A las 16:00, el INDEC publicará la inflación de diciembre. El consenso del REM y de consultoras privadas la ubica en torno a 2,3%–2,6% mensual, un registro que permitiría cerrar 2025 cerca del 31% anual, el nivel más bajo en más de siete años, pero también confirmaría que la desinflación entra en una etapa más lenta, con presión de regulados y servicios.
El dato llega con un condimento extra: ya no es solo “el número”. En la City se mira qué hace con la banda cambiaria indexada a inflación, cómo reordena la curva de tasas, y qué margen deja para la estrategia financiera del Tesoro en el arranque de 2026.
Una calma frágil: baja la inflación, pero no aflojan los “pisos”
El Gobierno llega al anuncio con un antecedente concreto: en noviembre el IPC nacional fue 2,5% (dato oficial), con una dinámica donde los rubros sensibles —alimentos, transporte, vivienda/servicios— siguen funcionando como “piso” cuando aparecen ajustes puntuales.
En la antesala del número nacional, también pesó el termómetro porteño: CABA marcó 2,7% en diciembre y acumuló 31,8% en 2025, con presión de transporte, restaurantes/hoteles, alimentos y vivienda.
Ese registro alimentó la idea de una inflación nacional nuevamente por encima del 2%, en un diciembre donde varias mediciones privadas señalaron empuje en carne y en precios regulados.
El telón de fondo, además, es comparativo: el año pasado terminó con 117,8% en 2024 (dato oficial), un contraste que explica por qué el mercado habla de “desaceleración” aun cuando muchos precios cotidianos siguen corriendo por delante de los ingresos.
La novedad: diciembre “pesa” sobre el dólar, pero con rezago
Desde el 1° de enero de 2026, el Banco Central cambió el modo de mover los límites del dólar oficial dentro del régimen de flotación entre bandas: el piso y el techo se ajustan según la inflación (con rezago de dos meses, T-2).
Eso vuelve al IPC de diciembre una pieza clave por su timing: impactará en la banda de febrero, y por esa vía influye en expectativas de tipo de cambio, cobertura y tasas. La banda ya está publicada día por día: este 13/1/2026 el BCRA ubicó la banda inferior en $906,60 y la superior en $1.542,49, con un deslizamiento diario que se recalcula según la regla vigente.
El esquema tiene una consecuencia inmediata: instala un mecanismo de retroalimentación entre precios y dólar oficial. Si la inflación se “plancha” más lento de lo esperado, la banda también ajusta en ese mismo clima, obligando a recalibrar el sendero de desinflación y el retorno esperado en pesos.
Tasas: el BCRA, entre sostener el proceso y evitar tensiones
La otra pantalla que miran bancos y fondos es la de tasas. El REM del Banco Central proyectó 2,3% para diciembre y una trayectoria que recién perforaría el 2% mensual de forma más clara hacia los meses siguientes, con una inflación esperada de 20,1% para diciembre de 2026.
En ese contexto, la tasa se vuelve herramienta de calibración fina: demasiado baja, y se recalientan cobertura y dólar; demasiado alta, y se enfría crédito y actividad. Según el REM citado por medios locales, el mercado también ajustó previsiones de tasa nominal hacia un sendero descendente a lo largo de 2026, aunque todavía en niveles relevantes para sostener rendimientos en pesos.
La señal que dejará el IPC no será únicamente “cuánto dio”, sino cómo dio: si el dato viene con núcleo firme y regulados empujando, el mercado suele pedir una tasa real más exigente y cobertura más cara.
Deuda y liquidez: el factor CERA vuelve al centro
En paralelo, la estrategia financiera de 2026 arranca con vencimientos y rollovers que exigen un mercado local “aceitado”. Y ahí aparece una variable que los operadores mencionan desde hace semanas: la liberación de fondos de las Cuentas Especiales de Regularización de Activos (CERA) vinculadas al blanqueo.
A fines de 2025 se hablaba de más de US$ 24.000 millones con posibilidad de retiro sin penalidad en determinados casos, y ya en enero algunos reportes señalaron que quedaban liberados más de US$ 20.000 millones que estaban inmovilizados.
Ese flujo puede traducirse en más liquidez para instrumentos en dólares o para colocaciones en pesos, pero también puede presionar sobre demanda de cobertura si el mercado interpreta que el “equilibrio” cambiario se vuelve más inestable.
Un cierre con dos lecturas: “mejor” que 2024, pero con rigideces
Las proyecciones que circulan —y que Reuters recogió en una encuesta a economistas— apuntan a un cierre de 2025 en torno al 31%, un piso de comparación muy distinto al del año previo.
Pero el mismo informe advierte un punto que no es menor para 2026: la composición del índice y el peso de los servicios pueden jugar un rol más decisivo en adelante, y cualquier cambio metodológico en el IPC puede volver más áspera la lectura mensual.
A las 16:00, entonces, el número funcionará como algo más que un dato estadístico: será una señal para anticipar cómo se moverá la banda en febrero, qué tan “caro” seguirá el peso en términos de tasa, y cuánta estabilidad financiera puede sostener el programa sin reabrir tensiones en el dólar.
