Ricardo Piglia: tres libros sobre el gran escritor.


Por estos días se publicaron una biografía, un libro que recupera entrevistas muy particulares y otro que recopila prólogos escritos por el autor de “Respiración artificial” para una colección que dirigió. ¿De qué se trata cada uno de ellos.?


El novelista, el lector que se convirtió en una suerte de guía para otros lectores, el crítico, el editor, el que intentaba abordar la relación entre los intelectuales y la militancia de los ‘60 y ‘70, el que participaba con sus artículos de la época de oro de las revistas culturales argentinas, el que enseñó a Borges por televisión, el teórico implacable, el docente universitario. Ricardo Piglia (1941-2017) es una figura central para la literatura en idioma español y, por la potencia de su lectura y de su escritura, sus múltiples facetas parecen seguir proyectándose hasta la actualidad.

A continuación, un repaso por las tres publicaciones.

1. Ricardo Piglia a la intemperie, de Mauro Libertella. Entre el retrato, la crónica, el ensayo y la biografía, este libro de Mauro Libertella recorre la vida y la obra de Piglia a partir de las distintas intemperies a las que el escritor se vio de alguna manera expuesto en distintas circunstancias. Algunas son intemperies iniciáticas, como cuando sus padres decidieron dejar la localidad de Adrogué para instalarse en Mar del Plata y él era adolescente; algunas de origen (“La ausencia total de literatura en mi infancia fue lo que hizo de mí el escritor que soy”, dijo Piglia en una conferencia que recupera el libro); algunas políticas (en los ‘60 y comienzos de los ‘60, según Libertella, “Piglia funcionaba como un síntoma, alguien que está buscando, con otros, una izquierda por fuera del Partido Comunista”); muchísimas literarias (la que tuvo lugar, por caso, con la polémica cuando ganó el Premio Planeta) o vinculadas con las tensiones del campo intelectual; y, hacia el final de sus días, la cruda intemperie de una enfermedad implacable como la esclerosis lateral amiotrófica.

Para retratar a Piglia, Libertella se vale tanto de testimonios valiosos de escritores, familiares y allegados como de su propia lectura afilada de la obra de Piglia, en especial de ese material rico y también engañoso que son los diarios del escritor, publicados hacia el final de su vida bajo el título de Los diarios de Emilio Renzi.

En algunos momentos, con gran detalle y profundidad en las descripciones, el autor apela a un tono de crónica para acompañar a sus entrevistados y verlos en algún tipo de acción. En otros, se dedica con precisión y elegancia a escucharlos para componer una descripción coral de una figura tan influyente para la literatura argentina en sus casi seis décadas de actividad que se va armando entre el personaje público y el que supo ser en la intimidad.

Repleto de escenas memorables y de rescates de declaraciones e intervenciones de Piglia minuciosamente elegidas por Libertella, el libro no ahorra los momentos difíciles. Es por eso que aparecen entre otros, con información y testimonios precisos, las polémicas con sus pares, los amores cruzados que tuvo, los debates de los que participó y los días finales cuando, víctima de una enfermedad arrasadora, eligió seguir escribiendo.

 

2. Ricardo Piglia. Introducción general a la crítica de mí mismo. Conversaciones con Horacio Tarcus. “Esta conversación se grabó en un entrañable Sanyo de microcassette. No es la versión oral de Los diarios de Emilio Renzi, sino la memoria detallada y chismosa de los sesenta y setenta, años en los que Piglia fundó y participó en revistas que reflejan los debates de la izquierda, su figura siempre disidente con las convenciones, sus desacuerdos que siempre lo dejaban en un lugar extraño y vanguardista, aunque le disgustara esta palabra: un trotskista que entroniza a Puig, un maoísta que lee a Raymond Chandler y James Hadley Chase, un solitario que camina por la calle Santa Fe mientras sus compañeros caminan hacia Ezeiza para recibir al general”, apunta con agudeza la escritora María Moreno en uno de los prólogos de este libro.

El otro está escrito por el historiador, archivista e investigador Horacio Tarcus, quien se encargó de hacer y recopilar las entrevistas que aparecen en este libro. Según relata el propio Tarcus en sus palabras preliminares, las conversaciones que integran Introducción general a la crítica de mí mismo tuvieron lugar a partir de una serie de visitas de Piglia al CeDinCi que comenzaron en 1998. Esas charlas, de las que participó también Ana Longoni, estuvieron motorizadas particularmente por la revisión de las revistas culturales argentinas de los ‘60 y los ‘70 de las que Piglia fue testigo y parte central.

Transcriptas tal como tuvieron lugar, con mínimas referencias que ayudan a los lectores a completar datos sobre nombres, libros o publicaciones, las entrevistas exhiben a un Piglia lúcido, conversador, por momentos autocrítico y también cómodo con sus interlocutores, que lo van llevando por asuntos como la militancia de izquierda, los años de formación, la tarea de de editor y su relación con otros intelectuales contemporáneos. Entre otros momentos reveladores, se destacan las observaciones que Piglia hace sobre su vínculo con Rodolfo Walsh.

Hacia el final, el libro recupera también algunos textos “juveniles” que Piglia publicó en aquellas revistas emblemáticas que fundó, que conformó, que criticó y hasta que llegó a abandonar.

Ricardo Piglia. Introducción general a la crítica de mí mismo salió por Siglo XXI Editores.

3. Trece prólogos, de Ricardo Piglia. Entre 2011 y 2015, Ricardo Piglia dirigió en la editorial Fondo de Cultura Económica una colección de literatura argentina llamada Serie del recienvenido. A cada una de esas trece publicaciones, que seleccionó y eligió con dedicación, Piglia les escribió prólogos, que ahora forman parte de este libro.

Tal como destaca Aníbal Jarkowski en su introducción a Trece prólogos, “los libros que integraron la serie no pertenecían a un mismo género; tampoco los reunía una coincidencia temática, estética ni ideológica, sino que resultó de la aplicación del gusto personal de Piglia. Se trata de libros apenas emparejados por el hecho de que fueron escritos por autoras y autores argentinos y publicados por primera vez en la segunda mitad del siglo XX. Siendo libros diversos en sus formas, sus estilos, sus temas, sus historias, sus géneros, la memoria de Piglia los reúne”.

Los prólogos reunidos son los que salieron en las ediciones que Fondo de Cultura Económica publicó de los libros En breve cárcel, de Silvia MolloyNanina, de Germán GarcíaEl mal menor, de C.E. FeilingMinga!, de Jorge Di PaolaHombre en la orilla, de Miguel Briante; La educación sentimental de la señorita Sonia, de Susana ConstanteGente que baila, de Norberto SoaresLa muerte baja en el ascensor, de María Angélica Bosco, ¡Cavernícolas!, de Héctor LibertellaRío de las congojas, de Libertad DemitrópulosVudú urbano, de Edgardo Cozanisky y Cuentos completos, de Ezequiel Martínez Estrada.

Volver ahora al listado de textos y autores elegidos y repasar las palabras que les dedicó a cada uno de ellos sirve como ejercicio para aproximarse al Piglia lector y a sus intereses recurrentes. Como señala Jarkowski en su introducción, este libro “funciona como un breviario, un compendio de ideas sobre temas a los que Piglia dedicó una atención tan extensa como intensa”. Entre otras, según el crítico, “las estrategias que sigue una narración”, “la estructura que sostiene el desarrollo de un relato” y “la naturaleza de la ficción”.

Trece prólogos, de Ricardo Piglia, salió por Fondo de Cultura Económica.

Agustina Larrea