Ventas pyme: diciembre no alcanzó y el consumo llega a 2026 con el freno puesto

Ni las fiestas lograron torcer la curva. Las ventas minoristas pyme volvieron a caer en diciembre y dejaron una señal incómoda para el arranque de 2026: hay movimiento, hay promociones, hay esfuerzo comercial, pero el bolsillo sigue marcando el límite.


El informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) registró una baja interanual del 5,2% y confirmó que la recuperación de principios de año se fue apagando.

El dato tiene una doble lectura. Por un lado, en la comparación mensual desestacionalizada hubo un rebote del 5,2%, lógico para un diciembre con aguinaldo, regalos y compras de fin de año. Por el otro, la caída contra el mismo mes del año anterior habla de un consumo que continúa selectivo: se compra lo imprescindible, se estira la tarjeta cuando se puede y se recorta lo que no es urgente.

Diciembre mostró actividad, pero no alivio

En los comercios la sensación fue bastante pareja: más consultas, más gente entrando, más “vitrina”, pero menos cierre de venta o tickets más chicos. Lo que empujó fue, sobre todo, la oferta: descuentos, cuotas, liquidaciones, combos. En muchos rubros, el cliente fue directo a la pregunta de siempre: “¿qué promo tenés?”.

CAME lo reflejó en números y en diagnóstico: el balance sectorial fue mayormente negativo y la entidad habló de una “tendencia recesiva reciente”. En diciembre, seis de los siete rubros relevados terminaron en rojo. El patrón ya no sorprende, pero sí preocupa por la persistencia.

Los rubros más golpeados: primero caen los “no esenciales”

Las contracciones más fuertes aparecieron donde el consumo suele ser más postergable:

  • Bazar, decoración, textiles de hogar y muebles: -15%

  • Perfumería: -9,8%

  • Textil e indumentaria: -8,5%

Son rubros que dependen mucho de un clima de “gasto posible”. Cuando el ingreso se ajusta, quedan para después. La ropa se estira un mes más, el perfume espera, el mueble se posterga y el bazar se vuelve una compra de oportunidad, no de necesidad.

La excepción fue ferretería, materiales eléctricos y de la construcción, con una suba leve del 0,8%. No es necesariamente un boom. Muchas veces responde a arreglos chicos, mantenimiento, reposiciones inevitables. Se arregla lo que se rompe, se atiende lo urgente. No mucho más.

Incluso alimentos y bebidas cerró con caída interanual, un dato que suele ser el más sensible porque ahí se juega el día a día. Si baja ese rubro, el mensaje es claro: el consumo está cuidándose hasta en la canasta básica.

Ocho meses seguidos de retrocesos y una historia que pesa

Diciembre fue la continuidad de noviembre, que ya había mostrado una baja del 4,1% interanual. Y lo que inquieta es la secuencia: según el propio relevamiento, los últimos meses consolidaron una racha descendente, después de un primer tramo del año con mejor dinámica.

En perspectiva más larga, el cuadro es todavía más duro. CAME contabiliza retrocesos en 30 de los últimos 36 meses. Ese dato, por sí solo, explica por qué cualquier “rebote” se mira con cautela: si el crecimiento aparece apenas contra una base muy mala, el riesgo es confundir un respiro estadístico con una mejora real.

Un cierre anual “positivo” que no disipa las dudas

Con los números de diciembre, el acumulado 2025 termina con una variación positiva del 2,5%. Pero incluso ahí conviene leer la letra chica: parte de ese resultado se explica por la comparación con un año anterior débil. No es un detalle menor. Cuando la base es baja, cualquier repunte se agranda en el porcentaje, aunque el comercio no lo sienta en la caja.

En la calle, muchos comerciantes lo resumen sin vueltas: “se vendió, pero no como para decir que fue un buen año”. La sensación es de supervivencia: sostener el local abierto, pagar costos fijos, cubrir reposición, aguantar.

Expectativas: algo menos de pesimismo, pero con inversión congelada

El relevamiento de CAME marca un leve cambio de humor respecto de noviembre. La mayoría habla de estabilidad interanual y baja el porcentaje de quienes dicen estar peor. Es una mejora relativa, no un giro.

Para adelante, el sector se divide entre esperanza y prudencia:

  • 51,2% confía en un repunte

  • 43% cree que seguirá igual

  • 5,8% teme que empeore

Ahora bien, cuando se pregunta por inversión, aparece el freno de mano: 57,1% considera que no es un buen momento para desembolsos de capital. En criollo: se espera, se mira, se cuida la espalda. Nadie invierte fuerte si no ve horizonte.

El trasfondo: consumo fino, márgenes apretados y señales mixtas

El comercio minorista vive de volumen y rotación. Y hoy el volumen no aparece con la estabilidad necesaria. A eso se suma otro problema silencioso: los costos. Servicios, alquileres, logística, impuestos y reposición conforman un combo que achica márgenes. Vender más barato para mover stock sirve un rato, pero tiene límite.

El cierre de 2025 deja, entonces, una foto nítida: hubo más movimiento en diciembre, sí, pero no alcanzó para cambiar la tendencia. El consumo sigue selectivo, los rubros no esenciales sufren primero y la decisión de invertir está en pausa.

La gran pregunta para 2026 es simple y difícil al mismo tiempo: ¿se recompone el poder de compra lo suficiente como para sostener un ciclo de ventas más sano, o el comercio seguirá dependiendo de promociones y estacionalidad para respirar? Por ahora, el termómetro de diciembre no trae una respuesta tranquilizadora.