Un fantasma recorre el mundo: el surgimiento de un neofascismo global

De Estados Unidos a la India, de Europa a América Latina, los movimientos de extrema derecha avanzan con un discurso que mezcla nacionalismo, autoritarismo y desprecio por los derechos sociales. ¿Estamos ante un nuevo fascismo o una mutación del neoliberalismo que adopta rostro autoritario? La historiadora Stéfanie Prezioso advierte sobre los riesgos de nombrar sin comprender y la necesidad de un análisis riguroso frente a una amenaza en expansión.


Un fantasma contemporáneo

A casi un siglo del ascenso de Mussolini y Hitler, la palabra fascismo vuelve al centro del debate político. La historiadora suiza Stéfanie Prezioso plantea que el resurgimiento de la extrema derecha requiere comprensión histórica más que reacción moral.

Según Freedom House, 2025 marcó el decimonoveno año consecutivo de deterioro democrático, con sesenta países en retroceso en derechos civiles y políticos. Human Rights Watch advierte que el discurso xenófobo se volvió un recurso electoral clave, mientras la desigualdad económica alimenta la frustración social.

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Viejos lenguajes, nuevos contextos

Prezioso recuerda que el fascismo histórico nació en la crisis europea de entreguerras, con movimientos de masas armados y un enemigo claro: el movimiento obrero. Hoy, la extrema derecha opera sobre bases distintas. Sustituye la movilización callejera por el poder de los algoritmos, los medios y las redes. No busca un Estado totalitario clásico, sino un autoritarismo de mercado: ultraliberal en lo económico y represivo en lo político.

Líderes como Donald Trump, Giorgia Meloni, Viktor Orbán, Narendra Modi y Javier Milei exaltan una identidad nacional amenazada, estigmatizan a minorías y presentan al Estado como obstáculo al desarrollo. En su retórica, la democracia liberal es reemplazada por “la voluntad del pueblo” encarnada en un líder salvador.

Las raíces económicas del nuevo autoritarismo

El avance reaccionario se vincula a la crisis del modelo neoliberal posterior a 2008. La precarización del trabajo y el desmantelamiento del Estado de bienestar generaron un malestar que la derecha canaliza mediante discursos de odio y exclusión.

El informe Takers Not Makers muestra que la riqueza de los multimillonarios creció tres veces más rápido en 2024 que en 2023, mientras 3.600 millones de personas viven bajo el umbral de pobreza. Esa brecha explica la eficacia de los relatos que prometen restaurar jerarquías y orden.

El ensayista Richard Seymour denomina este fenómeno “nacionalismo del desastre”: gobiernos que, ante la crisis, exacerban el miedo y canalizan el descontento hacia salidas autoritarias. Como advierten Naomi Klein y Astra Taylor, esa política del shock multiplica las oportunidades de privatización y ganancias para los sectores más concentrados del poder económico.

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América Latina y el laboratorio argentino

En América Latina, el avance de la derecha radical adopta rasgos propios. En Brasil persiste el bolsonarismo; en Chile y Perú crecen partidos abiertamente reaccionarios; y en Argentina, el experimento libertario de Javier Milei combina retórica antisistema con un programa económico ortodoxo.

Su gobierno expresa una versión local del autoritarismo neoliberal: ajuste fiscal, desmantelamiento estatal y demonización de los sindicatos. La Confederación Sindical Internacional ubica a la región entre las que más vulneran derechos laborales, y Argentina muestra un deterioro en sus indicadores. La precarización masiva y la pérdida del poder adquisitivo crean un terreno fértil para la naturalización del autoritarismo.

Más allá de las etiquetas

“Nombrar sin comprender puede ser tan peligroso como callar”, advierte Prezioso. Llamar fascismo a todo fenómeno autoritario permite una alerta moral, pero impide entender las nuevas formas del poder. El desafío es analizar las mutaciones del capitalismo y su alianza con dispositivos culturales, mediáticos y tecnológicos.

Comprender no significa justificar, sino reconocer las causas profundas del malestar que nutre a los movimientos reaccionarios. Recuperar un proyecto nacional, democrático y popular implica reconstruir los vínculos sociales destruidos por el neoliberalismo.

Comprender para resistir

La historia no se repite, pero rima. El fantasma que recorre hoy el mundo no desfila con camisas negras: se disfraza de libertad y eficiencia. Detrás de esa máscara se esconde una ofensiva contra los derechos conquistados y una promesa de orden que encubre un proyecto de sometimiento.

Nombrarlo con precisión, comprender sus raíces y enfrentarlo con organización social, pensamiento crítico y una narrativa popular inclusiva es la tarea urgente del presente.


Redacción Data política y económica