Radiografía de la ganadería: ¿Por qué Argentina perdió lugar en el ranking exportador?


Pese a ser uno de los mayores productores de carne vacuna del mundo, Argentina cae en su posición. ¿Qué explica esta situación?


El retrato ganadero que hizo Esteban Echeverría de nuestro país hace casi dos siglos está bastante cambiado hoy por diversos factores. Más allá de la sofisticación de la cadena productiva –en breve vamos a eso–, las enormes pasturas para la cría de ganado de forma extensiva –fundamentalmente en la región pampeana– cambiaron su destino por el avance agrícola.

El proceso de agriculturización-sojización se explica en gran medida por el aumento de los beneficios percibidos por los productores al cambiar de actividad. Las grandes transformaciones de la soja en las últimas décadas del siglo XX y los altos precios de las commodities agrícolas por el boom de demanda chino cambiaron radicalmente la ecuación: las vacas son más costosas, más difíciles de producir y, por consiguiente, menos convenientes. De esta manera, la superficie destinada a que las vacas circulen alimentándose y engordando en la zona núcleo –región pampeana– se achicó y en parte se trasladó a otras zonas de menor productividad del suelo, por ejemplo el NEA.

El primer efecto de la sojización es el traslado de parte del ganado. El segundo fue el aumento de la proporción de ganado bovino por hectárea. Es decir, se intensificó la producción. Si antes tenías 0,7 vacas por hectárea, ahora tenés 1. Por esto, pese a tener menos hectáreas disponibles, la producción siguió creciendo –con la excepción de algunos períodos de caída–.

¿Qué subyace detrás de estos dos efectos? El hecho de que la tierra es un factor productivo particular: no puede aumentarse, algo que lo diferencia del capital y del trabajo. Entonces, si una tierra es utilizada para producir un determinado producto, no puede serlo para otra, y –a menos de que haya tendencias expansionistas hacia otros territorios o cambios en la productividad de la tierra por uso de tecnologías– la superficie que tenemos es la misma.

Otro de los grandes cambios de la ganadería argentina desde El Matadero es la modificación y heterogeneización de la cadena productiva. Antes todo era más sencillo, las vacas no eran tan buenas –en parte por eso nuestras comidas tradicionales son, en muchos casos, guisos que ablandan la carne– y eran más flacas. Con los años se fue sofisticando y adquiriendo etapas industriales, por ejemplo los frigoríficos. Te dejo este esquema de la Subsecretaría de Programación Microeconómica de 2021 donde se detalla su complejidad y este documento donde resumen cada eslabón.

Dos cosas quedan por decir sobre esto que me parecen interesantes para tener en cuenta. Seguramente hayas escuchado hablar de feedlot o engorde en corral. Eso significa que las vacas en su período posterior al destete no son engordadas en el campo, sino en un espacio pequeño donde comen alimento balanceado. Esta modalidad implicó, en parte, el crecimiento fenomenal de la demanda de maíz y, en menor medida, de soja, ya que son componentes principales del alimento. El motivo por el cual no siempre se utiliza este tipo de engorde, más allá de razones idiosincráticas de los productores y consumidores, es que en algunos momentos el precio de las commodities mencionadas sube hasta un nivel tal que imposibilita esta herramienta por su costo.

En segundo lugar, algo que distingue a la ganadería de los cultivos como la soja es que no hay un paquete tecnológico que todos deban adaptar por igual. Eso significa que existen fuertes heterogeneidades entre los productores, por la capacidad y la voluntad de incorporar determinadas tecnologías a sus producciones, estimulando por un lado una dinámica innovadora y por otro lado, una multiplicidad de proveedores: desde maquinaria hasta software destinado a la ganadería. ¿Es posible pensar el sector ganadero como una palanca para traccionar otros desarrollos? Lo dejamos para otro día.

Sin vacantes  

Por el contrario, algo que no cambió mucho en nuestra historia es el rol central que tenemos en la producción de carne a nivel mundial. Según estimaciones de la FAO, en 1961 Argentina ocupaba el tercer puesto con respecto a las toneladas de ganado vacuno faenado, tan solo por detrás de Estados Unidos y la URSS, con el 7,5% de la producción mundial. En 2022, pasamos a ocupar el quinto puesto, siendo superados por Brasil, China e India –además de EE.UU.– y pasamos a representar el 4% del total.

Tan importante como nuestra posición en este mercado es que te suscribas a los Mejores Amigos de Cenital, siempre y cuando esté dentro de tus posibilidades, y que nos ayudes a difundir nuestro contenido, que crece exponencialmente, a diferencia de nuestra carne.

Es decir, por más que mantengamos una postura de liderazgo en el concierto internacional, nuestro rol es cada vez menos importante. Esto se debe a que en ese período la producción de carne vacuna creció desde los 28 millones de toneladas a las 76, más que se duplicó. Por el contrario, en Argentina pasamos de 2.2 millones a 3.1, un aumento tan solo de la mitad. Dejando de lado nuestro estancamiento relativo, en la actualidad encontramos un mercado internacional de carne bastante más heterogéneo en cuanto a sus productores y en el cual algunos países que ya eran relevantes, ahora lo son más, como Brasil e India.

Una pregunta válida para hacernos es por qué nos pasaron algunos países o por qué estamos perdiendo posiciones. La primera hipótesis podría ser que el resto del mundo aumentó la cantidad de cabezas de ganado criadas, mientras que nosotros nos quedamos donde estábamos. Sin embargo, esto no es así, hacia 1961 nos encontrábamos en el sexto puesto en cuanto a cabezas y en 2022 también. ¿Entonces? La respuesta, en realidad, viene por el lado de la productividad: cuántos kilos de carne salen de una vaca en promedio.

Si observamos esta variable nos encontramos con que dentro de nuestra región, el aumento del peso promedio de las vacas fue menor en Argentina que en el resto de los países. Mientras que en nuestro país pasamos de 210 a 232 kg, Brasil logró un aumento de 191 a 245 y Uruguay de 218 a 264. De todas maneras, nos encontramos bastante por debajo de la media de los países desarrollados: en Estados Unidos pesan 370 kg, en Alemania 329 y en Francia 319 kilos.

Gráfico. Evolución del peso promedio del ganado bovino en países seleccionados. 1961-2022.

Fuente: OurWorldInData en base a FAO

El mencionado estancamiento y la mayor competencia a nivel global sí nos afectó fuertemente en nuestra relevancia como exportadores de carne. A mediados de la década de los ‘90, Argentina era el principal exportador en América del Sur –con el 3% del valor exportado–, seguido por Brasil y Paraguay, pero muy por detrás de Estados Unidos, Países Bajos, Alemania, Francia, Australia, Canadá y México –todos con más de 5% del valor mundial comerciado–. Después de 27 años, Brasil y Paraguay superaron a Argentina como proveedores internacionales de carne y nosotros nos quedamos en nuestro cómodo 3%. ¿Por qué?

El de los alimentos no es un mercado sencillo. Por un lado, todo aquello que es para ingesta humana y/o animal sufre de fuertes regulaciones de los países importadores para verificar la calidad de la comida, de forma tal de evitar que los consumidores tengan problemas. En nuestro caso, en los 2000 tuvimos un brote de fiebre aftosa en el norte, enfermedad que perjudica la alimentación de los animales infectados y que es fácilmente contagiable, por lo cual se evita a toda costa importar carne de lugares infectados. Hoy, Argentina se considera un país libre de aftosa por vía de vacunación –excepto en la Patagonia que no requiere vacunación, por lo que su carne es más valiosa en los mercados extranjeros–, pero aún así durante muchísimo tiempo no pudimos exportar carne a Estados Unidos, por ejemplo. Es decir, hay un costo reputacional. Te dejo una muy buena nota sobre esto.

Por otro lado, los países, fundamentalmente los más desarrollados, suelen proteger a sus agricultores frente a la importación de productos. De hecho, en gran medida las dificultades que hay para firmar un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea radican en la resistencia del sector agrícola del viejo continente –más que nada de Francia–. Para regular la entrada de productos, algunos países establecen cuotas de importación, que se reparten a países exportadores, y que establecen una serie de características que deben cumplirse para ingresarla a los mercados de destino, así como también límites en la cantidad exportable. En caso de superar esa cantidad, se les cobra a un arancel casi prohibitivo, que genera que no sea posible competir contra la producción local, de forma tal de que no se pueda vender en la práctica.

Finalmente, quizás te preguntes dónde queda la diferencia de carne cuando sos uno de los mayores productores del mundo y no pertenecer más al top 10 de exportadores… Adivinaste, en el mercado local. Aproximadamente, el 75% de la producción de carne vacuna argentina está dirigida al mercado interno, lo que explica que seamos el mayor consumidor de carne per cápita del mundo (48 kg por habitante al año aproximadamente). Eso genera que en ciertos momentos se hayan generado restricciones a las exportaciones en busca de favorecer el mercado interno, a partir del redireccionamiento de la oferta. Más allá de los resultados efectivos de este tipo de medidas, un efecto no deseado es una pérdida de credibilidad como proveedor de carne. Siguiendo lo que te contaba en los dos puntos anteriores, no es fácil ingresar alimentos a un país, hay muchas regulaciones en el medio, por lo que frenar las exportaciones tiene un perjuicio directo sobre los países importadores.

  • Nicolás Sidicaro