Durante el 56.º Foro Económico Mundial en Davos 2026, celebrado del 19 al 23 de enero, centrado en el lema «A Spirit of Dialogue» (Un espíritu de diálogo), resultó protagonista casi exclusivo el Presidente norteamericano Donald Trump, quien trazó los lineamientos para el advenimiento de un capitalismo controlado y autoritario, del que proyecta dictar cada una de sus acciones. A su vez, el Presidente de la Argentina prologó el anuncio del modelo sentenciando el fin de la política.
- Víctor Bassuk –
“Estoy aquí frente a ustedes para decirles de modo categórico que Maquiavelo ha muerto”. Esta frase, con la que prologó su discurso el Presidente Milei en el Foro Económico de Davos, detonó una avalancha de interpretaciones. Intentemos una más. El hecho de que Maquiavelo ha sido considerado por muchos como el padre de las ciencias políticas podría suponer que la aseveración del Presidente tendría un correlativo inmediato que se explicaría como: La Política ha muerto.
Podríamos coincidir en que la política pareciera estar en crisis. La política, el rol del conductor, el rol del Estado, el poder y la ética parecieran estar en crisis o, cuanto menos, en revisión.

Hay un género cinematográfico que aborda directamente esta relación entre ética y poder, las películas de gangsters, “de Mafia”. La más importante y mas popularizada en este sentido es la insuperable saga de “El Padrino” donde el futuro Don Corleone administra la justicia y la seguridad de su barrio, solo, porque el Estado no se ocupa. O porque esta demasiado ocupado en otras cosas.

En enero de 1920 la América puritana y conservadora impuso la Ley Volstead, mas conocida como la Ley Seca que no castigaba el consumo sino la fabricación y la comercialización de cualquier tipo de bebida alcohólica. Con esto los sectores mas empobrecidos de la sociedad pasaron a la clandestinidad y comenzó a crecer un Estado paralelo, homólogo y antagónico que estableció reglas de juego basadas en el ejercicio del poder de fuego. Los llamaron hampones, gánsteres, mafiosos.
La lista de este género de películas es generosa y de excelencia: “Érase una vez en América”, esa joya de Sergio Leone, la vieja “Caracortada” de Howard Hawk, o la no tan vieja versión de Brian De Palma. “De paseo a la muerte”, de los hermanos Coen, “Buenos muchachos” de Scorsese o “Pulp Fiction” de Tarantino. La mafia puede ser italiana, irlandesa, judía o de Europa del Este. A las notables películas del género hoy se le suman grandes series como “Los Soprano”, “Peaky Blinders” o “Breaking Bad”. No importa si hay grandes películas de Gangsters en el cine italiano, como “Gomorra”, si está Guy Ritchie en Inglaterra, si hay experiencias latinoamericanas como Ciudad de Dios en Brasil, e incluso acá en Argentina hemos incursionado con éxito el mundo de los gangster con, por ejemplo, la logradísima “La Mafia” de Leopoldo Torre Nilsson. No importa de donde sean, ni a qué mafia se refieran, el cine de gangster tiene su sello de identidad en Hollywood, reconociéndose a sí mismo en los rincones turbios de Norteamérica.

Porque el modo de vida (norte) americano no es la familia clase media que imponía el Código Hays de los años treinta del siglo pasado y que establecía normas de observancia en el abordaje narrativo y visual de las películas de Hollywood cuyo fin último era ofrecer una imagen de “una sociedad que pregone a los norteamericanos el orgullo de ser tales, y a los extranjeros la envidia y la admiración de su arquetípico way of life, y de la calidad de los productos que utilizan”.
Y es la propia comunidad cultural norteamericana ante el hartazgo que le provocaba tanto maquillaje falso de un Estados Unidos lleno de injusticias, intolerancia, consumo indiscriminado de drogas, de prostitución, ludopatías, violencias de todo tipo, quien hizo propio este género de gangsters para desnudar las terminales del poder, testificar la violencia, sacar a la luz la podredumbre.
Hay en la política migratoria de Trump una demostración de poder supremacista con mucha similitud con la imposición moral, legal y policial de la Ley Seca. Hay en Greg Bovino una suerte de Elliot Ness.
¿Asistiremos en esta nueva temporada de la política a la muerte de Maquiavelo? No parece. Maquiavelo continúa indispensable para regir toda la política, la del Estado internamente, la de la relación entre los Estados y la relación entre el Estado y los distintos sectores. Elliiot Ness no puede matar a Maquiavelo, solo puede agregar la sangre que el género reclama.
columna de Cultura en NEA HOY
