Sentido de giro de Trump a Milei. por Sergio A. Rossi


Diferentes analistas políticos vienen siguiendo la irrupción y el despliegue, en EEUU y todo Occidente, de una corriente que denominan populismo de derecha, o neofascista, o internacional libertaria. Liberales en lo económico y autoritarios en lo político.


Sus líderazgos destacados van de Trump a Bolsonaro, de Meloni a Milei. Sobre sus postulados y variaciones hay gran cantidad de trabajos e investigaciones, materia que excede este breve comentario.

Esa corriente pretendidamente rebelde trata de captar y dar cauce a la frustración que genera en grandes contingentes sociales la exclusión y la desigualdad del sistema. No busca resolver la desigualdad material, sino más bien descargar la tensión simbólica.

Apelaciones patrióticas exclusivistas, componentes mesiánicos o religiosos, consagración de la propiedad privada, individualismo exacerbado y pulsión autoritaria, se amalgaman en su estilo agresivo, provocador y grosero, de estética extravagante.

Se presentan con un aspecto prolijamente despeinado, desorden y zafaduría cultivados con esmero, por medio de costosísimas campañas de influencia y manipulación en redes sociales, grandes cadenas de propaganda, y multinacionales informáticas.

Hay un matiz, sin embargo, entre Milei y Trump.

Milei es proyanqui de manera vergonzosa, innecesaria, descarada y grotesca, sí.

Pero esa corriente internacional libertaria no escapa a las leyes de la física, y se ve afectada por el efecto Coriolis, pseudo fuerza debida a la rotación del planeta.

Como se señala en “Los Simpson en Australia”, el agua forma remolinos con un sentido de giro en el hemisferio norte, movimiento angular que se invierte apenas se cruza hacia el sur la línea del Ecuador.

Por eso Trump es proteccionista, industrialista, y defiende el empleo de los norteamericanos; mientras que sus seguidores de estas pampas son simples títeres de la usura financiera, meros extractivistas que abjuran de proteger nada y a quienes no les interesa generar empleo para “estos negros que no quieren trabajar”. Y mucho menos todavía la soberanía nacional argentina.

Trump busca que refluyan inversiones norteamericanas hacia su país, mientras que los leoncitos comerciantes de por aquí tienen la pulsión de llevarse su capital a guaridas fiscales, Europa y EEUU.

Por eso tienen esa cabeza que gira y gira en el vacío, siempre en contra del interés patriótico y popular.