El sector trabaja con siete de cada diez máquinas apagadas y se agrava la ola de suspensiones
El INDEC informó que en noviembre de 2025 la industria textil usó apenas el 29,2% de su capacidad instalada, el registro más bajo del informe. Con el consumo flaco y más presión importadora, crecieron los recortes de producción y volvió el conflicto en plantas grandes como TN&Platex.
Hay números que no necesitan demasiada interpretación. El último informe oficial de utilización de la capacidad instalada dejó a los textiles en un lugar incómodo: en noviembre de 2025 el sector trabajó al 29,2%. Traducido a la calle, es un mapa de persianas a media altura: de cada diez máquinas, siete quedaron paradas.
El dato no llega solo. En el mismo informe, la industria en general usó el 57,7% de su capacidad, también por debajo de noviembre del año anterior (62,3%). Es decir: el freno es más amplio, pero el textil aparece entre los más golpeados.
El propio INDEC agrega una pista sobre el “por qué”: contra noviembre de 2024, el rubro textil no solo cayó en utilización sino que retrocedió fuerte en producción. Según el IPI manufacturero, la fabricación de tejidos y el acabado de productos textiles bajaron 43,9% interanual, y la producción de hilados de algodón cayó 37,1%.
En los talleres y plantas, esos porcentajes se sienten en decisiones concretas: menos turnos, suspensiones, paradas “por tiempo indeterminado” y discusiones salariales tensas. En los últimos días el foco se posó sobre TN&Platex, una de las firmas más grandes del rubro, que cerró una planta en Tucumán y suspendió a 190 trabajadores, en un cuadro que volvió a encender alarmas sobre el empleo industrial.
La explicación que circula en el sector suele repetirse, pero no por capricho: el mercado está más chico. Con el consumo golpeado, la ropa se compra menos, se estira lo que hay y se busca precio. Cuando la demanda se achica, una industria de volumen como la textil lo siente rápido: si no entra el pedido, se corta la producción.
A ese escenario se le sumó otro factor que pesa como una losa en un rubro sensible: la competencia externa. En 2025 el Gobierno nacional redujo aranceles de importación para tejidos, confecciones y calzado mediante el Decreto 236/2025, una medida presentada como parte de una estrategia para bajar precios internos y aumentar competencia.
Los números del comercio exterior muestran que la importación de prendas aceleró con fuerza. Un informe de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), elaborado con datos del INDEC, indicó que en el primer cuatrimestre de 2025 las importaciones de indumentaria crecieron 83% en dólares y 120,9% en cantidades frente al mismo período de 2024, al tiempo que cayó el valor unitario promedio de la prenda importada.
En ese combo, China aparece como un jugador clave: el mismo informe señala que las prendas originarias de China explican en buena medida la baja del precio promedio de lo importado, algo que en el mostrador puede sentirse como “más barato”, pero en la fábrica se vive como un margen cada vez más apretado.

Y hay un tercer elemento que empezó a ganar protagonismo por afuera del circuito tradicional: la ropa usada. Durante 2025 se registró un salto en el ingreso de prendas de segunda mano y la discusión escaló incluso por razones sanitarias, con nuevas exigencias y controles anunciados por el Gobierno hacia fin de año. Para la industria local, ese flujo suma presión en un mercado ya debilitado.
Con este cuadro, el 29,2% no es solo un número “malo”: es un nivel que deja a muchas empresas trabajando por debajo de lo mínimo razonable para cubrir costos, sostener personal y planificar. Por eso, cada caída termina empujando el mismo menú de supervivencia: suspender, achicar líneas, renegociar condiciones o frenar inversiones. Y cuando el ajuste llega a firmas grandes, el efecto arrastra a proveedores, talleres y comercios de cercanía.
La pregunta que sobrevuela al sector es simple y dura: cuánto tiempo se puede aguantar así. Si el consumo no repunta y la competencia importadora sigue ganando terreno, el riesgo es que el recorte deje de ser “temporal” y se convierta en cierre definitivo. Por ahora, el termómetro oficial ya marcó el punto crítico: la textil está funcionando con el motor casi apagado.
