La política entra en una nueva etapa
La Argentina parece estar atravesando un cambio profundo en su cultura política. Más allá de las preferencias partidarias, las últimas mediciones de opinión pública muestran que comienza a modificarse la forma en que amplios sectores de la sociedad se relacionan con el poder.
Por la Redacción de Data Política y Económica
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Durante décadas, el comportamiento electoral argentino estuvo dominado por identidades políticas relativamente estables —peronismo, radicalismo y, posteriormente, el PRO—. Sin embargo, la crisis económica prolongada, el deterioro de las condiciones de vida y la pérdida de confianza en las instituciones dieron lugar a un votante mucho más volátil, menos identificado con estructuras partidarias y dispuesto a cambiar de opción con rapidez.
La elección presidencial de 2023 fue la máxima expresión de ese fenómeno. Javier Milei logró construir una mayoría electoral extraordinariamente heterogénea, integrada por libertarios convencidos, votantes del PRO, radicales, peronistas desencantados e independientes. El denominador común no fue una identidad ideológica compartida, sino el rechazo al sistema político tradicional.
Del «voto contra» al «voto por resultados»
El consultor Gustavo Córdoba sostiene que ese escenario comienza a modificarse. Según sus estudios, el factor que permitió la victoria de Milei en el balotaje fue la consolidación del voto antiperonista. Muchos ciudadanos no votaron necesariamente por adhesión al programa libertario, sino porque entendían que representaba la única alternativa frente al gobierno saliente. Pero una vez terminada la campaña electoral, esa lógica empieza a perder eficacia.
Cuando un dirigente deja de ser oposición y pasa a gobernar, la ciudadanía modifica sus criterios de evaluación. Las promesas dejan lugar a los resultados concretos. La inflación, el empleo, los salarios, el consumo, las tarifas, el acceso al crédito y las perspectivas de crecimiento comienzan a pesar más que las consignas ideológicas.
Es el pasaje desde el voto de esperanza hacia el voto de evaluación.
Un nuevo fenómeno: el antimileísmo
Uno de los datos que Córdoba considera más relevantes es el crecimiento de un sentimiento político que hace apenas un año tenía escasa expresión: el antimileísmo. De acuerdo con sus mediciones, hoy ese espacio supera en intensidad al tradicional voto antiperonista.
No significa necesariamente que exista una mayoría opositora consolidada, sino que comienza a construirse una identidad política articulada alrededor del rechazo al Gobierno.
Este tipo de fenómenos no es nuevo en la Argentina. En distintos momentos históricos existieron el antiperonismo, el antikirchnerismo y también el antimacrismo. Ahora, el oficialismo enfrenta la posibilidad de convertirse él mismo en el eje ordenador del rechazo político.
El ausentismo como síntoma
Sin embargo, el dato más preocupante para cualquier gobierno no sería el crecimiento de la oposición sino el aumento del desencanto.
Según Córdoba, entre un 27 % y un 30 % de los ciudadanos manifiestan dudas acerca de concurrir a votar. Este comportamiento expresa algo más profundo que la apatía. Refleja una pérdida de confianza en la capacidad del sistema político para resolver los problemas cotidianos. La abstención deja de ser un acto de indiferencia para convertirse en una forma silenciosa de protesta. Históricamente, cuando aumenta el ausentismo, los oficialismos suelen verse particularmente afectados porque necesitan movilizar a quienes los apoyaron anteriormente.
El desgaste de las coaliciones negativas
Otro aspecto central de la coyuntura es la fragilidad de las coaliciones construidas exclusivamente sobre el rechazo a otro espacio político. El balotaje de 2023 unificó sectores con intereses, historias e identidades muy distintas. Mientras existía un objetivo común —evitar el regreso del peronismo al gobierno— esa alianza funcionó.
Pero gobernar exige administrar conflictos, distribuir costos y ofrecer resultados. Cuando las expectativas económicas no se cumplen al ritmo esperado, esa coalición comienza naturalmente a fragmentarse.
El cambio generacional
Los estudios de opinión también muestran un fenómeno generacional. Los votantes más jóvenes presentan menores niveles de identificación partidaria y mayor disposición a modificar su voto entre una elección y otra.
Las redes sociales, la comunicación directa y el liderazgo personalizado reemplazan cada vez más a las estructuras tradicionales de representación. Esto explica tanto el ascenso de Milei como la rapidez con la que pueden modificarse los apoyos políticos.
La fidelidad partidaria disminuye y aumenta la evaluación permanente de la gestión.
Una democracia más exigente
Todo indica que la democracia argentina ingresa en una etapa donde los gobiernos disponen de menos tiempo para consolidar legitimidad. La sociedad exige respuestas inmediatas.
La paciencia social parece reducirse al mismo ritmo que se deterioran las condiciones económicas. Las mayorías electorales continúan existiendo, pero resultan mucho más frágiles que en décadas anteriores.
El desafío para todo el sistema político
Este fenómeno no afecta únicamente al Gobierno nacional. También interpela a la oposición. Si el oficialismo debe reconstruir expectativas, las fuerzas opositoras necesitan ofrecer algo más que el rechazo a Milei.
La experiencia argentina demuestra que las identidades construidas exclusivamente alrededor del «anti» tienen un rendimiento electoral limitado cuando no logran transformarse en proyectos políticos con capacidad de gobierno.
Una cultura política en transición
Más que un simple cambio de preferencias electorales, la Argentina parece atravesar una transformación de su cultura política. Los liderazgos son más efímeros, las lealtades menos estables y las decisiones de voto dependen crecientemente de la percepción sobre la gestión y la situación económica.
En este contexto, el verdadero desafío para cualquier fuerza política será reconstruir confianza en una sociedad atravesada por la incertidumbre. Porque, en la Argentina actual, el principal capital político ya no es solamente ganar una elección, sino sostener la credibilidad una vez alcanzado el gobierno.
