El ministro dijo que “nunca” compra ropa en el país porque “es un robo” y volvió a cargar contra la protección del sector. Pero los números oficiales muestran otra escena: producción en caída libre, máquinas paradas y un mercado cada vez más abastecido desde afuera.
Mientras el Gobierno insiste en que la baja de la inflación habilita “normalidad”, la industria textil opera con apenas 29,2% de su capacidad instalada, el peor registro entre los grandes bloques manufactureros. En ese contexto, Luis Caputo eligió confrontar con el sector y reavivar una discusión vieja (precios, protección, competencia) en el peor momento productivo. El cruce no ocurre en el vacío: se da en medio de señales políticas sensibles, como la renuncia de Marco Lavagna y la decisión oficial de postergar el nuevo IPC “hasta que la desinflación esté consolidada”.
-
“Prendas de vestir, cuero y calzado”: -17,6% interanual en noviembre 2025.
En una entrevista en Radio Mitre, Caputo sostuvo que la cadena textil fue “protegida durante muchísimos años” y que eso terminó en indumentaria y calzado “hasta diez veces más caros” que en el resto del mundo, pagados por “47 millones de argentinos”. En la narrativa oficial, la cuenta es simple: si baja el precio en la góndola, se libera poder de compra para “otras industrias”. El problema es que, con la economía real en contracción, esa reasignación no aparece automática y la pérdida de empleo tampoco se compensa sola.

Los datos del INDEC confirman que el textil no está “caro pero saludable”. Está en crisis. En noviembre de 2025, “Productos textiles” cayó 36,7% interanual, y acumula -6,4% en enero-noviembre frente al mismo período del año anterior. En la misma medición, “Prendas de vestir, cuero y calzado” bajó 17,6% interanual. Y el nivel general de la industria retrocedió 8,7% interanual ese mes, con quince de dieciséis divisiones en negativo.
El “dato fuerte” no es solo la caída de producción, sino el freno de la máquina. En noviembre, el bloque “productos textiles” trabajó al 29,2% de capacidad instalada, contra 57,7% del promedio industrial. El propio informe oficial lo asocia a menores niveles de producción de tejidos y de hilados de algodón; en ese mismo mes, tejidos y acabado muestran una baja interanual muy marcada y los hilados también caen con fuerza. Con siete de cada diez máquinas paradas, el debate “competí por diseño” suena más a slogan que a plan.
-
Producción “Productos textiles”: -36,7% interanual en noviembre 2025.
En este cuadro, el intercambio público que propone el ministro recorta la discusión a una sola dimensión. Sí, hay un problema histórico de estructura de costos, escala, logística e impuestos. Pero también hay política cambiaria, poder de mercado en algunos tramos de la cadena y, sobre todo, demanda. Cuando la economía se enfría, el sector más intensivo en mano de obra y más expuesto a importaciones suele ser el primero en pagar.
En paralelo, la discusión industrial se mezcla con una disputa por el relato estadístico. La renuncia de Lavagna y la postergación del nuevo IPC agregan tensión a la promesa oficial de “desinflación consolidada”. En términos políticos, el mensaje es claro: se prioriza sostener un ancla nominal y un clima de estabilidad percibida, aun si eso convive con retrocesos fuertes en ramas productivas sensibles.

Lo inmediato es doble: más presión sobre empleo y entramado pyme en una actividad federal, y más conflicto entre el Gobierno y el empresariado industrial, con la discusión “precios vs. trabajo” como atajo discursivo. El escenario probable, si se mantiene la combinación de demanda débil y mayor competencia importada, es que la crisis se propague a otros sectores mano de obra intensiva y consolide capacidad ociosa como norma, no como bache. En política económica, la conclusión es concreta: una gobierno que privilegia precios bajos en la vidriera mientras apaga las fábricas está eligiendo quién paga la cuenta, y casi siempre son los trabajadores y el pequeño empresario pyme..
