San Jorge en transición: nuevos dueños, menos empleo y una disputa por el futuro petrolero patagónico

La venta de DLS a Nova Energy confirma un recambio profundo en la cuenca del Golfo San Jorge. Mientras se retiran grandes jugadores, crecen capitales regionales con capacidad operativa y financiera. El problema: la nueva arquitectura del negocio se sostiene, hasta ahora, con fuerte destrucción de puestos de trabajo en Chubut y Santa Cruz.

La cuenca San Jorge está entrando en una nueva fase. No es un movimiento aislado ni una simple operación empresaria: es una reconfiguración integral del negocio de servicios petroleros en la Patagonia. La salida de firmas históricas, el repliegue de capital internacional y la irrupción de grupos locales están redibujando el mapa productivo con una velocidad que hace un año parecía improbable.

El caso más visible es la venta de DLS Archer a Nova Energy, una operación que en el sector se ubica cerca de los 20 millones de dólares. El paquete transferido incluye 24 equipos de pulling y workover y alrededor de 750 trabajadores. En términos formales, es un cambio de manos. En términos estructurales, es la señal más nítida de que la cuenca cambió de lógica.

Del modelo de escala al modelo de supervivencia

Durante años, el negocio en San Jorge funcionó sobre un entramado de grandes operadoras, contratistas globales y pymes regionales integradas a cadenas de valor relativamente estables. Ese esquema empezó a crujir cuando se combinaron tres factores: madurez de los yacimientos convencionales, caída de márgenes y priorización de activos más rentables por parte de grandes empresas.

El resultado está a la vista: estructuras más chicas, contratos más exigentes y foco obsesivo en costos operativos. En ese contexto, las firmas que no se adaptaron quedaron fuera de juego. Las que se quedaron, lo hicieron con otra ecuación: menos espalda para ineficiencias, menos tolerancia a plantillas sobredimensionadas y mayor presión sobre productividad.

La transición arrancó en operación y mantenimiento, siguió en servicios especiales y ahora impacta de lleno en servicios de torres, un segmento técnico y sensible para la continuidad de la actividad. En paralelo, la incertidumbre sobre áreas clave, como Manantiales Behr, agrega ruido en un mercado que todavía no termina de estabilizarse.

El ascenso de una burguesía regional

En ese vacío que dejan las multinacionales emerge un actor nuevo —o, mejor dicho, reconfigurado—: una burguesía local petrolera con base territorial, conocimiento de la cuenca y vocación de crecimiento. Nova Energy expresa esa etapa.

La compañía articula activos vinculados a Pablo Pires y suma conducción ejecutiva con trayectoria técnica y financiera en la región. Esa combinación no es menor: en un negocio de márgenes estrechos, quien conoce la operación real de campos maduros parte con ventaja.

El fenómeno no se explica sólo por ambición empresaria. También responde a una oportunidad histórica: cuando el capital internacional migra hacia cuencas más rentables o menos riesgosas, la ventana para jugadores regionales se abre. Lo que antes parecía un límite —la escala local— hoy puede transformarse en fortaleza si hay capacidad de gestión, financiamiento y negociación con los actores del sistema, incluido el frente sindical.

Este punto es central: la relación con los gremios no es un dato accesorio, es parte de la gobernabilidad del negocio. En una industria con alta conflictividad potencial, ninguna empresa puede operar a largo plazo sin construir una relación institucional sólida con los sindicatos.

El costo social del nuevo orden

La contracara del recambio es el empleo. Y ahí aparece el dato más duro de todo el proceso: Chubut y Santa Cruz figuran entre las provincias con mayor destrucción de puestos de trabajo en el último año dentro de la actividad.

El cierre o achicamiento de pymes históricas, la pérdida de contratos, los retiros y la reasignación de servicios dejaron una huella profunda en el tejido local. En términos empresariales, se habla de eficiencia. En términos sociales, de familias que perdieron ingresos, barrios que se debilitan y economías urbanas más frágiles.

Ese es el nudo político de la etapa: la cuenca encuentra una nueva forma de sostener actividad, pero aún no una forma de sostener empleo de calidad en la escala que tenía. El riesgo es entrar en un equilibrio precario: operación mínima viable, baja inversión de largo plazo y deterioro gradual de capacidades locales.

Lo que viene: entre consolidación y péndulo

La pregunta ya no es si San Jorge está cambiando. Eso ya ocurrió. La pregunta es hacia dónde se estabiliza el nuevo modelo. Si el recambio regional logra consolidar inversión, sostener estándares técnicos y reconstruir una red pyme competitiva, la cuenca puede evitar una pendiente de retracción permanente.

Pero si la lógica de ajuste queda como único horizonte, el sistema puede derivar en un péndulo peligroso: menos costos hoy, menos capacidades mañana. En servicios petroleros —y más en campos maduros— ese péndulo se paga caro, porque compromete la respuesta operativa, la seguridad industrial y la continuidad del negocio.

La venta de DLS no cierra una historia: abre otra. Una en la que la Patagonia petrolera vuelve a discutir quién manda, quién invierte, quién trabaja y bajo qué condiciones. En ese debate se juega mucho más que una operación corporativa. Se juega el perfil productivo y social de toda una región.

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA