La histórica fabricante de neumáticos anunció el cese inmediato de su actividad en la planta de Virreyes. Los trabajadores denuncian “militarización” y sostienen medidas de fuerza. El caso expone, en tiempo real, el choque entre apertura comercial, caída de ventas y un clima social cada vez más tenso en el cordón industrial bonaerense.
La crisis industrial sumó este miércoles un capítulo fuerte y con impacto directo en el empleo: Fate confirmó el cierre definitivo de su planta de Virreyes (San Fernando, provincia de Buenos Aires) y el despido de 920 trabajadores. La comunicación empresarial llegó por escrito y con una frase que cayó como un mazazo entre los turnos de la madrugada: la firma informó que “cesa la actividad” en su planta industrial y que procederá a “extinguir los contratos de trabajo”, con pago de indemnizaciones dentro de los plazos legales.
La reacción no tardó. En el ingreso a la fábrica se registraron momentos de alta tensión, con denuncias de presencia policial y forcejeos cuando parte del personal intentó entrar. En redes sociales circularon videos y posteos de organizaciones y medios alternativos que mostraron cortes y protestas en la zona de Acceso Norte, en el marco de una escalada que todavía no encuentra canal de negociación claro.
¿Qué dijo la empresa? “Cambios en las condiciones de mercado”
Fate atribuyó la decisión a “cambios en las condiciones de mercado” y a la imposibilidad de sostener el esquema productivo actual. Distintos medios que accedieron al comunicado indicaron que el cierre incluye liquidación del negocio y el fin de la producción local de neumáticos por parte de una de las marcas más tradicionales del rubro.
El nombre que aparece inevitablemente asociado al anuncio es el de Javier Madanes Quintanilla, presidente del grupo empresario vinculado a Fate, aunque hasta el momento el eje público estuvo puesto en el texto institucional y no en declaraciones personales extensas.
En la planta: permanencia, techos y denuncia de “militarización”
Del lado sindical, el conflicto se expresó desde temprano. Según reportes periodísticos, un grupo de trabajadores llegó a permanecer en sectores altos/techos de la planta mientras reclamaba garantías y denunciaba un operativo de seguridad desproporcionado.
En paralelo, referentes gremiales advirtieron que el impacto real supera el número formal de 920 puestos: a los empleos directos se agregan tercerizados (limpieza, comedor, seguridad privada, logística), que suelen quedar fuera de los comunicados empresariales pero forman parte del mismo ecosistema productivo.
La causa de fondo: importaciones en alza y presión sobre precios
El cierre de Fate no ocurre en el vacío. El mercado del neumático viene atravesando un cambio brusco: durante 2025 se registró un salto de importaciones con fuerte presencia de origen asiático, particularmente China, que presionó precios a la baja y redujo márgenes de fabricantes locales. Un dato que se volvió referencia en el sector es el volumen importado en mayo de 2025: 869.525 neumáticos (sumando autos/camionetas y transporte pesado), un nivel que distintos relevamientos describieron como el más alto en más de dos décadas.
Para los industriales, el efecto típico es doble: caen las ventas y se vuelve más difícil sostener costos fijos en plantas intensivas en energía, mantenimiento y mano de obra calificada. Para el consumidor, el impacto inmediato suele leerse como “precios más baratos”, pero para la estructura productiva el resultado es otro: menos producción local y más dependencia externa.
El telón de fondo: capacidad instalada en retroceso
El caso Fate se monta, además, sobre un indicador que funciona como termómetro del ciclo industrial: la utilización de la capacidad instalada. En su último informe disponible para diciembre de 2025, el Indec registró una utilización del 53,8%, uno de los niveles más bajos del período reciente y señal de que muchas fábricas trabajan por debajo de lo necesario para sostener inversión y empleo.
En términos políticos y sociales, ese número importa porque anticipa lo que después se ve en el territorio: suspensiones, recortes de turnos, retiros “voluntarios”, tensiones paritarias y, finalmente, cierres. Fate aparece ahora como el emblema más visible de esa secuencia.
Un conflicto con historia: paritarias, pulseadas y desgaste
La relación entre la empresa y el gremio del neumático ya venía con antecedentes de conflictividad. Durante 2025 se publicaron notas sobre paritarias trabadas, sanciones internas y restricciones al accionar sindical denunciadas por el gremio, en un contexto donde el sector discutía condiciones laborales y competitividad frente al avance importador.
Ese desgaste previo ayuda a explicar por qué, ante el anuncio del cierre, la escena derivó rápidamente en una situación de máxima tensión, sin una “mesa” visible que amortigüe el golpe.
Lo que está en juego en San Fernando: empleo industrial y trama local
El impacto del cierre excede el portón de la planta. Fate no es solo una marca: es una pieza de la identidad productiva del norte bonaerense. En municipios como San Fernando, donde conviven servicios, logística y bolsillos industriales, un establecimiento de este tamaño ordena comercios, transportistas, talleres, proveedores y consumo barrial. Cuando cae un actor así, la onda expansiva se siente en cadena.
A la vez, el conflicto reabre un debate que atraviesa a todo el esquema económico: qué se protege, qué se abre y a qué velocidad. La promesa de “competencia” vía importaciones choca con una realidad concreta: si no hay transición, financiamiento para reconversión y reglas previsibles, muchas fábricas quedan expuestas a un cambio de régimen sin red.
Con denuncias de “militarización” y protestas, el conflicto puede escalar si no aparece una instancia formal de mediación (provincial o nacional).
Por ahora, la postal es contundente: una fábrica con ocho décadas de historia baja la persiana y deja a casi mil familias ante una incertidumbre inmediata. Y, detrás, una pregunta que vuelve a quedar en el centro del debate económico argentino: si la apertura comercial avanza sin política industrial, ¿Cuántas grandes empresas más entran en zona de riesgo?
