El ministro de Economía les anticipó a las autoridades porteñas que los próximos tres meses serán de caja corta, en plena negociación por la deuda que Nación mantiene con la Ciudad. El mismo mensaje llegó a un gobernador aliado. Detrás del eslogan “no hay plata”, aparecen tres motores: recaudación real en caída, financiamiento más caro y escaso, y la espera del “trimestre dorado” de liquidación del agro.
El aviso: caja corta, conflicto largo
“Vamos a tener un trimestre sin plata”, fue la frase que Luis “Toto” Caputo transmitió a funcionarios de la Ciudad de Buenos Aires mientras siguen las conversaciones por los pagos que Nación le adeuda a CABA por la coparticipación, un tema que ya escaló a la Corte y se volvió una pulseada política y fiscal permanente.
En paralelo, el Gobierno formalizó transferencias a la Ciudad para el primer trimestre: $175.700 millones, según se informó en el marco del cumplimiento de la cautelar de la Corte Suprema (decisión administrativa publicada en el Boletín Oficial, según reportes periodísticos).
Pero en CABA insisten en que la deuda acumulada es mayor: en las últimas semanas circularon estimaciones que van desde más de $400.000 millones hasta reclamos más altos, según distintas reconstrucciones del conflicto.
Primer motor: la recaudación se enfría
El cuadro fiscal explica parte del “no hay plata” sin necesidad de buscar conspiraciones: la recaudación viene cayendo en términos reales y enero volvió a mostrar retroceso interanual ajustado por inflación. ARCA informó ingresos por alrededor de $18,33/18,34 billones, con una suba nominal que quedó por debajo de la inflación, lo que se traduce en caída real.
En esa dinámica pesan decisiones que recortan recursos (bajas o suspensiones impositivas y cambios en comercio exterior) y, sobre todo, un dato clásico: cuando el consumo y la actividad pierden ritmo, IVA y tributos asociados se resienten, y con ellos la caja diaria del Estado.
Segundo motor: se agota el “aire” financiero
Durante 2025 y el arranque de 2026, el mercado local se sostuvo en parte por el empuje de emisiones corporativas y la disponibilidad de dólares para refinanciar vencimientos. Pero el circuito empieza a mostrar fatiga: no es lo mismo refinanciar que conseguir dinero nuevo para plazos largos, y el costo del crédito tiende a subir cuando el apetito se reduce.
En esa línea, consultoras privadas advirtieron límites: se renueva lo que vence, pero cuesta más conseguir fondeo fresco, y algunos jugadores (fondos, aseguradoras) empiezan a acercarse a sus topes de exposición regulatoria.
La billetera cerrada en el territorio: ATN, incendios y PAMI
El “no hay plata” no queda en un concepto macro: se siente en conflictos concretos con provincias y en prestaciones.
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ATN: distintos relevamientos periodísticos señalan que el reparto se concentró en diciembre y luego se frenó el ritmo de envíos extraordinarios, un dato que impacta directo en gobernadores que administran urgencias con poca espalda.
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Incendios en Patagonia: hubo anuncios de fondos por $100.000 millones para bomberos voluntarios en medio de los focos, pero desde la región advirtieron que parte de esos montos se vinculan a deudas previas y no necesariamente a “ayuda extra” inmediata para el combate del fuego.
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PAMI: se reportaron tensiones por atrasos y suspensiones de pagos a prestadores, con impacto en clínicas y hospitales.
En Santa Fe, el gobernador Maximiliano Pullaro anunció medidas salariales para desactivar la protesta policial, con un piso informado de $1.350.000 para personal policial y penitenciario, una decisión que recalienta la necesidad de recursos provinciales en un momento de canilla nacional más cerrada.
Tercer motor: el reloj y los dólares del agro
El Gobierno mira el calendario: faltan meses para el ingreso fuerte de divisas de la cosecha gruesa, concentrado típicamente entre abril y junio. En proyecciones preliminares, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó para 2025/26 una producción que podría alcanzar 146,4 millones de toneladas y exportaciones agro por US$ 34.800 millones en el ciclo.
Pero entre la proyección y la caja efectiva hay condicionantes: clima, precios internacionales, y decisiones comerciales de productores que pueden demorar ventas si esperan mejores valores o condiciones. Esa incertidumbre vuelve más delicado el “trimestre” de escasez que Caputo anticipó.
¿Qué significa, en criollo, “no hay plata”?
Traducido a gestión: si la recaudación no repunta y el financiamiento se encarece, el Gobierno queda con pocas palancas. Una es profundizar el ajuste para sostener el equilibrio fiscal. La otra, administrar pagos y transferencias con pinzas, lo que inevitablemente abre frentes con los gobiernos provinciales y sectores sensibles (salud, seguridad, emergencias).
El punto político es que el “no hay plata” deja de ser un slogan y se convierte en un mapa de conflictos: cada giro que no llega, cada programa que se demora y cada negociación que se patea hacia adelante va acumulando conflictos, incluso con aliados.
REDACCION DATA POLITCA Y ECONOMICA
