Davos 2026: diálogo en el escenario, disputa en los pasillos

El Foro Económico Mundial abre del 19 al 23 de enero con un lema amable —“A Spirit of Dialogue”—, pero llega atravesado por un dato incómodo: la mayoría de su propia comunidad de expertos ya da por hecho un mundo multipolar o fragmentado.

La agenda oficial habla de cooperación, innovación y “prosperidad dentro de los límites del planeta”. La agenda real, menos presentable, es otra: ¿Cómo administrar el choque de potencias, el regreso del proteccionismo y el costo político de sostener un modelo que promete estabilidad, pero entrega incertidumbre.?

Un Davos marcado por la “edad de la competencia”

La señal más clara no viene de un discurso, sino del Global Risks Report 2026 del propio WEF: la confrontación geoeconómica aparece como el riesgo más probable de detonar una crisis en el corto plazo (lidera el ranking de riesgos a dos años), y 68% de los encuestados anticipa que la próxima década será de orden multipolar o directamente fragmentado. En paralelo, solo 1% cree que el mundo estará “calmo”. Ese número, por sí solo, explica el tono del encuentro: no es euforia, es administración del daño.

La foto de 2026 también viene cargada por afuera: el FMI advirtió que tarifas y tensiones geopolíticas amenazan mercados y crecimiento, justo cuando los líderes aterrizan en Suiza. Y la política, este año, tiene nombre propio: Donald Trump vuelve a Davos en persona y su agenda de aranceles y presión comercial se mete como ruido de fondo en casi todas las conversaciones.

Temas centrales y “conclusiones” previsibles

En la agenda pública, el WEF organiza la discusión alrededor de cinco preguntas: cooperación en un mundo más disputado; nuevas fuentes de crecimiento; invertir en personas; desplegar innovación a escala y con responsabilidad; y prosperidad dentro de límites planetarios.

En términos prácticos, eso se traduce en cuatro ejes que van a dominar titulares y paneles:

  1. Guerra económica y reglas del comercio: sanciones, aranceles, “friend-shoring”, cadenas de suministro y materiales críticos. La palabra “diálogo” funciona acá como una manta corta: tapa el conflicto, no lo resuelve.

  2. IA y poder: no solo ética o empleo, sino infraestructura, energía, chips, datos y regulación. La pregunta real no es si la IA “cambia todo”; es quién paga la cuenta y quién captura la renta en la nueva economía.

  3. Crecimiento con tensión social: el Davos de 2026 llega con el debate de desigualdad muy arriba (y protestas alrededor), porque la legitimidad del “capitalismo de stakeholders” quedó golpeada por años de inflación, precariedad y concentración.

  4. Energía, clima y seguridad: la transición energética ya no se vende como épica; se discute como problema de competitividad y abastecimiento (energía firme para industria y data centers, resiliencia hídrica, shocks climáticos).

La “conclusión” más probable, como casi siempre, será una fórmula de consenso: cooperación, marcos de gobernanza para IA, inversión en capacidades laborales y financiamiento climático. El problema es que el diagnóstico del propio WEF sugiere que los incentivos están rotos: cuando la competencia entre potencias se vuelve regla, la cooperación se vuelve excepción.

Lo que se cocina entre bambalinas: la agenda no pública

Davos no es un congreso académico: es un mercado de señales. Lo que importa muchas veces no es lo que se dice en público, sino:

  • Coordinación política de emergencia: reuniones discretas entre asesores y ministros para desactivar conflictos, anticipar sanciones, responder aranceles o pactar “líneas rojas”. Esta edición lo expone sin pudor: Reuters reportó encuentros de asesores de seguridad para tratar temas sensibles como Groenlandia, empujados por tensiones recientes.

  • Lobby regulatorio y reparto de costos: IA, datos, privacidad, impuestos mínimos, comercio “verde” y subsidios industriales. El objetivo tácito es evitar que la fragmentación se convierta en una lluvia de regulaciones incompatibles… salvo cuando conviene que sean incompatibles, para proteger mercados.

  • Negocios de transición: energía (gas, nuclear, renovables), minerales críticos, defensa/ciberseguridad y seguros. En un mundo turbulento, “resiliencia” es una palabra elegante para decir: rentabilidad en escenarios de crisis.

  • Gestión de reputación: empresas y gobiernos llegan a Davos a blindar narrativas. En 2026, con caída de confianza y discusión de desigualdad, esa cocina es central.

Milei en Davos: inversión, narrativa y contraste

Javier Milei figura entre los jefes de Estado y gobierno que participan del foro, y el programa del WEF incluye un “Special Address” suyo. En términos políticos, su presencia cumple dos funciones: hacia afuera, vender “Argentina inversión” (reformas, desregulación, energía y exportaciones como carta fuerte); hacia adentro, usar Davos como escena para reforzar un relato de “validación internacional”. Medios sectoriales ya lo vinculan con una agenda de promoción de reformas y proyectos energéticos como Vaca Muerta/LNG, un tema que en Davos suele conversarse más en reuniones privadas que en paneles.

En este Davos, Milei entra en un tablero donde el “libre mercado” ya no es la lengua franca. La época es más cruda: subsidios, aranceles, seguridad nacional y control tecnológico. Ese contraste puede jugarle a favor (si logra mostrarse como “país oportunidad” en un mundo que busca proveedores confiables) o en contra (si el clima global termina girando a protección y bloques, justo lo contrario de su discurso).