Granja Tres Arroyos al borde del cierre

La principal procesadora avícola del país atraviesa una crisis que combina apertura importadora, atraso cambiario y un parate exportador por razones sanitarias. En Concepción del Uruguay ya se habla de nuevos despidos masivos en marzo y el caso reaviva una pregunta incómoda: ¿Cuánto aguanta la industria de alimentos cuando la “competencia”  externa llega con otra escala, otros costos y un mercado interno en recesión?

La escena se repite en supermercados, mayoristas y hasta en las “granjitas” de barrio: pollo más barato, muchas veces de origen brasileño, ganando lugar en la góndola. A simple vista podría leerse como un alivio para el bolsillo. Pero en Entre Ríos —y en particular en Concepción del Uruguay— ese precio tiene otra cara: el mayor frigorífico avícola del país, Granja Tres Arroyos, quedó al borde del cierre, con rumores de 450 despidos adicionales en marzo y una cadena de problemas que no empezó ayer.

Según reconstrucciones coincidentes de medios nacionales y del sector, durante 2025 la importación de pollo desde Brasil escaló a niveles inéditos: se mencionan cerca de 20.000 toneladas y saltos interanuales superiores al 300%. A esa presión se sumó un golpe por el lado externo: la restricción sanitaria vinculada a la influenza aviar que complicó el acceso al mercado europeo, clave para equilibrar costos en una actividad donde exportar “cierra” números que el mercado interno no alcanza a sostener.

Importaciones récord: cuando la competencia no es “de precio”, sino de escala

En el sector avícola admiten que competir contra Brasil no es un problema menor: el vecino país es potencia mundial en carne aviar y opera con una escala industrial que baja costos. En Argentina, en cambio, la ecuación se tensó por una combinación conocida: costos dolarizados, energía cara y un tipo de cambio que no acompaña a quienes producen localmente.

Un dato que ayuda a dimensionar el fenómeno: la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que agosto de 2025 marcó un récord mensual de importaciones de pollo y que en el acumulado enero–agosto se registraron volúmenes máximos para ese período, con saltos interanuales muy fuertes. En paralelo, otras publicaciones sectoriales ya advertían en 2025 que el ingreso de pollo brasileño venía en máximos y prendía alertas en la producción local.

El frente laboral: salarios en conflicto y una ciudad pendiente de un solo motor

En Concepción del Uruguay, donde Granja Tres Arroyos concentra su frigorífico más grande, la situación dejó de ser un rumor empresarial para convertirse en tema cotidiano. Página/12 recogió la advertencia del sindicato del sector: “Granja Tres Arroyos está herido de muerte”, dijo el secretario general del STIA local, al describir el impacto que puede tener la apertura importadora en una plaza donde el empleo formal industrial es determinante.

La foto social incluye antecedentes inmediatos: conflictos por pagos, paros y reclamos por haberes adeudados y compromisos incumplidos, según coberturas sindicales y provinciales. Incluso el gobierno de Entre Ríos informó a fines de enero un acuerdo para encauzar salarios y garantizar continuidad productiva, una señal de que el problema ya había escalado a la agenda institucional.

En números que circulan en la ciudad, el recorte pega directo: la industria aviar en la zona llegó a emplear alrededor de 1.500 personas y hoy rondaría la mitad, con despidos recientes y retiros voluntarios. Si la empresa cayera, el golpe sería difícil de amortiguar: no se reemplaza rápido un empleador industrial de esa magnitud en una ciudad mediana.

Exportar para sobrevivir: la ventana europea y el “mes bisagra”

La dependencia del frente externo explica parte de la urgencia. Distintas notas mencionan que, además de la competencia importada, la firma sufrió el freno exportador por restricciones sanitarias ligadas a la influenza aviar.

En ese marco, el Gobierno nacional comunicó en febrero la reapertura del mercado de la Unión Europea para la carne aviar, una noticia que el sector mira como posible válvula de escape. La pregunta es si llega a tiempo: el propio ecosistema avícola habla de marzo como mes decisivo y de un abril que, si no trae normalización efectiva de exportaciones, podría acelerar un escenario de cesación de pagos y cierre.

Cresta Roja, el otro incendio: cuando la crisis se vuelve estructural

Como si fuera poco, el temblor no se limita a una sola marca. En el sector también se menciona el caso Cresta Roja, una empresa que arrastra turbulencias desde hace más de una década, pasó por cambios de manos y volvió a recortar personal en su planta de Esteban Echeverría. Hoy, directamente, se habla de cierre.

La combinación de ambos frentes —Granja Tres Arroyos y Cresta Roja— alimenta el pronóstico de un marzo complicado para el empleo avícola, con cientos de trabajadores en riesgo y el fantasma de quiebras si el canal exportador no se recompone de manera plena.

La paradoja política: del aplauso al ajuste, sin red

El caso suma una capa política difícil de esquivar: medios que cubrieron la crisis recordaron que el dueño de Granja Tres Arroyos, Joaquín de Grazia, había defendido públicamente el rumbo del Gobierno y la reforma laboral, incluso mientras la compañía ya atravesaba tensiones de caja.

Pero la paradoja de fondo no es individual: es sistémica. Cuando una economía combina apertura importadora con un tipo de cambio que no premia la producción, la “competitividad” se vuelve una palabra tramposa. En alimentos, donde el consumo interno es masivo y la cadena de valor sostiene empleo formal en ciudades enteras, el margen de error es chico: si el productor local queda fuera de la cancha, la “góndola barata” puede terminar siendo un alivio momentáneo y un problema permanente.

Lo que se juega ahora

En el corto plazo, el foco está en tres variables:

  • Qué ritmo mantienen las importaciones y bajo qué condiciones de control sanitario y comercial.

  • Si la reapertura europea se traduce en exportaciones efectivas y en qué plazos.

  • Cómo se resuelve el frente laboral (salarios, indemnizaciones, continuidad productiva) en una actividad donde cualquier parate rompe la cadena.

Lo que pasa con el pollo no es un tema “sectorial”. Es un termómetro: mide hasta dónde llega un modelo productivo cuando la competencia externa entra sin restricciones a un mercado interno debilitado y la industria local queda expuesta sin amortiguadores.  Esa discusión ya dejó de ser teórica. Los despidos masivos,  si se profundiza la crisis, puede convertirse, como en los noventa,  en una cuestión nacional.

REDACCION DATA POLITICA  Y ECONOMICA