Más de 500 dirigentes de la política, la Justicia, los sindicatos y el empresariado bonaerense se reunieron en Almirante Brown convocados por la Pastoral Social. El gobernador reclamó “diálogo plural” en medio de un escenario de polarización creciente y expectativa por una visita papal a la Argentina.
En el Pequeño Cottolengo Don Orione, en Almirante Brown, más de 500 dirigentes se sentaron el sábado alrededor de una misma convocatoria: obispos, jueces, sindicalistas, empresarios, rectores universitarios e intendentes. En el centro de esa mesa heterogénea, sin épica de campaña ni consignas de tribuna, estuvo el gobernador bonaerense Axel Kicillof.

La Comisión Pastoral Social Región Buenos Aires organizó la “Jornada Patria por la Cultura del Encuentro: de Francisco a León XIV en Tiempos de Polarización”, un espacio que combinó el legado del papa Francisco con la expectativa abierta por el pontificado de León XIV. Junto a Kicillof participó la vicegobernadora Verónica Magario, además de obispos de distintas diócesis, magistrados, rectores de universidades nacionales y referentes de la CGT, la CTA y la UTEP, entre otras centrales sindicales. Del lado empresario asistieron representantes de CAME y FEBA, y también hubo legisladores nacionales y provinciales de distintos espacios.
El encuentro no surgió de la nada. Tuvo su origen en una reunión de mayo entre el titular de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, y un grupo de intendentes bonaerenses, entre ellos Fernando Espinoza, Jorge Ferraresi y Ariel Sujarchuk. Ese contacto previo explica por qué la convocatoria de este sábado tuvo peso específico en el peronismo bonaerense y no quedó como un gesto protocolar más de la Iglesia hacia la dirigencia política.

Kicillof no fue un invitado de reparto. Habló de un contexto atravesado por la agresión y los discursos vacíos, y planteó la necesidad de un diálogo plural que ponga en el centro la hermandad, la comunidad y el trabajo de los sectores que más lo necesitan. El mensaje, medido y sin nombrar al Gobierno nacional, funcionó de todos modos como contracara directa del estilo confrontativo que Javier Milei instaló como eje de su comunicación política.
El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Gabriel Katopodis —con recorrido propio como militante católico—, fue el encargado de traducir en gestión ese guiño hacia la Pastoral. Katopodis remarcó la articulación entre Iglesia, Estado y organizaciones sociales frente a la crisis, y ubicó el encuentro como continuidad de la reunión de mayo con Colombo. El objetivo declarado fue acompañar a la gente y aliviar un tiempo que la administración provincial describe, sin eufemismos, como duro.
El documento final firmado por los participantes fue más allá de la foto institucional. Advirtió sobre un proceso de polarización que impide construir una identidad común en la región y en el país, y lo asoció al predominio de intereses sectoriales que se benefician de una sociedad fragmentada. El texto retomó además conceptos de la encíclica Fratelli Tutti para sostener que la política no debe subordinarse a la economía, y advirtió que tanto ciertas expresiones del populismo como del liberalismo pueden terminar favoreciendo a intereses alejados de los sectores más vulnerables.
Esa doble advertencia —ni populismo ni liberalismo como coartada— es la que le permitió a Kicillof aparecer en la foto sin quedar atrapado en ella. El gobernador no necesitó reivindicar un programa; le alcanzó con ocupar el lugar del interlocutor disponible, mientras el Gobierno nacional construye su relato en torno a la grieta como recurso identitario. En la gramática de la comunicación política, la escena de Almirante Brown funciona como significante flotante: cada sector la lee según su propia disputa, pero todos coinciden en nombrar el mismo significante vacío, el de un diálogo que hoy escasea.
El documento cerró reivindicando el diálogo social como antídoto a la polarización y llamando a construir consensos para impulsar proyectos provinciales y nacionales orientados al bien común, lejos de lo que definieron como politiqueo barato. Los firmantes expresaron además su expectativa ante una eventual visita de León XIV a la Argentina, a la que asignan un rol posible en la construcción de esos consensos.
Para Kicillof, la jornada se inscribe en un movimiento más amplio: mientras el oficialismo nacional profundiza la épica de la batalla cultural, el gobernador bonaerense acumula gestos de moderación institucional que lo posicionan, de cara al ciclo electoral de 2027, como una figura de diálogo dentro y fuera del propio espacio. La pregunta que queda abierta es si ese posicionamiento alcanza para ordenar puertas adentro un peronismo bonaerense todavía tironeado por tensiones propias.
