Empresas en alerta.

Del cierre de una empresa histórica a parates productivos en automotrices y conflictos en alimenticias, febrero dejó una secuencia de señales preocupantes en la industria y el comercio. Caída del consumo, presión importadora y dificultades financieras aparecen como factores comunes en un escenario recesivo que ya impacta en empleo y actividad.


La economía argentina volvió a mostrar esta semana su cara menos visible en los indicadores financieros: la de las fábricas que paran, los comercios que ajustan y las empresas que cambian de manos para evitar el cierre. En pocos días se acumularon anuncios de ceses de actividad, suspensiones de personal y reestructuraciones que atraviesan sectores tan diversos como neumáticos, automotriz, alimentos, lácteos y retail.

El caso más resonante fue el de Fate, histórica fabricante de neumáticos, que comunicó el cierre de su planta y el despido de 920 trabajadores. La empresa vinculó la decisión a las nuevas condiciones de mercado y a la pérdida de competitividad frente a productos importados. La noticia tuvo repercusión nacional no sólo por el número de empleos afectados, sino por el simbolismo de una firma con décadas de trayectoria industrial en el país.

En paralelo, la automotriz Stellantis anunció una parada operativa en su planta de El Palomar. La compañía explicó que se trataba de una reprogramación productiva en función de la demanda y tareas de adecuación. Más allá de los argumentos formales, la decisión volvió a poner en foco el freno del mercado interno y el delicado equilibrio de una industria que arrastra una extensa red de proveedores y pymes autopartistas.

La crisis también golpeó al sector alimenticio. El frigorífico vinculado a la marca Paty informó suspensiones de personal en un contexto de caída del consumo y reordenamiento financiero. En la misma línea, la planta asociada a la producción de Corona en Zárate abrió procesos de retiros voluntarios y reducción de estructura, también en un escenario de ventas en baja.

En el rubro lácteo, Lácteos Verónica atravesó días de tensión con plantas paralizadas y reclamos de trabajadores por demoras salariales. En economías regionales, estos episodios no se agotan en la empresa: impactan en tambos, transportistas y comercios locales que dependen de la cadena productiva.

Otro nombre que apareció en la lista fue el de Granja Tres Arroyos, uno de los mayores actores del negocio avícola. Informes periodísticos señalaron que la firma enfrenta una situación crítica, con la posibilidad de despidos en discusión y un contexto atravesado por la competencia de importaciones y la presión sobre márgenes.

En comercio, La Anónima quedó bajo la lupa por el deterioro del consumo y el aumento de la morosidad en sus líneas de crédito. La retracción de ventas y el crecimiento de incobrables configuran un cuadro complejo para un sector que suele funcionar como termómetro del poder adquisitivo.

El impacto alcanzó incluso a empresas con fuerte arraigo cultural. La cordobesa La Paila, tradicional fábrica de alfajores y dulces, comunicó el cierre definitivo de sus operaciones. En Santa Fe, la firma de golosinas Marengo cambió de manos tras un proceso de caída de ventas y dificultades para sostener la producción.

Aunque cada caso tiene particularidades, el denominador común es claro: el freno del consumo interno, la competencia externa y el endurecimiento de las condiciones financieras están configurando un escenario adverso para la producción local. Las empresas apelan a suspensiones, paradas técnicas, ventas o cierres como mecanismos de supervivencia en un contexto de recesión prolongada.

El debate económico suele concentrarse en el dólar, las reservas o el riesgo país. Sin embargo, el termómetro social se mide en las plantas que bajan persianas y en los turnos que se cancelan. Febrero dejó una secuencia que no puede leerse como episodios aislados: conforma un cuadro que interroga la dinámica de la economía real y el rumbo del mercado interno en los próximos meses.

La pregunta que sobrevuela en empresarios, trabajadores y economistas es la misma: ¿Cuánto margen queda para sostener estructura productiva funcionando si la demanda no repunta y la competencia externa se intensifica?. Las respuestas, por ahora, se buscan en medio de balances en rojo y fábricas paradas.

Redaccion Data Política y Económica