Lo que en octubre de 2025 parecía una victoria consolidada se fue deshilachando en los meses siguientes. Escándalos de corrupción, economía frágil, perdida de la iniciativa y una imagen presidencial en caída libre configuran el cuadro más delicado que Milei enfrentó desde que asumió.
La primavera duró poco. El 26 de octubre de 2025, con Donald Trump respaldando públicamente al gobierno argentino y condicionando un auxilio financiero de 20.000 millones de dólares al resultado de las urnas, La Libertad Avanza obtuvo un resultado que en la Casa Rosada interpretaron como una ratificación histórica del proyecto libertario. Seis meses después, esa lectura luce, en el mejor de los casos, prematura. En el peor, directamente equivocada.
Lo que vino después fue una secuencia que ninguna consultora cercana al oficialismo pudo disimular en sus informes: caída sostenida de la imagen presidencial, desgaste acelerado por escándalos de corrupción, economía que crece de manera desigual sin que ese crecimiento llegue al bolsillo de la mayoría, si bien comenzó el año con la aprobación de leyes importantes para el PE, luego vino una parálisis legislativa que duró casi todo marzo. El Gobierno que se proclamó el más reformista de la historia argentina cerró su tercer mes del año sin haber aprobado prácticamente nada en el Congreso.
La maldición que no es maldición
Los tres presidentes argentinos anteriores tuvieron malos terceros años de gestión. El 2014 de Cristina Kirchner, el 2018 de Mauricio Macri y el 2022 de Alberto Fernández fueron años de recesión económica y dificultades políticas que desembocaron en que los oficialismos no pudieran refrendar sus gestiones en las urnas. El patrón no es una maldición: es la combinación de desgaste natural con el momento en que las políticas aplicadas en los primeros años producen sus efectos, para bien o para mal.
En el caso de Milei, el tercer año arrancó con una acumulación de problemas que se retroalimentan. La inflación dejó de ocupar el centro del debate público, pero cedió ese lugar a preocupaciones más profundas: el empleo, los salarios y la corrupción. Ese corrimiento en la agenda no es menor: el gobierno libertario construyó buena parte de su legitimidad en la baja de precios y en la narrativa anticorrupción. Cuando ambas anclas se debilitan simultáneamente, el relato se queda sin sostén.
«La gran mayoría de los estudios ubica a la corrupción como el principal problema de la Argentina. Un gobierno que llegó a combatir a la casta, que tenga casos de corrupción, impacta directamente en su discurso moral.»
Analista político Pedro Buttazzoni — El Tribuno, marzo 2026
El triple escándalo que perforó el relato
En materia de corrupción, el gobierno de Milei acumuló tres casos que, sumados, resultaron devastadores para una administración que hizo de la transparencia y el combate a «la casta» su principal capital político. El primero fue el caso ANDIS: en febrero, 19 personas fueron procesadas por presuntos sobornos y sobreprecios en la Agencia Nacional de Discapacidad. El exdirector de ese organismo, Diego Spagnuolo, amigo y abogado personal de Milei hasta el momento en que estalló el escándalo, fue señalado por el juez de la causa como líder de una asociación ilícita que convirtió un organismo pensado para proteger a los más vulnerables en una oportunidad de enriquecimiento ilícito.
El segundo frente fue el caso $LIBRA: el 14 de febrero de 2025, Milei había promovido en sus redes sociales una criptomoneda que en pocas horas resultó ser un fraude, vaciando los bolsillos de miles de inversores. Las revelaciones judiciales en torno al episodio siguieron acumulándose hasta bien entrado 2026, con nuevos imputados y vínculos que alcanzaron al entorno presidencial.
El tercer capítulo fue el affaire del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuya escandalosa evolución patrimonial —viaje en chárter a Punta del Este, propiedades en un country— lo dejó, según fuentes del propio Gobierno, «destruido» en imagen. La hermana presidencial, Karina Milei, no salió a defenderlo en público pese a haberlo hecho inicialmente, y los cuatro nombres que circulaban para reemplazarlo en Olivos dejaban ver que la salida era cuestión de tiempo.
Las denuncias pegan en la línea de flotación del gobierno libertario porque involucran al poder central, Javier Milei, con el caso Libra, Karina Milei, con las coimas del ANDIS y al Jefe de Gabinete y principal vocero, Manuel Adorni, con denuncias de enriquecimiento ilícito.
El resultado fue una ecuación política letal para el oficialismo: el 54% de los consultados en encuestas realizadas para el propio Gobierno afirmó que Milei «es más de lo mismo». La corrupción, que el libertarismo había prometido erradicar, pasó a encabezar la lista de problemas del país con un 43,3%, según el relevamiento de AtlasIntel de marzo.
«Hoy la gran mayoría de los estudios ubica a la corrupción como el primer problema de la Argentina.»
Consultoras privadas — La Política Online, marzo 2026
Una economía que crece, pero no para todos
El Gobierno tiene un argumento económico que no es menor: el PBI creció en 2025. Sin embargo, esa recuperación no fue suficiente para que el empleo aumentara también. Por primera vez en el siglo, el desempleo subió en un año de crecimiento positivo del producto. El salario real del sector privado registrado tocó en enero de 2026 su nivel más bajo en 18 meses. Y la mora de hogares en entidades financieras escaló del 2,5% en octubre de 2024 al 10,6% en enero de 2026.
En ese marco, la industria y la construcción continuaban en niveles inferiores a los de noviembre de 2023. La suba de la actividad económica coexistía con el cierre de fábricas y comercios, con un quiebre en el consumo que los propios empresarios describían como «catastrófico» desde la última quincena de marzo. Un empresario gastronómico consultado por La Política Online resumió la situación sin eufemismos: «Los que decían que había que esperar ya están puteando a Milei y dicen que no lo van a votar».
La consultora 1816 sintetizó el cuadro en un informe que circuló en despachos gubernamentales: la recuperación fue despareja, concentrada en Vaca Muerta y en la pampa húmeda, con muchas provincias marginadas del rebote. El crecimiento del 4% proyectado para 2026 no alcanzaría a la mayoría de los distritos del país, lo que generaría, según la consultora, un crujido del humor popular que el gobierno no está en condiciones de absorber políticamente.
Parálisis legislativa y la ventana que se cierra
El mes de marzo fue, en el propio reconocimiento de fuentes gubernamentales, de «bajo ritmo parlamentario». El Ejecutivo que en el verano había aprovechado las sesiones extraordinarias para aprobar la reforma laboral y el Presupuesto 2026 —con el voto clave de los gobernadores dialoguistas— no logró capitalizar ese impulso. Las fuentes cercanas al Gobierno fueron claras: «Creemos que tenemos hasta agosto para poder continuar con la dinámica que tuvimos desde las sesiones extraordinarias». El margen se acota y la agenda se complica.
La falta de cuadros técnico-políticos es uno de los factores que los propios analistas del oficialismo identifican como limitantes estructurales. Un gobierno que llegó al poder como movimiento antisistema, con pocos funcionarios con experiencia de gestión, mostró en episodios como el de ANDIS, el de Pettovello con los alimentos vencidos o el de Adorni con sus bienes, las consecuencias de ese déficit. El problema no es solo de imagen: es de capacidad operativa para conducir el Estado sin incidentes que alimenten la percepción de descontrol.
«Si bien va a haber crecimiento en 2026, va a ser desparejo. Ese crecimiento va a crujir la economía y el humor popular.»
Consultora 1816 — La Política Online, marzo 2026
La imagen cae, pero el piso resiste
La última encuesta de la Universidad de San Andrés marcó un deterioro claro: solo el 33% de satisfacción con la marcha del gobierno, una caída de 7 puntos respecto de noviembre de 2025. La aprobación presidencial se ubicó en 39%. El relevamiento de AtlasIntel que circuló en marzo registró que el rechazo al presidente superaba el 60%. La desaprobación de la gestión Milei llegó al mínimo histórico de 36,4%, según Infobae, en su tercer mes consecutivo de caída.
Sin embargo, los analistas distinguen entre imagen y voto. El consultor Iván Rodríguez sostuvo que la caída en aprobación no necesariamente arrastra la intención electoral: «el electorado votó a Milei priorizando la solución en lo económico» y mientras esa expectativa no colapse definitivamente, el piso del oficialismo se mantiene. Otro dato lo respalda: del 40% obtenido en las últimas legislativas, hay un núcleo duro del 12% que representa a votantes que simplemente no ven otra alternativa y volverán a LLA por descarte.
Pero los analistas más críticos señalan una dinámica más profunda. El politólogo Ezequiel Jiménez lo enunció con precisión: «la inflación ya no es número uno, ahora pasa por empleo, salario y corrupción». Cuando el principal activo discursivo del gobierno —la baja de precios— pierde centralidad y los nuevos temas emergentes son todos negativos para la gestión, la batalla narrativa se vuelve cuesta arriba. Y en ese terreno, el oficialismo no muestra capacidad de respuesta: el propio presidente pasó el 25 de marzo 3 horas y 19 minutos en X respondiendo a usuarios anónimos, un comportamiento que sus propios colaboradores reconocen como un síntoma de frustración.
Sin relato que tape la precariedad
En Argentina, los gobiernos que no logran recuperarse en el tercer año raramente refrendan en el cuarto. El 2014 de CFK, el 2018 de Macri y el 2022 de Alberto Fernández son el precedente inmediato. El de Milei enfrenta ese umbral con una combinación que ninguno de sus antecesores tuvo de manera tan concentrada: crisis fiscal que se federaliza hacia las provincias, escándalos que perforan el capital moral del «antisistema», una economía que crece sin derrame y una parálisis legislativa y de gestión que amenaza con volverse crónica.
Dentro del Ejecutivo ya se discute en voz baja la posibilidad de adelantar las elecciones presidenciales. Algunos empujan esa opción porque creen que el 2027 será financieramente peor, con pagos de deuda externa por 28.000 millones de dólares y riesgo país en alza ante la incertidumbre sobre la reelección. Otros la descartan porque «adelantar elecciones es de loser». El debate, más que resolver algo, refleja el estado de un gobierno que mira el calendario con más angustia que certeza.
El octubre de 2025 fue real: LLA ganó las elecciones legislativas. Pero el apoyo de Washington que infló esa victoria fue, como suele ocurrir, circunstancial y acotado. Lo que el primer trimestre de 2026 mostró con una claridad incómoda es que esa primavera se fue, y que el otoño que llegó no tiene mucho relato con qué cubrirse.
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA
