: los bienes intermedios cayeron 17,8 por ciento y las piezas y accesorios para bienes de capital, 21,6 por ciento, siempre contra el primer semestre de 2023.

Gobierno propone que se cobren impuestos a importaciones con valor menor a 200 dólares

El dato completo del comercio exterior ordena la escena: las importaciones totales del semestre sumaron 35.531 millones de dólares, un 3,9 por ciento menos que en 2025 y un 6,5 por ciento menos que en 2023. No hubo, entonces, una expansión generalizada de las compras al exterior, sino una recomposición de la canasta importadora hacia el consumo final y en perjuicio de la producción. Los capítulos que más crecieron contra 2023 fueron courier y paquetería (+181,9 por ciento), vehículos automotores de pasajeros (+155,7 por ciento) y bienes de consumo (+34,7 por ciento); los que más cayeron fueron combustibles y lubricantes (-63,4 por ciento, por la sustitución que permitió el Gasoducto Néstor Kirchner), bienes de capital (-21,6 por ciento en piezas y accesorios) y bienes intermedios (-17,8 por ciento). El país compró afuera menos de lo que necesitaba para producir y más de lo que necesitaba para consumir.

Whirlpool no es la excepción

El podio de electrodomésticos, baterías y lámparas —el rubro que más creció, con un alza de 109,2 por ciento— lo encabeza Whirlpool Argentina, con 21,2 millones de dólares importados. Detrás aparecen Carrier y Frimetal, que multiplicaron sus compras externas por 22 y por 20 respectivamente. Son fabricantes con planta en el país que, frente al diferencial de costos, optaron por traer el producto terminado en lugar de producirlo. El patrón se repite en indumentaria (+86,3 por ciento), donde Adidas casi cuadruplicó sus importaciones y donde TAC Argentina (Zara) y Southbay, que no figuraban en el mapa importador de 2023, entraron directamente entre las tres primeras posiciones del sector.

El fenómeno no se limita a las marcas ya instaladas. El número total de empresas importadoras de bienes de consumo se duplicó respecto de 2023: 33.108 firmas nuevas, con los mayores saltos en indumentaria (+175 por ciento), marroquinería (+144 por ciento) y electrodomésticos (+127 por ciento). El caso de motos, bicicletas y otros equipos de transporte tiene además un empujón normativo identificable: el Decreto 513/2025 bajó los aranceles para las unidades totalmente desarmadas de 20 a 15 por ciento y para las unidades armadas de 35 a 20 por ciento, achicando la brecha que hasta entonces incentivaba ensamblar en el país antes que importar terminado. Honda, que concentra más de una cuarta parte del rubro, aumentó sus compras externas 86 por ciento en ese contexto.

Zapatillas, cremas y agroquímicos: el mismo patrón

En marroquinería la concentración es todavía mayor: las primeras veinte firmas explican el 69 por ciento del sector, contra el 50 por ciento de 2023. Adidas volvió a liderar, esta vez con 81,3 millones de dólares —ocho veces más que en 2023— y Southbay, inexistente como importador hace tres años, ya factura 30,1 millones. Entre las dos marcas deportivas y la recién llegada explican el 40 por ciento de todo lo importado en calzado y afines.

En jabonería, productos de limpieza y tocador el desembarco de firmas nuevas es todavía más marcado: once de las veinte principales empresas importadoras no habían comprado nada en el exterior en 2023. L’Oréal, Natura, New PGA, Beiersdorf, Kenvue y Haleon entraron directamente entre los mayores compradores, mientras Unilever —la histórica del rubro— casi duplicó sus importaciones (+99 por ciento). El total del subrubro creció 28 por ciento en dólares. Algo parecido, aunque con signo distinto, ocurre en plaguicidas, insecticidas y herbicidas: BASF y Tecnomyl, sin importaciones registradas en 2023, ya concentran el 29 por ciento del segmento, mientras que Syngenta Agro, la histórica líder, redujo sus compras 35 por ciento. Es el único de los grandes rubros relevados que retrocedió en dólares (-12 por ciento), aunque también allí ocho de las veinte principales importadoras son entrantes nuevos.

El capítulo de alimentos, más atomizado que el resto, permite ver el fenómeno con lupa. Nestlé, Swift y Quickfood encabezan el ranking general, pero el detalle por producto es el que mejor expone la sustitución: las importaciones de fideos y pastas treparon 530,8 por ciento —Arcor, que no traía pastas del exterior en 2023, ya explica un tercio del rubro—; las de carnes frescas y en conserva subieron 315,2 por ciento, empujadas por Swift, que multiplicó sus compras casi por ciento veinte; las de aceites y grasas, 93,9 por ciento, con Arcor otra vez al frente; las de panadería, 90,1 por ciento, de la mano de la irrupción directa de las cadenas de supermercados Coto y Carrefour como importadoras; y las de chocolate y confitería, 45,4 por ciento, lideradas por Ferrero, que tampoco registraba compras en 2023.

Los costos del boom importador

El informe cruza la serie de importaciones con el Índice de Producción Industrial manufacturero del INDEC y encuentra una correlación alta —coeficiente de determinación de 0,74— entre la caída de la actividad fabril y la de las compras de insumos y partes en el exterior. La lectura mes a mes de esa serie, entre enero de 2023 y junio de 2026, muestra un ciclo completo: las compras de bienes intermedios y piezas para bienes de capital llegaron a 4.296 millones de dólares en junio de 2023, cuando el índice manufacturero marcaba 102,9 puntos; un año después, con el ajuste inicial de la actual gestión, esas importaciones se derrumbaron a 2.675 millones y el índice cayó a 82,1; hacia junio de 2025 hubo una recuperación parcial, a 3.348 millones y 90 puntos; y en junio de 2026 el registro llegó a 3.438 millones de dólares, con el índice en 91,8. La producción manufacturera del semestre, de conjunto, retrocedió 12 por ciento contra el mismo período de 2023 —el año elegido como referencia porque es el último previo al cambio de gobierno—, y sigue sin recuperar el nivel de insumos importados que tenía entonces, aun cuando repunta respecto del piso de 2024.

Rubro por rubro, el contraste es elocuente. Mientras las importaciones de indumentaria treparon 86,3 por ciento, la producción textil cayó 34 por ciento y la confección, 13,7 por ciento. En detergentes, jabones y productos personales, las compras externas subieron 23 por ciento y la fabricación local bajó 2,6 por ciento. En alimentos, la lectura exige un matiz: la molienda de oleaginosas creció 35,6 por ciento por el rebote frente a la sequía de 2023, lo que morigera la caída del sector en su conjunto (-1,4 por ciento). Pero las ramas que compiten de manera directa con el ingreso de productos importados —cuyas compras externas subieron 51,9 por ciento— retrocedieron todas: bebidas (-15,9 por ciento), carne vacuna (-13,3 por ciento), galletitas y panadería (-5,0 por ciento) y carne aviar (-4,8 por ciento). Swift Argentina, con un salto de más de 11.000 por ciento en sus importaciones de carnes frescas y en conserva, ilustra hasta qué punto una firma frigorífica puede optar por traer el producto en lugar de faenarlo.

La cadena de efectos no se agota en la góndola. Una fábrica que reduce su producción 12 por ciento no solo vende menos: también achica su demanda de insumos locales, de fletes, de mantenimiento, de horas de planta y de la trama de proveedores que la rodea, un costado que el propio informe no cuantifica pero que se desprende de la correlación que expone entre importaciones de insumos y actividad fabril. Cuando la caída se concentra en rubros de uso intensivo de mano de obra —indumentaria y confección, calzado, alimentos elaborados—, el ajuste tiende a golpear con más fuerza al empleo que a la productividad, porque no hay tecnología de por medio: es directamente producto importado sustituyendo producto nacional en el mismo eslabón de la cadena. La combinación de mayor cantidad de bienes finales en el mercado interno con menor actividad fabril es, en rigor, la definición misma de una economía que resuelve el abastecimiento del consumo por la vía de la importación y no por la del aparato productivo propio, con la consecuencia adicional de que esa forma de abastecimiento presiona sobre las cuentas externas en cada nuevo ciclo de expansión del consumo.

Que el 80 por ciento del monto importado siga en manos de empresas que ya compraban en el exterior en 2023 matiza la lectura de una avalancha completamente nueva: se trata, sobre todo, de firmas conocidas —muchas con planta propia en el país, como Whirlpool, Adidas o Swift— que reacomodaron su ecuación entre producir y traer. Ese reacomodamiento, sumado a la multiplicación de importadores nuevos, es lo que explica por qué el semestre con más bienes de consumo importado de la historia coincide con la mayor caída fabril en años: la brecha que antes empujaba a fabricar en el país se redujo, y con ella una porción del entramado productivo que hasta hace poco competía con el producto importado desde una posición de ventaja.


Data lo hacemos entre todos. Para lectores q saben que si la información es poder, la información que circula es poder que se democratiza. Si te gusta lo que publicamos y querés que lo sigamos haciendo, podés darnos una mano en el siguiente link:
https://cafecito.app/dpye
Muchas gracias.