Caba: «Un modelo agotado»

El PRO gobierna Buenos Aires desde 2007 y llega a 2027 sin épica, sin relato de gestión y con su propio aliado electoral, La Libertad Avanza, calificando de «agotado» el modelo porteño. Entre el negocio inmobiliario, el ajuste social y una interna familiar que no cierra, la Ciudad más rica del país discute quién administra su declive. Una sociedad frustrada, que se siente  ajena a las dos tradiciones que se disputan la sociedad, empieza a preguntarse qué viene después.

Por Antonio Muñiz   ·


La Ciudad Autónoma de Buenos Aires cumple en 2027 veinte años bajo administración ininterrumpida del PRO. Es un número redondo que en cualquier balance de gestión funcionaría como un activo político. En cambio, funciona como un problema que ni siquiera sus propios socios electorales están dispuestos a disimular. En las últimas semanas, mientras Mauricio Macri y Karina Milei retomaban el diálogo para explorar una alianza nacional de cara al año próximo, La Libertad Avanza eligió justamente el terreno porteño para marcar diferencias, calificó de agotado el modelo de gestión de Jorge Macri y cuestionó, entre otras cosas, el sistema de recolección de residuos de la Ciudad. La contradicción es elocuente. Libertarios y macristas negocian una alianza en Nación mientras compiten, puertas adentro, por quién va a administrar desde 2027 el distrito más rico del país.

Esa disputa no es un exabrupto de campaña. Es la traducción electoral de un dato de fondo: el PRO llega a la definición de su continuidad porteña sin poder mostrar una épica de gestión propia, apoyado en la inercia de un electorado cautivo y en el desgaste comparativamente mayor de sus adversarios. Jorge Macri ya anunció que buscará la reeleccion en 2027 y su entorno trabaja en distintos escenarios de alianza, desde un acuerdo con La Libertad Avanza hasta una convergencia con sectores del peronismo marginal de la Ciudad. Todos los escenarios comparten un mismo diagnóstico implícito: solo, el PRO ya no alcanza.

 

Dura respuesta de Patricia Bullrich a Jorge y Mauricio Macri: Firmen la transferencia

Veinte años de negocio inmobiliario y ajuste social

El PRO llegó a la Jefatura de Gobierno porteña en 2007 con la promesa de una gestión eficiente, moderna y despolitizada. Dos décadas después, esa promesa se puede medir en los mismos términos con los que se formuló: no en discursos, sino en presupuesto y en metros cuadrados. Entre 2008 y 2015, durante las dos gestiones de Mauricio Macri, se privatizaron más de 205 hectáreas de tierra pública porteña. Horacio Rodríguez Larreta enajenó otras 225 hectáreas entre 2016 y 2019. Jorge Macri profundizó la secuencia: en octubre de 2025 el gobierno porteño subastó ocho hectáreas del Parque de la Ciudad, el segundo pulmón verde metropolitano, a un precio base de 1.900.000 dólares y adjudicables a un único comprador, en una operación que el Observatorio del Derecho a la Ciudad impugnó por inconstitucional.

El nuevo Código Urbanístico, aprobado en diciembre de 2024 sin participación ciudadana real, perfeccionó el mecanismo con un sistema de transferencia de capacidad constructiva: los desarrolladores que invierten en los barrios populares del sur —La Boca, Constitución, Barracas, Villa Lugano— reciben a cambio la habilitación para construir más alto en las zonas más caras del norte. Es, en los hechos, la formalización de un modelo urbano que convierte al territorio en el negocio central de la administración.

La otra cara de esa ecuación es el desfinanciamiento de las políticas sociales. Para 2026, los fondos destinados a los organismos de vivienda porteños caen 22,9% en términos reales respecto de 2025, y representan menos del uno por ciento del gasto total del gobierno de la Ciudad, según datos de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. Es el nivel más bajo en al menos catorce años, en la misma jurisdicción que administra el mayor presupuesto por habitante del país y que tiene, según estimaciones de organizaciones sociales, más de 12.000 personas durmiendo en la calle. Cuando esa contradicción se hace visible en las veredas, la respuesta del gobierno porteño no fue revisar el modelo, sino desplegar operativos contra  vendedores ambulantes, personas en situacion de calle , anunciar la expulsión de inmigrantes y presentar la mano dura como uno de los logros centrales de gestión.


El orden que practica el macrismo no persigue a los evasores fiscales ni a los especuladores que acumulan departamentos vacíos en la ciudad más cara del país. Persigue a los que el mismo modelo expulsó de cualquier alternativa formal.


La interna familiar que expone el techo del PRO

A la falta de resultados de gestión se suma un dato político que el PRO no logra ocultar: la Ciudad de Buenos Aires, su principal bastión, depende cada vez más de terceros para sostenerse. Según mediciones difundidas en los últimos meses, si La Libertad Avanza compitiera sola en CABA rondaría los 39 puntos, muy por encima del peronismo. Si el PRO se suma a esa competencia, su aporte ronda apenas 10 puntos, mientras el propio caudal libertario se retrae. Es el retrato de una fuerza que ya no gana elecciones por peso propio, sino que administra, en el mejor de los casos, un excedente de votos que otro espacio necesita para redondear la mayoría.

Esa debilidad estructural convive con una interna abierta entre Mauricio y Jorge Macri sobre quién encabeza la estrategia porteña, con Patricia Bullrich instalándose como aspirante a suceder a Jorge Macri desde una agenda cada vez más superpuesta con la de La Libertad Avanza, y con un peronismo de la Ciudad que, aunque fragmentado, empieza a mirar el escenario 2027 como una oportunidad real por primera vez en dos décadas. El PRO, en síntesis, no discute solamente contra quién compite, discute puertas adentro quién es, después de veinte años de identificarse casi exclusivamente con la administración de la Ciudad.

La mirada generacional: «nada de eso nos sirvió»

Ese agotamiento no es solo una lectura de encuestas o de negociaciones de cúpula. Es también un diagnóstico que empieza a instalarse entre las generaciones más jóvenes de la militancia porteña, que no cargan con las lealtades de las tradiciones políticas que se disputaron la Ciudad en los últimos veinte años.

En un encuentro organizado a fines de abril bajo el título «¿Qué Argentina queremos construir?», el dirigente de Boedo, Nicolás Descalzo, de 24 años, comunicador y panelista habitual en C5N, planteó un diagnóstico que excede al macrismo pero lo incluye de lleno: los esquemas heredados, tanto los del PRO como los de las tradiciones que se le opusieron sin ofrecer alternativa creíble, dejaron de funcionar. «Nada de eso nos sirvió», resumió, al describir los obstáculos que impiden construir hoy una alternativa con capacidad real de disputarle la Ciudad al oficialismo porteño.

 

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Nicolas «Nico» Descalzo

 

La intervención de Descalzo no fue un exabrupto generacional. Fue parte de un ejercicio colectivo, que viene impulsado por militantes de la ciudad de Buenos Aires,  para pensar qué viene después del ciclo actual.

¿Qué viene? ¿Cómo se construye otro modelo para la Ciudad?

El agotamiento del macrismo porteño no habilita, por sí solo, una alternativa opositora. Veinte años de hegemonía del PRO no se explican solo por la habilidad de ese espacio, sino también por la incapacidad de sus adversarios para ofrecer un proyecto de ciudad distinto y creíble. Ese es el punto de partida real para pensar qué viene, no alcanza con señalar el agotamiento de un modelo, hay que disputarle a ese modelo el sentido común que construyó durante dos décadas sobre lo que es una ciudad bien administrada.


La  construccion pasa explícitamente por combinar la experiencia de dirigentes con trayectoria con la mirada de una militancia territorial joven que no repita consignas ni relea la Ciudad con los mismos anteojos con los que el peronismo tradicional la perdió en 2007 y no logró recuperar desde entonces.


El primer terreno de esa disputa es material. Frente a un modelo que hizo de la tierra pública un negocio y del ajuste social una política de Estado, la alternativa porteña tiene que construirse sobre una premisa inversa: recuperar la centralidad de la vivienda pública, revisar el Código Urbanístico y el mecanismo de transferencia de capacidad constructiva que hoy subsidia a las desarrolladoras, y discutir en serio quién se queda con la renta del suelo urbano en la ciudad más cara del país. tambien discutir cual es el modelo productivo para la ciudad, luego de veinte años de desindustrializacion y expulsion de empresas industriales hacia el conurbano privilegiando el suelo para el desarrollo de negocios inmobiliarios y basar la economia local solo en servicios.

No son discusiónes técnicas menores, son las que definen si la Ciudad sigue expulsando a las familias jovenes y/o trabajadoras hacia el conurbano o empieza a retenerlas.

El segundo terreno es político y generacional. La experiencia y el trabajo de nuevos dirigentes como Descalzo expresan  que la construcción de una alternativa no puede apoyarse únicamente en la repetición de los esquemas con los que el peronismo porteño ya perdió varias veces.

Requiere una síntesis entre la experiencia acumulada de dirigentes con trayectoria territorial y una militancia joven dispuesta a nombrar, sin medias tintas, qué de lo anterior no funcionó. Esa síntesis todavía no existe como proyecto electoral cerrado, pero el diagnóstico compartido —que hay que pensar la etapa que viene sin repetir los mapas del pasado— es la condición necesaria para que empiece a construirse.

El tercer terreno es la propia crisis del PRO, que la oposición porteña todavía no explota lo suficiente. Un espacio que discute puertas adentro si su jefe de Gobierno es reelegible, que necesita a un tercero para sumar los votos que antes conseguía solo, y que es calificado de agotado por su propio socio electoral, ofrece una ventana que no se abrió en dos décadas. Construir otro modelo para la Ciudad no depende únicamente de mostrar que el macrismo se agotó. Depende de si, esta vez, hay del otro lado un proyecto capaz de ocupar ese lugar antes de que lo termine ocupando, con otros nombres y las mismas recetas, La libertad avanza. 

 

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