Alimentos empujan el índice de diciembre y el “éxito” antiinflacionario pierde fuerza.
Consultoras privadas ubican el IPC del último mes de 2025 entre 2,5% y 2,6%, con alimentos —y en particular la carne— como principal tracción. El INDEC publicará el dato el martes 13 de enero. En la previa, el índice oficial ya venía escalando: 2,1% en septiembre, 2,3% en octubre y 2,5% en noviembre.
La desinflación —bandera política y económica del Gobierno— llegó a un punto de tensión en el cierre de 2025. A días de que el INDEC difunda el IPC nacional de diciembre (agendado para el martes 13 de enero), estimaciones privadas coinciden en que la inflación del mes se movió cerca del 2,5%–2,6%, un nivel que no solo corta la expectativa de una baja sostenida, sino que también confirma un patrón: los precios dejaron de descender y volvieron a moverse en un “piso” alto para una economía todavía golpeada por la recesión.
El dato adquiere peso por el contexto. En noviembre, la inflación oficial fue 2,5%, con una dinámica que ya mostraba aceleración respecto de los meses previos. La serie reciente exhibe un escalón ascendente: 2,1% en septiembre, 2,3% en octubre y 2,5% en noviembre. Diciembre, si se confirma en torno al 2,6%, consolidaría la idea de que la desinflación perdió tracción en el tramo final del año.
El factor alimentos: la carne vuelve al centro del índice
Los relevamientos privados señalan a alimentos y bebidas como el motor de la aceleración, con una incidencia particular de la carne en la canasta cotidiana. En mediciones de alta frecuencia difundidas en los últimos días, Analytica reportó que, en la quinta semana de diciembre, los precios de alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires subieron 0,6% semanal, y que el promedio de cuatro semanas se ubicó en 3,3%, una dinámica que empuja su proyección mensual para el nivel general hacia 2,6%.
En paralelo, otras consultoras también ubicaron diciembre en la misma franja: C&T alrededor de 2,6%, y EcoGo y Libertad y Progreso cerca de 2,5%, de acuerdo con reportes periodísticos que compilaron esas estimaciones.
En el caso de EcoGo, su informe de diciembre también describe una suba de alimentos en torno a 2,5% mensual, con presión en rubros sensibles del consumo masivo.
Una tendencia que ya venía marcada
El freno no aparece de la nada: la inflación oficial ya venía mostrando un recorrido de subas mensuales en el segundo semestre. En noviembre, el INDEC registró 2,5% para el nivel general y su propia serie expone el rebote desde los mínimos de mitad de año.
Además, el trasfondo de noviembre dejó pistas sobre dónde se acumulan presiones. En octubre, por ejemplo, el INDEC indicó que la división de mayor aumento fue Transporte (3,5%), seguida por Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (2,8%): rubros que suelen trasladar ajustes regulados o movimientos de costos a los precios finales.
En esa lectura, el problema para el Gobierno es doble: no solo importa el número de diciembre, sino el mensaje que deja la trayectoria. Con el índice estabilizado alrededor del 2,5%, la discusión deja de ser “cuánto baja” para pasar a ser “por qué no baja más” y qué condiciones —salarios, tipo de cambio, tarifas, actividad— pueden tensar el 2026.
Expectativas vs. realidad: la brecha que incomoda
El rebote también se vuelve significativo cuando se lo contrasta con las expectativas del mercado. En el REM de noviembre, los analistas relevados por el BCRA proyectaban para diciembre una inflación de 2,1%. Si el IPC termina más cerca del 2,6%, la diferencia no es menor: implica que el cierre del año fue más “caro” de lo que anticipaban pronósticos que, en general, suelen capturar parte de la inercia y de los ajustes programados.
Sobre esa tensión se monta la dimensión política. Milei sostuvo en declaraciones públicas que hacia mediados de 2026 la inflación “va a empezar con cero”, una promesa que forma parte del corazón del relato oficial de estabilización.
Diciembre, en ese marco, aparece como un test temprano: si el proceso de desinflación se ameseta y la baja se vuelve más lenta que lo prometido, el Gobierno enfrenta un dilema clásico de programas de ajuste: sostener el ancla fiscal como principal herramienta, aun si la desinflación se frena, o admitir que el “último tramo” hacia tasas más bajas requiere otras condiciones (crédito, recomposición de ingresos, coordinación de precios regulados y mayor previsibilidad macro).
Lo que viene: el dato del 13 y la discusión de febrero
El número oficial de diciembre llegará el martes 13 de enero y funcionará como foto final del 2025.
Más allá del porcentaje, el debate que se abre es qué tan sostenible es una inflación “baja” si se mantiene el combo de consumo retraído, salarios tensionados y aumentos concentrados en bienes y servicios esenciales.
Por ahora, los datos privados marcan una señal nítida: la inflación volvió al escenario central. El Gobierno llega asi al final de su segundo año con su principal bandera, la baja de la inflación, muy cuestionada.
