El próximo 24 de marzo, a cincuenta años del golpe cívico-militar, la Plaza de Mayo volverá a llenarse. La consigna será la misma de siempre, pero el contexto político la carga de un significado nuevo.
Por la Redacción de DATA POLITICA Y ECONOMICA
El próximo lunes 24 de marzo, a exactamente cincuenta años del golpe de Estado que interrumpió la democracia argentina e instaló el terrorismo de Estado, la Plaza de Mayo volverá a ser el centro de la memoria. La consigna que guiará la marcha es directa y tiene destinatarios concretos: «Que digan dónde están.»
Por primera vez desde 2006, la totalidad de los organismos históricos de derechos humanos confluirán en un único acto frente a la Casa Rosada. Abuelas de Plaza de Mayo, Madres Línea Fundadora, HIJOS, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos leerán un documento consensuado. El pedido a quienes se sumen será concreto: llevar la foto de una persona desaparecida. «Para nosotros es fundamental que las nuevas generaciones conozcan la historia reciente de nuestro pueblo», declaró Héctor Francisetti, de Familiares y Compañeres de los 12 de la Santa Cruz.
LO QUE OCURRIÓ AQUELLA MADRUGADA
Eran las 3.21 del 24 de marzo de 1976 cuando los tanques llegaron a la Casa Rosada. La junta encabezada por el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti derrocó a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón y llamó a su régimen —con un eufemismo que la historia desestimó— «Proceso de Reorganización Nacional». Lo que siguió fue la implantación sistemática del terror como política de Estado: cerca de 500 centros clandestinos de detención, grupos de tareas que irrumpían de noche, cuerpos arrojados al Río de la Plata desde aviones militares. Treinta mil personas desaparecieron. Sus familias, al preguntar, recibían siempre la misma respuesta: «No lo conocemos.»
“Aparecer muerto es lo de menos. Lo grave es desaparecer.” — Testimonio anónimo recogido por la CONADEP, 1984
UNA DEUDA QUE SIGUE ABIERTA
La dictadura colapsó en 1983. Argentina juzgó a sus dictadores en 1985 —primera vez en América Latina—, aunque el camino se interrumpió con indultos y leyes de impunidad que recién se anularon en 2003. Desde entonces, más de 1.231 represores han sido condenados por crímenes de lesa humanidad. Los procesos continúan.
Pero la deuda más urgente sigue sin saldarse. Más de 300 nietos —hijos de desaparecidos apropiados por el régimen con identidades falsas— todavía no saben quiénes son. «El Estado debe garantizar la restitución de la identidad de los nietos y nietas», reclamó Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, en vísperas del aniversario. Hasta hoy, 140 personas han recuperado su identidad gracias al trabajo de la organización.
CIFRAS DE LA DICTADURA • Fuentes: CONADEP, Abuelas de Plaza de Mayo, Ministerio de Justicia
| 30.000 | personas detenidas-desaparecidas. |
| +500 | centros clandestinos de detención documentados en todo el país |
| +140 | nietos con identidad restituida por Abuelas de Plaza de Mayo |
| +300 | nietos que aún no recuperaron su identidad |
| +1.231 | represores condenados por crímenes de lesa humanidad desde 1985 |
EL 50° ANIVERSARIO EN DISPUTA
El quincuagésimo aniversario no llegará como una fecha pacífica. Expertos independientes de la ONU emitieron desde Ginebra un comunicado de «profunda preocupación» por el rumbo de las políticas de derechos humanos en Argentina, advirtiendo que ciertas medidas del gobierno de Javier Milei «no son ajustes administrativos, sino ataques directos a la memoria, la verdad, la justicia y las garantías de no repetición». La Conferencia Episcopal, por su parte, ya llamó a no «dar vuelta la página»: «Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa», escribieron los obispos.
El gobierno anunció la desclasificación total de los archivos de inteligencia del período 1973-1983 y descartó cualquier indulto a condenados por crímenes de lesa humanidad. Los organismos de derechos humanos recibieron el primer anuncio con escepticismo y exigieron que sea efectivo y verificable. La unidad de la marcha del 24 tendrá, en ese contexto, una lectura política explícita: «Después de casi 20 años logramos unificar los actos, en un contexto donde vemos en peligro el Estado de derecho», explicó Miguel Santucho, de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Nos quitaron todo, menos la memoria. Y la memoria es lo que nos hace seguir.” — Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo
El 24 de marzo es en Argentina el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. El próximo lunes, la plaza se volverá a llenar. Las pancartas con los rostros en blanco y negro. Los pañuelos que se anudan. La ronda que gira. Cincuenta años no cierran nada: un país que no salda sus cuentas con el pasado no lo entierra, lo alimenta. Y el pasado, tarde o temprano, siempre vuelve a cobrar.
