En el Teatro Picadero, Axel Kicillof lanzó la rama porteña del Movimiento Derecho al Futuro, llamó a construir una alternativa para “cerrar este ciclo” y buscó instalar su propuesta más allá de la provincia de Buenos Aires. El acto, además, se inscribe en una secuencia política que combina despliegue territorial y elaboración programática.
Axel Kicillof eligió la Ciudad de Buenos Aires para enviar una señal política que va más allá del escenario bonaerense. En el Teatro Picadero encabezó el lanzamiento porteño del Movimiento Derecho al Futuro y dejó un mensaje claro: frente al gobierno de Javier Milei, la oposición necesita construir una fuerza sólida, confiable y con vocación de poder.
La elección de la Ciudad no fue casual. En un distrito históricamente adverso para el peronismo, el gobernador buscó mostrar que su armado intenta ampliar su alcance y discutir en el plano nacional. El acto tuvo así un valor político adicional: exhibir que su proyecto no quiere quedar limitado a la gestión provincial, sino empezar a intervenir en una disputa más amplia.
Durante su discurso, Kicillof combinó una crítica directa al rumbo económico del oficialismo con una advertencia hacia el propio campo opositor. Señaló que no alcanza con cuestionar al Presidente si no se logra, al mismo tiempo, ofrecer una salida capaz de romper el clima de desánimo y resignación que atraviesa a una parte de la sociedad. Allí estuvo uno de los núcleos de su planteo: transformar el rechazo al presente en una construcción política con perspectiva de futuro.
El lanzamiento del MDF en la Capital también buscó disputar el sentido político de la Ciudad. Junto a dirigentes como Augusto Costa y Berenice Iañez, Kicillof planteó que Buenos Aires no puede pensarse solo desde la lógica administrativa o urbana, sino también como parte de un proyecto productivo, social y federal. Fue, en ese sentido, una impugnación a la prolongada hegemonía del macrismo y a la idea de una Ciudad desligada de los problemas del resto del país.
El acto del Picadero se produjo, además, pocos días después de la presentación en La Plata del Centro de Estudios Derecho al Futuro, una usina destinada a elaborar diagnósticos y propuestas de políticas públicas. Ese paso previo no fue menor: mientras el centro de estudios apunta a dar sustento programático, el lanzamiento en CABA mostró la dimensión política y territorial del armado.
La secuencia revela una estrategia. Primero, consolidar un espacio de elaboración y debate sobre el modelo de país. Después, ampliar presencia en un territorio simbólico y políticamente relevante como la Ciudad. En ese movimiento, Kicillof empieza a perfilar una construcción que busca reunir volumen político, programa y proyección nacional.
Aunque el gobernador insiste en que no se trata de un año de campaña, sus movimientos empiezan a ser leídos en clave de construcción de liderazgo. Más que apurar una candidatura, la apuesta parece orientada a ordenar una propuesta, ampliar apoyos y disputar centralidad dentro del peronismo y de la oposición en general.

Por eso, el lanzamiento del MDF porteño no puede leerse como un episodio aislado. Fue una señal de expansión política, un intento por salir del encierro bonaerense y una muestra de que Kicillof busca posicionarse como uno de los dirigentes capaces de encarnar una alternativa al ciclo abierto por Milei. Falta ver si esa construcción logrará traducirse en una fuerza más amplia, pero el movimiento ya empezó.
