Noche de gases y corridas frente al Congreso

La Plaza de los Dos Congresos empezó el miércoles 11 de febrero como tantas otras veces: bombos, banderas, columnas que llegaban por Avenida de Mayo y Callao, puestos de agua, gente suelta mirando desde la vereda.

Adentro, el Senado debatía la reforma laboral. Afuera, el reclamo se acomodaba en modo movilización. El quiebre llegó cuando, cerca del vallado, un grupo reducido empujó la primera chispa: intentos de tirar vallas, piedrazos, proyectiles y escenas de violencia focalizada que, en minutos, cambiaron el paisaje.

Incidentes por la reforma laboral: gases, explosiones y detenidos en las afueras del Congreso | Punto Noticias

Desde ese momento, la plaza se partió en dos. A pocos metros del cordón policial crecían los choques; más atrás todavía había columnas organizadas cantando y esperando el curso de la sesión. La tensión subió por escalones: primero el avance sobre el vallado, después los gases, y enseguida las corridas, con gente buscando aire en las esquinas y tratando de no quedar atrapada entre las vallas, los hidrantes y la nube de lacrimógeno.

La secuencia que encendió el conflicto

El inicio de los incidentes quedó registrado en videos y tomas aéreas difundidas por medios: en el foco duro del vallado se ve a grupos que avanzan y retroceden, mientras el dispositivo de seguridad se mantiene compacto, listo para intervenir. En esa zona se describieron escenas de lanzamiento de objetos y artefactos incendiarios improvisados. La respuesta fue inmediata: gases lacrimógenos, balas de goma y camiones hidrantes para empujar hacia atrás la primera línea de manifestantes.

Las cifras de heridos y detenidos fueron variando con el correr de las horas. Los primeros partes oficiales hablaron de heridos entre efectivos y detenciones puntuales; otras reconstrucciones posteriores ampliaron el número de personas asistidas por postas sanitarias y el total de detenidos/demorados. El resultado, en cualquier caso, fue el mismo: una movilización masiva terminó reducida a corredores de escape, ojos irritados y gente separada de su columna.

El debate por los “infiltrados” y la zona gris del operativo

En medio del humo y la confusión, apareció la discusión que sigue caliente: quiénes iniciaron los incidentes y con qué objetivo. Organizaciones y manifestantes sostuvieron que el estallido no representó a la marcha en su conjunto, sino a pequeños grupos encapuchados que buscaron provocar el primer choque para habilitar la represión. Algunas coberturas recogieron, incluso, la versión que circulaba en el lugar al cierre de la jornada: que entre esos encapuchados podía haber personas camufladas vinculadas a fuerzas de seguridad.

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En ese punto se instaló otra denuncia que tensó aún más el clima: fotógrafos y cronistas registraron a presuntos provocadores moviéndose con relativa libertad en el área caliente, mientras —según el testimonio de manifestantes y organismos que monitorearon la protesta— la intervención de las fuerzas fue pasiva o tardía frente a esos primeros focos, y mucho más dura cuando el operativo se desplegó sobre columnas o personas sueltas que no estaban en actitud violenta.

Hasta el momento el pequeño grupo que inicio los incidentes no ha  sido  identificados, ni se conocen peritajes judiciales, a pesar de las grabaciones y fotografías aportadas por los medios que cubrieron la jornada. La falta de una respuesta policial aumentan las sospechas de  un accionar planificado para justificar  la represión y opacar la masividad de la marcha.

El momento más áspero: la represión se expandió y alcanzó a quienes se retiraban

Con el avance de los hidrantes y el gas, la plaza empezó a vaciarse por oleadas. Muchos se replegaron con sus columnas; otros quedaron aislados, corriendo sin rumbo claro para salir del aire irrespirable. En paralelo, surgieron denuncias que describen una segunda etapa: la represión extendida hacia calles laterales, con detenciones y hostigamiento fuera del perímetro inmediato del Congreso.

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Un tramo especialmente sensible quedó señalado por organismos y relatos de testigos: la persecución a manifestantes que ya se estaban desconcentrando, incluso lejos de la plaza. Se mencionaron episodios en los que grupos fueron frenados o encerrados en calles aledañas, con uso de gas y balas de goma en momentos en que —según esas versiones— no había enfrentamiento activo sino retirada. La noche terminó, para muchos, no en Plaza Congreso sino varias cuadras después, en esquinas donde la protesta ya había terminado  y el operativo seguía en modo cacería.

Una escena que ya se vuelve un patrón

El saldo político quedó partido como la plaza: el Gobierno habló de violencia organizada y prometió identificar responsables; del otro lado, sindicatos, organizaciones y organismos de derechos humanos pusieron el foco en el uso de la fuerza, la proporcionalidad del operativo y el impacto sobre manifestantes pacíficos, personal de prensa y gente que se retiraba.

Con la media sanción en el Senado, la reforma laboral entra en la cancha de Diputados. En paralelo, el episodio de la represión abre otra discusión que seguirá creciendo: ¿Quién inició los disturbios, cómo actuó el operativo y qué controles institucionales se activan? (judiciales, parlamentarios y de organismos de derechos) para auditar responsabilidades en una noche que dejó heridos, detenidos y una grieta más profunda entre el Gobierno y el movimiento sindical.

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA