Magario sube el perfil y se planta en el centro del tablero bonaerense.

Verónica Magario aceleró su presencia pública en los primeros días de 2026: combina mensajes de gestión con un rol cada vez más visible en el reordenamiento del peronismo provincial. Con la interna del PJ bonaerense en cuenta regresiva y el horizonte 2027 sobre la mesa, la vicegobernadora se muestra como pieza clave del esquema de Axel Kicillof: sostiene la agenda de obra pública y, en paralelo, se posiciona en la disputa por la conducción partidaria.


Gestión en primer plano: la costa bonaerense como señal política

El movimiento más reciente fue en redes. Magario eligió un tema de alto impacto territorial y estacional: la erosión costera. “En la Provincia protegemos nuestra Costa”, escribió al visibilizar obras hidráulicas y de defensa en Pehuen Co (Coronel Rosales), donde el avance del mar compromete dunas, infraestructura y zonas urbanas.

No fue un posteo aislado ni un gesto menor. La defensa costera en Pehuen Co forma parte de un paquete de intervenciones que la Provincia viene comunicando como respuesta a un fenómeno que se acelera por tormentas más intensas y la dinámica del litoral. Según el Ministerio de Infraestructura bonaerense, la obra incluye una defensa enrocada al pie de la duna y un relleno artificial de arena, con un desarrollo de 1.560 metros. El propio ministro Gabriel Katopodis la enmarcó en un programa de 19 intervenciones en ciudades turísticas bonaerenses para “fortalecer la defensa costera” y proteger comunidades y actividad económica.

El trasfondo es claro: en temporada alta, la costa funciona como vitrina. Y en una provincia donde la obra pública es marca de identidad política del oficialismo, la vicegobernadora eligió una agenda que combina prevención, Estado presente y protección del turismo y el comercio local, además de proyectar una imagen de alcance territorial que excede al conurbano.

El salto político: “Vamos por el PJ” y el respaldo explícito a Kicillof

La suba de perfil no se explica solo por la gestión. Magario también dejó señales hacia adentro del peronismo. A fines de 2025, en un acto en La Matanza, dio un paso al frente en la disputa por el PJ bonaerense: planteó que van “por la herramienta” partidaria y, además, instaló una definición de peso para el armado nacional al afirmar que Kicillof debe ser el candidato del espacio.

La combinación no es casual: conducción provincial y proyección nacional se ordenan como un mismo tablero. Quien controle el PJ bonaerense no solo administra una estructura: incide en la estrategia electoral, en la negociación con intendentes y en la arquitectura del peronismo rumbo a 2027.

El calendario que apura la interna

La pelea por la conducción no ocurre en abstracto: tiene fechas y reglas. Distintas coberturas coinciden en que la interna entró en su tramo decisivo, con plazos en febrero y elección prevista para marzo.

En ese marco, la visibilidad pública de Magario opera en dos direcciones: hacia afuera, refuerza la narrativa de gestión bonaerense; hacia adentro, la posiciona como figura competitiva y ordenadora en el proceso partidario. La estrategia es clásica en política provincial: mostrar “territorio y gestión” mientras se acumula poder en la herramienta.

Una vicegobernadora con doble comando: Senado y campaña implícita

Magario juega, además, con una ventaja institucional: preside el Senado bonaerense. Ese rol la mantiene en el centro de la escena legislativa y, por extensión, de la agenda política diaria. En un contexto donde el peronismo discute conducción y rumbo, la titularidad de la Cámara alta le da visibilidad, capacidad de articulación y acceso permanente a la rosca fina con intendentes, bloques y actores provinciales.

Pero la novedad es otra: en este arranque de año, Magario no se limita a cumplir funciones institucionales. Busca marcar agenda propia, con gestos que refuerzan el “nosotros” del oficialismo bonaerense y, a la vez, la distinguen como dirigente con proyección.

La construcción de centralidad: territorio, obra pública y disputa de conducción

El patrón se repite: cada intervención pública une gestión y política. La costa, por ejemplo, no es solo un tema ambiental. Es economía local, infraestructura, defensa frente a eventos extremos y un reclamo que atraviesa municipios turísticos. La Provincia lo comunica como política activa; Magario lo toma y lo pone en primera persona, elevando su exposición.

En simultáneo, la vicegobernadora busca consolidar un lugar de síntesis en el kicillofismo: respaldo “sin matices” a la gestión y disposición a asumir el costo de una disputa partidaria en un momento de tensión interna. La señal hacia el 2027 queda implícita: si Kicillof mira la Nación, el ordenamiento bonaerense necesita conducción, y allí Magario aparece como candidata natural del dispositivo provincial.

Lo que está en juego

La pelea por el PJ bonaerense es, en los hechos, una disputa por el comando del principal distrito del país. No es solo quién firma los papeles del partido: es quién define candidaturas, alianzas y estrategia. Con el oficialismo nacional en vereda opuesta y un peronismo que busca reorganizarse, la Provincia vuelve a ser epicentro.

En ese tablero, Magario intenta capitalizar tres activos: la gestión como bandera (obra pública), el territorio como legitimidad (costa y municipios) y la institucionalidad como palanca (Senado). El objetivo es claro: ocupar el centro de la escena bonaerense, acompañando a Kicillof en el gobierno y, al mismo tiempo, ordenando el armado partidario para lo que viene.

La interna dirá si ese movimiento cristaliza en una lista de unidad o en una elección con disputa abierta. Pero algo ya cambió: en el inicio de 2026, Magario dejó de jugar solo como socia de gobierno. Empezó a jugar, también, como protagonista.

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA