Mariana Mazzucato y la polémica sobre el rol del sector público

La reconocida economista rompe con décadas de dogma liberal al demostrar que el Estado no sólo corrige, sino que crea los mercados más rentables. Su teoría del «Estado emprendedor», respaldada por el origen público de tecnologías clave como el iPhone o el GPS, se convirtió en un dolor de cabeza para los defensores de la motosierra.


La economía de mercado no genera innovación por sí sola. Esa es la premisa que la economista italo-estadounidense Mariana Mazzucato (Roma, 1968) levantó como una bandera en 2013, cuando publicó “El Estado emprendedor”, y que hoy resuena como un desafío directo a las políticas de ajuste que aplica Javier Milei en Argentina.

Profesora de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College London (UCL) y directora del Instituto para la Innovación y el Propósito Público, Mazzucato no es una académica cómoda para la ortodoxia liberal. Su trabajo cuestiona la narrativa que presenta al sector privado como el único motor del progreso tecnológico y al Estado como un lastre.

Y no se queda en la teoría. En sus libros, la economista desmenuza la historia de tecnologías que hoy damos por sentadas. El internet, el sistema de posicionamiento global (GPS) y la pantalla táctil del iPhone, señala, fueron desarrollados con financiamiento público antes de que las grandes tecnológicas los comercializaran.

«Sin DARPA no habría Silicon Valley», sentenció en una conferencia, en referencia a la agencia de proyectos de investigación avanzados del Departamento de Defensa de Estados Unidos. La frase resume su tesis central: el Estado es un socio indispensable, un inversor de primera etapa que asume riesgos que el capital privado, por su naturaleza cortoplacista, no está dispuesto a tomar.

Claves del pensamiento de Mazzucato

  • Estado emprendedor: El sector público no repara «fallos de mercado», sino que crea activamente nuevos mercados.

  • Creación vs. extracción de valor: La economista diferencia las actividades que generan riqueza real de las que simplemente la extraen.

  • Políticas por misiones: Propone estrategias orientadas a grandes desafíos (como el cambio climático) para movilizar inversiones público-privadas.

  • Efecto multiplicador: Postula que cada peso de inversión pública estratégica estimula una mayor inversión privada.

El impacto de sus ideas trascendió las aulas. Mazzucato asesoró a gobiernos progresistas y organismos internacionales (Comisión Europea, ONU), y su enfoque de «políticas orientadas por misiones» se utilizó en el diseño del programa marco de investigación Horizonte Europa.

Sin embargo, donde más ruido generó en la región fue con sus declaraciones sobre Argentina. En octubre de 2024, calificó el clima hacia el sector público bajo la gestión de Milei como «un ataque explícito», y dijo que quienes trabajan en el Estado en esas condiciones son «héroes».

«No están solos», afirmó la economista, que también fue designada por el Papa Francisco como miembro de la Pontificia Academia para la Vida. Lejos de pedir un Estado omnipresente, Mazzucato aboga por repensar los términos de la relación público-privada, discutiendo no sólo el «tamaño» del Estado, sino su «dirección».

Por supuesto, no todos están de acuerdo. Desde el Cato Institute y la escuela austríaca de economía, críticos como Alberto Mingardi sostienen que Mazzucato sobreestima la eficacia de la planificación estatal y que su evidencia es, como mínimo, discutible. Otras voces, como las de los economistas Magnus Henrekson y Christian Sandström, advierten que sus políticas son vulnerables a sesgos conductuales.

Más allá del debate académico, Mazzucato pone el dedo en una llaga política concreta: el rol del Estado como creador de valor. Para el pensamiento de centroizquierda y nacional, su teoría viene a darle sustento empírico a una idea que el peronismo siempre intuyó: el mercado no es un ente autorregulado y la inversión pública no es gasto, es el germen del desarrollo.

A contramano del credo del «déficit cero» que pregona el actual gobierno argentino, la economista insiste en que las finanzas públicas deben servir para catalizar inversiones. «La cuestión es qué hacés cuando tenés esas finanzas», sostuvo, planteando un dilema que ningún ajuste lineal puede resolver.

La discusión sobre cómo generar crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo está lejos de terminar. Pero Mazzucato logró instalar una pregunta incómoda en el establishment financiero: ¿quién crea realmente la riqueza y quién se limita a acumularla?

 

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