Milei vs. Rocca: una pelea que desnuda el fracaso de las élites para pensar desarrollo

El cruce entre el Presidente y el dueño de Techint no es un episodio personal ni una disputa por precios. Es la expresión de una crisis más profunda: un gobierno subordinado a la lógica financiera global y una élite empresaria incapaz de construir un proyecto nacional de largo plazo.

ANTONIO MUÑIZ

El insulto de Javier Milei a Paolo Rocca, tras la licitación perdida por Techint frente a una empresa india para un proyecto estratégico asociado a Vaca Muerta, activó un debate que venía latente. La discusión pública se concentró en los caños, en la supuesta brecha de precios y en la reacción de la UIA. Pero el núcleo del problema es otro: la ausencia de una estrategia de desarrollo nacional compartida entre Estado, industria y trabajo.

En esa clave, la intervención de Roberto Feletti ordena el conflicto con crudeza política. Para Feletti, ni Milei ni Rocca están en condiciones de diagramar un proyecto de país viable. No por casualidad ni por error táctico, sino por la lógica estructural que ambos representan. El Presidente, porque gobierna como apéndice del capital financiero global, reduciendo el Estado a un dispositivo de ajuste y disciplinamiento. El empresario, porque concibe al Estado como un actor subordinado, “bobo”, útil para bajar impuestos, transferir recursos o garantizar rentabilidad, pero no como socio estratégico del desarrollo.

El señalamiento va más lejos. Según Feletti, el gran empresariado argentino empoderó políticamente al experimento libertario con un objetivo claro: bajar salarios, reducir impuestos, debilitar regulaciones laborales y achicar el Estado. Milei no irrumpió desde afuera del sistema: fue una construcción política habilitada por sectores económicos que buscaban profundizar un giro regresivo. La paradoja es que ese mismo Presidente, una vez en el poder, ya no distingue aliados: combate y desprecia incluso a quienes acompañaron el rumbo, cuando sus intereses sectoriales entran en colisión con la lógica general del ajuste.

Este punto conecta directamente con una idea trabajada desde hace años por Alfredo Zaiat: el fracaso histórico de una burguesía nacional en la Argentina. No por falta de capital, sino por falta de vocación estratégica. Se trata de una élite que privilegia el rentismo, la captura de beneficios coyunturales y el arbitraje con el Estado, pero que no asume el riesgo político y económico de liderar un proceso sostenido de industrialización, innovación y ampliación del mercado interno. Reclama protección cuando la importación la perjudica, pero rechaza un Estado con capacidad de planificación, regulación y conducción.

Desde otro ángulo complementario, Alejandro Bercovich describió con claridad el país que quieren los grandes empresarios: un país con menos Estado, menos impuestos y menos derechos laborales, aun cuando eso implique desarticular el mercado interno y debilitar la cohesión social. En ese esquema, el Estado no debe ser una herramienta de desarrollo, sino un obstáculo a remover. Esa concepción explica por qué amplios sectores del poder económico acompañaron a Milei incluso sabiendo que su programa no tenía anclaje productivo, sino financiero y cultural.

El conflicto Techint–Welspun condensa estas tensiones. No se trata solo de una licitación, sino de un modelo macroeconómico que combina apertura importadora, atraso cambiario y beneficios fiscales a grandes proyectos extractivos, mientras deja a la industria local compitiendo en condiciones estructuralmente desfavorables. La “competitividad”, en este contexto, no surge de mayor productividad o innovación, sino de salarios comprimidos, empleo en retroceso y sustitución de producción nacional por importaciones.

Por eso, como advierte Feletti, el problema no se resuelve eligiendo entre Milei o Rocca. Ambos son parte de una encerrona trágica: un gobierno que desprecia la producción y una élite empresaria que no logra —o no quiere— pensar un país más allá de su propio balance. El resultado es un patrón de acumulación que reproduce dependencia, primarización y vulnerabilidad externa.

La pelea Milei–Rocca no anticipa un nuevo rumbo: confirma la crisis de proyecto de las élites argentinas. Mientras el Presidente actúa como ejecutor de una lógica financiera global y el gran empresariado insiste en un Estado subordinado, la Argentina sigue sin resolver su dilema central. La advertencia es política y actual: sin una propuesta clara de desarrollo, que articule Estado, industria y trabajo, no hay mercado que alcance ni empresario que salve al país.

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA