El campo cerró 2025 con el mayor volumen exportado de la historia y un salto en ingresos. Pero el “éxito” convive con una alerta: se dispararon importaciones de maquinaria —sobre todo desde Brasil— y la macro volvió a quedar atada a un motor que no tracciona empleo industrial.
La agroindustria argentina terminó 2025 con una marca que el Gobierno y el sector celebran: récord de volumen exportado y fuerte suba en el ingreso de divisas. Según datos difundidos por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y replicados por Ámbito, el complejo agroindustrial alcanzó 115,41 millones de toneladas exportadas y u$s50.549 millones en ventas externas, con un aumento interanual de 9,3% en valor y 12% en cantidades.
El dato no es menor por dos razones. Primero, porque llega después de un ciclo castigado por la sequía y con precios internacionales lejos de sus picos recientes. Segundo, porque en un esquema económico que sigue priorizando el equilibrio de caja y la acumulación de reservas, el agro volvió a funcionar como proveedor central de dólares. En términos de política económica, eso refuerza una dinámica conocida: cuando la producción y exportación agrícola mejora, el frente externo respira; cuando se frena, la tensión cambia de canal y reaparece en el tipo de cambio, en la actividad y en la disponibilidad de importaciones.
¿Qué explica el salto: granos, derivados y carne, con retenciones como variable política?
El informe citado por Ámbito remarca que el incremento se explicó principalmente por granos (soja, trigo, maíz), sus derivados industriales (harina y aceites) y la carne vacuna. En ese paquete aparece una variable sensible, porque no es técnica sino política: el rol de los Derechos de Exportación (retenciones). Distintos actores del sector vinculan el ritmo de ventas y liquidación a los cambios en ese esquema, con reducciones temporales que aceleran decisiones comerciales.
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Canasta concentrada: 10 complejos explican 93% del volumen agroexportador
En paralelo, la Secretaría de Agricultura difundió que diez complejos (soja, maíz, trigo, cebada, girasol, sorgo, foresto-industria, bovinos, maní y legumbres) concentraron 93% del volumen exportado, lo que muestra la magnitud del récord, pero también la concentración de la canasta exportadora.

El otro costado: récord de exportación y récord de “tracción” importadora en maquinaria
La nota de Ámbito introduce un contrapunto que suele quedar fuera de la foto oficial: el récord exportador no implica necesariamente fortalecimiento de la base productiva local. Un informe del Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino (IDAA) advierte que en 2025 se dispararon las importaciones de pulverizadoras autopropulsadas, con compras por u$s54,4 millones, 115% más que en 2024 y cinco veces el promedio anual 2020/2023. El dato más político-industrial: el 91% de esas importaciones provinieron de Brasil.
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Señal industrial: importación de pulverizadoras por u$s54,4 millones (+115% i.a.), con 91% desde Brasil.
Dicho en llano: exportamos más, pero una parte relevante de la modernización del aparato productivo agrario se abastece con bienes de capital importados. Para la macro, esto tiene un efecto directo: cuando sube la actividad de los sectores transables, también sube la demanda de dólares para equipamiento, tecnología, repuestos e insumos. Es una discusión estructural sobre la balanza comercial y sobre qué parte de la renta exportadora se reinvierte en capacidad industrial local.
El agro como “ancla” de la actividad, mientras la industria cae
La relevancia política del récord se entiende mejor mirando el mapa completo de la economía. Ámbito citó estimaciones privadas que señalan que el repunte de fin de año estuvo marcado por la cosecha, en un contexto de heterogeneidad sectorial. Esa heterogeneidad aparece con nitidez en los datos oficiales del EMAE: en noviembre de 2025 la actividad cayó 0,3% interanual y 0,3% mensual desestacionalizada, según INDEC.
Sobre el cierre del año, la Bolsa de Comercio de Rosario informó que el Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR) marcó un nuevo máximo en diciembre de 2025: +1,7% frente a noviembre y +11,3% frente a diciembre de 2024. En el mismo tono, consultoras privadas atribuyeron al agro el “salvataje” estadístico de un tramo donde otros sectores venían flojos, con una expansión interanual del agro cercana a 28% en diciembre, según estimaciones difundidas por medios que retomaron a Equilibra.
La pregunta que abre ese cuadro no es contable: es de modelo. Una economía puede crecer por un rebote exportador y, al mismo tiempo, sostener un proceso de contracción industrial y comercial. Ese mix impacta distinto en empleo, salarios y entramado pyme. Y explica por qué una buena noticia del agro convive con un clima social y productivo que no siente el “récord” en el bolsillo
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115,41 millones de toneladas exportadas y u$s50.549 millones: récord en volumen y alto nivel en ingresos.

Lo que viene: la discusión no es “campo sí o campo no”, es poder de decisión sobre los dólares
El récord exportador deja una lección inmediata para 2026: la política económica seguirá girando alrededor de dos restricciones. La primera es externa: la disponibilidad de divisas para sostener importaciones, pago de deuda y estabilización cambiaria. La segunda es productiva: qué sectores empujan la actividad y cuáles quedan atrás.
En ese punto, el récord del agro opera como un espejo incómodo. Confirma que Argentina tiene una plataforma competitiva fuerte en alimentos, granos y derivados. Pero también muestra que el país sigue discutiendo lo mismo: ¿Quién captura y administra los dólares?, y con qué prioridades. Si el excedente exportador se usa solo como “puente” financiero de corto plazo, la economía vuelve al ciclo de siempre: alivio cuando el campo rinde, tensión cuando se agota la ventana. Si, en cambio, se convierte en palanca para acumular capacidades industriales (bienes de capital, insumos difundidos, logística, energía, tecnología), el récord deja de ser una noticia anual y pasa a ser una estrategia de desarrollo.
La política, al final, no es el rendimiento de una campaña. Es la decisión sobre el destino de esa renta y sobre el tipo de país que se construye con ella.
