Una economía que no arranca

El riesgo país argentino subió 18% en agosto y cerró la semana en 511 puntos, el nivel más alto desde junio, según el índice que elabora JP Morgan. La Nación tituló la noticia con las cinco razones de la suba y, al enumerarlas, redactó sin proponérselo un cargo contra la gestión de Javier Milei y Luis Caputo: economía que no arranca, inflación que no cede, humor social en baja, esquema monetario difícil de leer y contexto internacional. Las primeras cuatro nacen en decisiones de la propia administración; la quinta, la externa, es la única que el oficialismo puede invocar sin comprometerse, y no alcanza para explicar un salto de esa magnitud.

La consultora Econviews, que dirige el exsecretario de Finanzas Miguel Kiguel, describió la situación sin eufemismos: el consumo masivo cae, la construcción, la industria y el comercio están aletargados, y los sectores que sí crecen —minería, agro y energía— representan apenas el 13% del producto, una porción insuficiente para traccionar el conjunto. Los datos de julio sostienen el diagnóstico: la producción automotriz cayó 5,4% mensual y acumula una baja de 12,6% en dos meses, mientras los patentamientos de autos informados por Acara se desplomaron 17,7% mensual y 30% interanual. La inflación, con un 2,1% mensual en julio y 33,8% interanual, cortó la desaceleración que venía sosteniendo las expectativas oficiales.

El propio Gobierno reconoce el cuadro, aunque lo administra con otro vocabulario. El ministro Caputo admitió la necesidad de reactivar la economía cuando flexibilizó la norma que regula los préstamos en dólares, y el titular del Banco Central, Santiago Bausili, aceptó que la actividad crece menos de lo esperado. El diagnóstico oficial no niega el estancamiento: lo posterga. La promesa de una recuperación en el segundo semestre, repetida desde comienzos de año, convive con el reemplazo del esquema de licitaciones quincenales por un manejo diario de los depósitos del Tesoro en el Banco Central, un cambio de instrumento que, según la consultora Outlier, generó más dudas que certezas entre los inversores sobre si el objetivo es restringir la liquidez, ordenar la curva de tasas o sostener el tipo de cambio.

Ninguno de los cinco factores que enumeró La Nación es ajeno a la política económica vigente. Un programa que eligió enfriar la demanda como método antiinflacionario no puede sorprenderse de que la economía no arranque, y un esquema monetario construido sobre la opacidad no puede exigirle confianza al mercado que dice cortejar. El aumento del riesgo país no es una anomalía de los inversores, es la lectura que el propio sistema financiero hace de un rumbo que, camino a las elecciones de octubre de 2027, todavía no encontró la manera de traducir el ajuste en crecimiento.

 

ANTONIO MUÑIZ
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA

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