La última encuesta de la Universidad de San Andrés retrata un país donde siete de cada diez desaprueban el rumbo, el trabajo desplazó a la inflación como angustia central y ninguno de los 26 dirigentes medidos consigue más adhesión que rechazo.
En cuatro de cada diez hogares que tuvieron que endeudarse, el mes se cierra con el pago mínimo de la tarjeta. De las personas que tuvieron que endeudarse, el 41% recurre al pago mínimo, un 40% pide préstamos y un 37% recibe ayuda de cercanos. El dato asoma casi al final de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, aunque ilumina todo lo anterior. Una sociedad que financia la vida corriente con deuda cara difícilmente le extienda crédito político a alguien.
El relevamiento se hizo sobre 1.004 casos entre el 3 y el 9 de septiembre, a mayores de 18 años conectados a internet, en ocho regiones del país, y lo produce el Laboratorio de Observación de la Opinión Pública (LOOP) de la universidad. Su conclusión central ya dejó de sorprender. Los 26 dirigentes evaluados registraron más imagen negativa que positiva, todos con diferenciales en contra de dos dígitos.
El piso
El Gobierno conserva su base. La gestión de Javier Milei tiene un 35% de aprobación y un 61% de desaprobación, cifras que el LOOP describe como estables desde abril. En perspectiva histórica, ese respaldo se parece al de Mauricio Macri en el mismo tramo de su mandato y supera con holgura al de Alberto Fernández.
Esa estabilidad descansa sobre una fractura nítida. El apoyo proviene sobre todo de quienes se identifican con la derecha y la centroderecha; el rechazo más alto se concentra en los sectores de menores ingresos, las mujeres y los millennials. Es la geografía conocida de un programa económico que reparte sus costos de manera desigual. Quien gana, o espera ganar, sostiene. El resto se aleja.
Alrededor de ese piso el clima sigue en rojo. La insatisfacción con la marcha del país alcanza al 69%, contra un 29% de satisfacción. El 55% cree que la situación empeoró respecto del año pasado y un 43% anticipa que seguirá empeorando.
El movimiento más revelador ocurre en la agenda de preocupaciones. Encabezan la lista la falta de trabajo (39%), los bajos salarios (36%), la corrupción (29%) y la pobreza (29%). Los problemas del mercado laboral ganaron terreno decisivo y desplazaron a variables que antes monopolizaban el debate.

El giro tiene su lógica. Cuando la inflación deja de ser la angustia dominante, queda a la vista la otra cara del ajuste, hecha de empleo que no aparece e ingresos que no se recuperan. El 40% de los encuestados dijo que sus ingresos alcanzan justo para cubrir el mes, y un 37% que no le alcanzan. Tres de cada cuatro argentinos viven, así, sin margen alguno. La satisfacción con la política económica cayó cuatro puntos respecto de agosto.
La evaluación por áreas completa el diagnóstico. Las políticas mejor valoradas son Exterior (32%), Defensa (32%) y Energía (29%); las que generan mayor insatisfacción, Obras Públicas (71%), Educación (70%), Salud (70%) y Social (69%). La sociedad reprueba al Estado que construye, enseña, cura y asiste, y tolera al que menos roza su vida cotidiana.
El esqueleto institucional
El malestar desborda la Casa Rosada. El Ejecutivo es el poder mejor valorado con apenas un 23% de satisfacción, seguido por el Judicial (17%), el Senado (15%) y Diputados (14%). Un mes antes el orden era idéntico, con cifras algo más altas (27%, 19%, 16% y 15%). Ninguna institución de la República reúne la aprobación de uno de cada cuatro ciudadanos, y todas descienden despacio, sin sobresaltos, como se erosiona lo que nadie repara.
Todos reprobados
Encabeza la tabla Patricia Bullrich, con 34% de imagen positiva y 56% negativa (-22); la siguen Milei, con 33% y 61% (-28), y Axel Kicillof, con 30% y 61% (-31). Cristina Fernández de Kirchner marca 29% y 64% (-35), y Myriam Bregman 29% y 48% (-19). Apenas tres de los 26 evaluados superan los 30 puntos de imagen positiva.
El último mes castigó a casi todos. Bullrich retrocedió tres puntos, Kicillof y Bregman cayeron siete y la expresidenta perdió cuatro. En el fondo del ranking, Máximo Kirchner quedó con 17% positiva y 71% negativa (-54), seguido por Lilia Lemoine (-52), Miguel Pichetto (-48), Guillermo Moreno (-45) y Sergio Massa (-44).
Detrás de los promedios se dibuja una política de trincheras. Entre quienes aprueban al Gobierno, la imagen positiva de Milei trepa al 84%, la de Bullrich al 76% y la de Jorge Macri al 56%. Entre quienes lo desaprueban, Kicillof y Fernández de Kirchner llegan al 45% y Bregman al 42%. Cada liderazgo retiene a los suyos; ninguno cruza la línea.
En el gabinete, Diego Santilli lidera con 27% de imagen positiva, seguido por Sandra Pettovello y Luis Caputo con 24%. Karina Milei acumula el rechazo más alto del equipo oficial (70%), por delante del ministro de Economía (57%) y de Federico Sturzenegger (49%). Que el conductor de la economía figure segundo en rechazo dentro del propio elenco guarda coherencia con todo lo demás.
Un tercio sin nombre
La intención de voto muestra que el rechazo a las personas no arrastra de manera lineal a los espacios. La Libertad Avanza marca 24% y el peronismo 23%, con un 20% de indecisos, un 6% que votaría en blanco y otro 6% que prefiere no revelar su opción. Casi un tercio del electorado, hoy, no elige a nadie. del voto a Massa y LLA retiene el 57% de su voto de primera vuelta, pero apenas el 39% de quienes votaron a Bullrich. El oficialismo se apoya en un electorado prestado que empieza a dispersarse.
Septiembre prolonga lo que agosto había anticipado. En aquella medición, ninguno de los 25 dirigentes evaluados por la UdeSA logró una imagen positiva superior a la negativa, y InfoPlatense vinculó el fenómeno con lo que Pulsar.UBA llamó «ningunismo», un electorado que no encuentra representación satisfactoria en ninguna de las opciones disponibles. Un análisis difundido por Perfil advirtió que, cuando esa orfandad se instala, pueden emerger expresiones radicalizadas capaces de capturar la atención pública, como ya ocurrió en Europa.
Leída en conjunto, la encuesta describe una sociedad que dejó de preguntar por los precios para preguntar por el trabajo, y que no encuentra en la oferta política quién responda. La estabilización nominal convive con salarios que no alcanzan, empleo que no llega y hogares sostenidos por la tarjeta. Mientras ningún liderazgo proponga un horizonte de producción e ingreso para esa mayoría sin margen, el indeciso seguirá siendo el protagonista más numeroso de la Argentina que camina hacia 2027.
