Las escuelas técnicas sin fondos

La eliminación del Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional en el Presupuesto 2026 no es un recorte más: golpea el núcleo operativo de las escuelas técnicas.

A diferencia de otras modalidades, la formación técnica depende de talleres, laboratorios, herramientas, insumos y máquinas que se consumen, se desgastan y requieren mantenimiento constante. Sin financiamiento específico, la enseñanza pierde práctica y se empobrece.

El impacto es inmediato y concreto. Menos recursos significa menos materiales para prácticas, menos reactivos, menos repuestos, menos mantenimiento de equipos, menos actualizaciones de software y menor capacidad para sostener proyectos técnicos. En la dinámica cotidiana eso se traduce en talleres que funcionan a medias, prácticas reducidas y una formación cada vez más teórica, desconectada de los estándares reales del trabajo.

El trasfondo es político y económico. Una política basada en el ajuste permanente transforma toda inversión de mediano plazo en un gasto “recortable”. La educación técnica es, por definición, inversión: forma capacidades para sostener producción, empleo calificado e innovación. Cuando el recorte se vuelve regla, el sistema educativo queda condenado a sobrevivir con parches y sin horizonte.

También hay una coherencia dura entre desfinanciar la formación técnica y un rumbo que achica la industria. Si el modelo económico desalienta la producción local y debilita el entramado pyme, formar técnicos para esa estructura pierde prioridad. En una economía que se ordena para producir menos, la educación técnica deja de ser estratégica y pasa a ser un costo a ajustar.

El daño no queda dentro de la escuela. La técnica es una bisagra entre educación y trabajo: profesionaliza oficios, mejora productividad y sostiene movilidad social. Al desarmarla, se deteriora la calidad educativa y, al mismo tiempo, se erosiona la base de capacidades que cualquier proyecto de desarrollo necesita.

Por eso el ajuste no es sostenible: no sólo por el impacto social, sino porque deteriora el futuro productivo. Talleres vaciados, equipos fuera de servicio y una brecha creciente entre lo que se enseña y lo que el mundo laboral exige son el resultado previsible. Si el recorte es la única política, la educación técnica es de las primeras víctimas. Y la industria, el capítulo siguiente.

Redacción Data política y económica