En su paso por el Foro Económico Mundial 2026, el Presidente combinó reuniones con CEOs financieros, un saludo protocolar con Suiza, una intervención doctrinaria “después de Trump” y una agenda de alto perfil mediático y geopolítico. ¿Qué hizo, con quién habló y qué mensajes dejó?.
Javier Milei volvió a Davos con un objetivo claro: reforzar ante el establishment global que su gobierno quiere jugar “a favor del mercado” y contra cualquier forma de intervención estatal. La novedad no fue el rumbo —ya conocido— sino el formato: una gira concentrada en tres frentes (finanzas, relato ideológico y alineamiento internacional) con una puesta en escena diseñada para audiencias externas, pero con ecos directos en la política interna.

El arranque: CEOs financieros y “señales” al mercado
La primera foto fuerte de la visita llegó con un encuentro con CEOs de bancos y firmas financieras globales, difundido por la Casa Rosada como parte de la agenda oficial en Davos. El Gobierno lo presentó como una ronda para exhibir confianza, atraer interés inversor y sostener el mensaje de “normalización” económica. En términos políticos, fue una escena pensada para un interlocutor específico: el capital financiero internacional, al que la administración Milei busca convencer con reformas, desregulación y previsibilidad macro.
En paralelo, Milei mantuvo un saludo y breve intercambio con Guy Parmelin, dirigente suizo que oficia como una de las principales autoridades del Ejecutivo helvético. Fue un gesto protocolar, pero útil: sumar una bilateral “limpia” en un foro donde, a veces, la agenda se reduce a pasillos y fotos.
El “Country Strategy Dialogue”: Argentina como pitch
Antes del discurso central, la agenda incluyó una disertación en el Country Strategy Dialogue on Argentina ante CEOs globales. Ahí el formato es menos épico y más transaccional: Argentina como “caso” y como oportunidad, con el Presidente en rol de presentador de reformas. El Gobierno buscó mostrar orden de prioridades: primero el circuito de decisión empresaria, después el plenario y, por último, la exposición pública con narrativa política.
El discurso “después de Trump”: doctrina, moral y enemigos conceptuales.
El plato fuerte llegó con la intervención de Milei en el Foro, ubicada después del discurso de Donald Trump. Si alguien esperaba un repaso técnico de indicadores, no lo encontró. Milei eligió un registro conceptual y moral, con frases de impacto y una estructura que insistió en una idea matriz: “el socialismo siempre termina mal”. Volvió a usar a Venezuela como ejemplo de derrumbe económico e institucional, y planteó que la defensa del capitalismo no debe basarse solo en productividad sino en “virtud ética”.
El “Consejo de Paz” y los saludos con Rubio/Kushner marcaron una señal de alineamiento con la órbita republicana en EE.UU.
En esa lógica, el Presidente repitió una tesis que ya es marca de identidad: el problema no es solo la economía sino la política como intermediación. Cuando pide que “los políticos dejen de fastidiar” a quienes “crean un mundo mejor”, está diciendo algo más que una consigna liberal: está justificando una forma de poder donde el Estado se corre de la regulación, pero también se corre de la mediación democrática tradicional.

El punto crítico —sin necesidad de exagerar— es el desacople entre el tono moralizante del mensaje y la discusión concreta sobre costos sociales, productividad y estructura argentina. Davos suele premiar el “relato claro”; el problema es cuando ese relato, al volver a casa, choca con la microeconomía real: salarios, consumo, pymes, empleo y tejido productivo.
Jueves de geopolítica: “Consejo de Paz” y cercanía con Washington
La segunda jornada cerró el triángulo con un componente geopolítico explícito. Milei firmó la integración de Argentina al Consejo de Paz impulsado por Donald Trump, en una ceremonia de alto perfil. Distintos reportes periodísticos destacaron que el Presidente tuvo visibilidad en el acto y se mostró cercano al mandatario estadounidense.
En ese mismo clima, Milei y el canciller Pablo Quirno saludaron al secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, un gesto que el Gobierno comunicó como parte de la profundización del vínculo con la Casa Blanca. Además, la agenda oficial informó un encuentro/saludo con Jared Kushner, mencionado como miembro ejecutivo del Board of Peace.
El tramo mediático: entrevistas y control del mensaje
Davos no es solo reuniones: es control de narrativa. En la hoja de ruta difundida por medios, el jueves aparecía con “fuerte componente mediático”, incluyendo entrevista con Bloomberg y un intercambio periodístico con la editora en jefe de The Economist. Es decir: Milei no solo buscó hablarle a gobiernos y bancos, sino también instalar su interpretación del mundo en los canales que moldean reputación e inversión.

Cierre social y deportivo: el encuentro con Infantino
En el “último día” de agenda pública, se informó un encuentro con Gianni Infantino, presidente de FIFA, como parte del cierre de la gira. Es un tipo de reunión que, en Davos, funciona como complemento: amplía redes, suma foto y permite conversaciones menos rígidas que las de la diplomacia formal.
El saldo político interno es inevitable: Davos potencia el “sello Milei”, pero también agranda la pregunta por resultados concretos en casa.
En Davos, Milei mostró coherencia: fue a decir lo que siempre dice, pero en versión “exportación”, con reuniones financieras para dar señales de confianza, un discurso moral sobre capitalismo y una foto geopolítica nítida con el universo Trump. La implicancia inmediata es doble. Hacia afuera, el Gobierno busca consolidar credibilidad y acceso a redes de poder. Hacia adentro, el problema no es el aplauso en Suiza: es la traducción de esa épica ideológica a una Argentina donde la economía real y el conflicto social no se resuelven con consignas. Y ahí, tarde o temprano, Davos queda lejos.
