El rebote de marzo se evaporó: abril cierra el segundo trimestre con señales de estancamiento

Los primeros indicadores del mes confirman que la recuperación fue un espejismo estadístico. Cemento, autos, crédito y recaudación dibujaron un mapa coherente de enfriamiento. El ajuste fiscal compensa la caída tributaria, pero a un costo que la propia dinámica económica empieza a cobrar.


La economía argentina comenzó 2026 dibujando un patrón que ya tiene nombre: serrucho. Un mes sube, el siguiente cae, sin que ningún rebote logre consolidarse en tendencia. Marzo ofreció un respiro —la industria registró su primera mejora interanual en nueve meses y la construcción también repuntó— pero los datos que fueron llegando a lo largo de abril disiparon cualquier entusiasmo prematuro. El segundo trimestre arrancó con los mismos síntomas que arrastra la economía desde mediados del año pasado: demanda interna débil, crédito estancado y una recaudación que no encuentra el piso.

La recaudación tributaria nacional registró en abril una caída real interanual del 3,8%, acumulando nueve meses consecutivos de descenso. El número es elocuente, pero su composición lo es más todavía: el IVA —principal gravamen de la estructura tributaria, con el 35% de participación sobre el total— cayó un 3% interanual, evidenciando la persistente debilidad de un consumo interno que no se reactiva. El Impuesto a las Ganancias retrocedió 3,2% y los aportes a la Seguridad Social, 4,3%. Los ingresos por derechos de exportación sumaron apenas USD 1.380 millones en el primer cuatrimestre, producto del esquema de «Retenciones Cero» implementado en septiembre de 2025 y de la reducción de alícuotas para el complejo sojero, que recortaron la participación de esos impuestos en la masa fiscal total a la mitad.

Frente a ese cuadro, el Gobierno profundizó la motosierra. El gasto primario devengado cayó 5,7% interanual en términos reales durante abril, más que compensando la baja en los ingresos. Las partidas más golpeadas fueron las transferencias a provincias (–53,7% anual), los programas sociales (–37,3%) y la obra pública (–15,7%). Los subsidios energéticos, en cambio, crecieron 112,9% real en el acumulado del cuatrimestre, una anomalía que desnuda las tensiones internas de un esquema de ajuste que no es parejo ni neutral.

El problema es que el ajuste tiene retornos decrecientes. La consultora Epyca lo formuló con precisión quirúrgica: «El ajuste genera las condiciones que hacen necesario más ajuste. No es un camino hacia el equilibrio sino un proceso procíclico que se retroalimenta». Los datos de abril le dan la razón.

El mapa sectorial

Los datos de actividad que fueron saliendo de abril resultaron más flojos que los esperados, con caídas en recaudación, producción de autos, cemento y confianza del consumidor. El despacho nacional de cemento retrocedió 12,7% interanual y 9,6% frente a marzo en la serie desestacionalizada, acumulando una baja de 3,3% en el primer cuatrimestre. Aunque parte de ese número puede atribuirse a las lluvias de abril, los analistas de Outlier advirtieron que ese factor no alcanza para explicar el mal desempeño completo.

El sector automotor fue más contundente todavía: la producción cayó 17,5% interanual en abril y acumuló una baja de 18,6% en el cuatrimestre. Las ventas mayoristas a concesionarios se derrumbaron 31,6% respecto al mismo mes de 2025, mientras los patentamientos totalizaron 47.564 unidades, con una caída de 13,6% interanual. En ese contexto, las marcas chinas empezaron a ganar terreno: BYD se ubicó entre las diez marcas más patentadas del mes y algunos modelos electrificados escalaron posiciones en un mercado que resigna volumen pero muta en composición.

La excepción fue el mercado de motos, que en abril registró 80.737 patentamientos y un crecimiento interanual de 51,5%. El dato no es celebratorio: consolida una tendencia que refleja la pérdida de poder adquisitivo. Ante la imposibilidad de acceder a un auto, amplios sectores de ingresos medios y bajos recurren a la moto como alternativa de movilidad. Es recuperación por sustitución, no por expansión.

El crédito privado contó la misma historia. Los préstamos a empresas cayeron 0,9% real en abril, arrastrados por el derrumbe de los adelantos (–4,1%), pese a que las tasas descendieron por debajo de la inflación estimada. La morosidad bancaria escaló al 11,6% en tarjetas y al 13,8% en créditos personales, niveles que restringen la oferta crediticia independientemente de lo que haga la tasa.

El FMI recortó, las provincias también

El Fondo Monetario Internacional recortó su previsión de crecimiento para la Argentina: el país pasaría de crecer 4% a 3,5% del PBI en 2026, una corrección de medio punto porcentual atribuida al impacto de la guerra en Medio Oriente sobre la economía global. La corrección del organismo agrega presión externa a un cuadro interno ya deteriorado.

Las provincias, mientras tanto, reciben menos. La coparticipación cayó 3,6% real en abril, y en el acumulado del primer cuatrimestre las transferencias automáticas totales exhibieron una baja real del 5,7% respecto a igual período del año anterior. El ajuste del centro se traslada a la periferia, comprimiendo el gasto subnacional en un momento en que la demanda de servicios públicos no cede.

La pregunta que el rebote de marzo no respondió

El ministro Caputo anticipó en su momento que marzo sería el punto de inflexión. Las cifras de industria y construcción le dieron, en parte, la razón. Pero la secuencia de indicadores de abril revela que ese rebote fue estadístico antes que estructural: el resultado de una base de comparación favorable y de algunos factores estacionales, no de una demanda interna que se reactive por sus propios medios.

La economía argentina comenzó 2026 con un comportamiento errático: sube un mes, baja al siguiente, sin lograr consolidar una tendencia de recuperación. El serrucho tiene una lógica interna coherente: sin recuperación del salario real, sin crédito accesible y con el gasto público en retroceso, los motores tradicionales del crecimiento no tienen combustible. El equilibrio fiscal se sostiene, pero sobre una base que cada mes se achica un poco más.


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