A 50 años del 25 de marzo de 1976

La tapa del diario Clarín del 25 de marzo de 1976 anticipaba con notable claridad el rumbo político que asumiría la dictadura iniciada el día anterior. En sus titulares y en su selección de hechos se delineaba, sin eufemismos, el núcleo del proyecto que comenzaba a desplegarse.
Por David Selser

Cuando anunció la intervención de la Cruzada Justicialista (Cruzada de Solidaridad Justicialista), la CGT y la CGE, se estaba señalando algo más profundo que una mera acción administrativa: se trataba de un ataque directo a los pilares fundamentales de un modelo político basado en la comunidad organizada.

Aquellos tres ejes —la producción nacional, el trabajo argentino y la fraternidad activa entre los ciudadanos— conformaban, articulados por el Estado, un proyecto que concebía al desarrollo como un proceso revolucionario permanente.  La dictadura avanzó con precisión sobre estos tres aspectos de la representación del colectivo.
Superado ese ominoso tiempo de ladrones, vendepatrias y genocidas, el devenir democrático mostró resultados desiguales en la reconstrucción los actores sociales. Con el retorno de la democracia, el trabajo organizado y la solidaridad social lograron recuperar su carácter político. Hoy encuentran expresión en las organizaciones sindicales y en los movimientos sociales, protagonistas relevantes de la vida pública.
Distinta fue la suerte de la producción nacional. Pasadas más de cuatro décadas, la representación de ese sector no ha logrado restituirse como sujeto político. Más allá de coyunturas favorables como la transcurrida entre 2003 y 2015, la estructura productiva no recuperó el lugar estratégico que supo tener.
El desmembramiento del poder político del entramado industrial de escala PyME (empresas y cooperativas) evidencia el cumplimiento más acabado y duradero del objetivo fundamental de la dictadura.
Lejos de ser un fenómeno del pasado, esta cuestión adquiere renovada vigencia en el presente. Bajo el régimen que encabezan Milei y Villarruel, la gestión está dirigida deliberada y fatalmente al quebranto definitivo de la industria argentina.
Frente a este escenario, reubicar a la producción como sujeto político en la centralidad de la agenda será una condición necesaria para el éxito de un próximo gobierno que surja del campo nacional, democrático y popular.