Axel Kicillof encabezará el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires y Máximo Kirchner quedará al frente del Congreso partidario. El acuerdo evita una interna inmediata, pero no cierra la disputa por el liderazgo del peronismo hacia 2027.
El peronismo bonaerense cerró este sábado una negociación clave: Axel Kicillof será el nuevo presidente del PJ provincial en reemplazo de Máximo Kirchner, en un esquema que también ubica al líder de La Cámpora al frente del Congreso partidario. La decisión llega en la antesala del cronograma interno ya en marcha y a días del cierre de listas, con el objetivo explícito de evitar una elección partidaria de choque en el principal distrito electoral del país.
El dato político central no es solo el recambio de nombres. Es la forma: acuerdo de cúpulas, reparto de poder y tregua entre dos bloques que venían en tensión abierta. En términos prácticos, el oficialismo peronista en Buenos Aires priorizó sostener gobernabilidad interna antes que dirimir liderazgos en una interna de alto costo, en un contexto nacional adverso para el espacio tras la derrota de 2025.
En los hechos, Kicillof gana centralidad orgánica y amplía su capacidad para ordenar la estrategia electoral bonaerense, mientras el kirchnerismo conserva una palanca institucional de peso en el Congreso partidario. La arquitectura acordada refleja un equilibrio inestable: ni ruptura ni síntesis plena. Letra P había anticipado que la disputa no era solo por la presidencia, sino por la distribución de cargos y el control de los resortes partidarios.
La secuencia también confirma que la dinámica del PJ bonaerense quedó atada a una lógica de negociación permanente. El sitio oficial del partido ya tenía establecido el cronograma electoral interno —incluido el vencimiento para presentar candidaturas y el proceso para renovar autoridades—, lo que apuró definiciones para llegar con lista de unidad en la categoría provincial. En política, los plazos administrativos muchas veces ordenan más que los discursos.
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Kicillof asume la presidencia del PJ bonaerense y Máximo Kirchner queda al frente del Congreso partidario
Desde una perspectiva política, el movimiento es defensivo y ofensivo a la vez. Defensivo, porque evita exponer públicamente una fractura entre el gobernador y La Cámpora en medio de un ciclo nacional desfavorable para el peronismo. Ofensivo, porque instala a Kicillof como conductor institucional en Buenos Aires, una plataforma con volumen real para proyectar liderazgo nacional. Esa proyección no depende solo de su relación con el kirchnerismo: dependerá de su capacidad de reconstruir mayoría social en un escenario de ajuste, caída de ingresos y fragmentación opositora.
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La nueva conducción ordena el corto plazo, pero deja abierta la discusión estratégica de 2027.
También conviene registrar qué no resolvió este acuerdo. No resolvió la discusión de programa, no definió una estrategia unificada frente al Gobierno nacional y no despejó la competencia de liderazgo dentro del peronismo. Por eso, el acuerdo de hoy es una foto de administración del conflicto, no su cierre. Si la economía y el clima social agravan el desgaste oficialista, la presión por un peronismo más coordinado crecerá; si no, volverá la lógica de tribus con disputa por candidaturas.
¿Cómo queda la cúpula partidaria?
- Presidencia: Axel Kicillof.
- Vicepresidencia 1ª: Verónica Magario.
- Vicepresidencia 2ª: Federico Otermín (intendente de Lomas de Zamora).
- Secretaría General: Mariano Cascallares (intendente de Almirante Brown).
- Congreso Partidario: Máximo Kirchner será el presidente del órgano deliberativo, lugar que hasta ahora ocupaba Fernando Espinoza.
- Junta Partidaria: Leonardo Nardini (intendente de Malvinas Argentinas) continuará al frente.
La implicancia inmediata es clara: el PJ bonaerense evita una interna costosa y gana tiempo político. El escenario probable, de acá al próximo turno electoral, es de convivencia negociada entre el esquema de Kicillof y el kirchnerismo, con cooperación táctica y competencia estratégica. Por ahora el peronismo bonaerense ordenó la lapicera, pero todavía le falta ordenar el rumbo estratégico.
