¿QUÉ ES ESTO? – POR ROCCO CARBONE

Por Rocco Carbone*

(para La Tecl@ Eñe)


Luego de las elecciones empezó una nueva etapa para el campo nacional y popular. El campo propio no pocas veces se ha desempeñado bajo un precepto antagonista. Quiero decir que muchas veces hemos funcionado con un pensamiento antagonista en el corazón de nuestra politicidad. Esto se escenificó por ejemplo en la interna. Ahora arranca una nueva etapa y es el momento de elaborar un pensamiento más hospitalario que adversativo. Un pensamiento capaz de hospedar las ideas que vengan de otrx, aunque sea con disidencia. Estamos en una etapa, si no me engaño, en la cual es inevitable elaborar un pensamiento partidario. Esta palabrita no refiere a ningún partido sino a estar de parte: de la parte del campo propio. Me animo a proponer que ese es un pensamiento acumulativo aunque sea con distancias internas. Se trata de un pensamiento comparable con el juego de un rompecabezas, como alguna vez sugirió Alejandro Kaufman. Para completar cualquier rompecabezas se necesita paciencia, perseverancia, también imaginación e inteligencia, que es una inteligencia espacial, figurativa, atenta al detalle. Cada jugador se hace de unas cuantas piezas y las va empalmando con las de otrxs. El pensamiento hospitalario es -entonces- acumulativo, colaborativo y se elabora en procura de la unidad. Pensamos y luchamos en unidad porque reconocemos una debilidad que nos es inherente. Y empalmando nuestras debilidades configuramos un poder con espesor: el poder popular, que es abigarrado (como solía decir un intelectual boliviano: René Zavaleta Mercado).

Con las últimas elecciones se ha iniciado un nuevo ciclo de infortunio para el campo propio. Luto y duelo tal vez sean conceptos decisivos para describir el momento que atravesamos. Son palabras que solemos convocar cuando se precipita un destello funesto y fúnebre. Cuando muere un ser queridx nos encontramos arrojadxs a un momento de silencio. A un lugar luctuoso parecido nos han empujado poderes oscuros que han constituido una sociedad, configurada para propiciar el infortunio del campo nacional y popular.

Con luto duelo se anuda otra palabra: silencio, que no necesariamente describe un mal momento porque en él buscamos las palabras decisivas para decirnos, para examinar lo que pasó y para entender cómo estamos. Y en esa búsqueda elaboramos conceptos: necesarios para trabar una ligazón con otrxs seres humanxs. Esas ligazones nombran la necesidad de reconstituir una lengua para el campo nacional y popular. Y éste, el campo propio, no es una idea fija ni eterna, sino que nombra la posibilidad de constituirlo en cada etapa histórica. En la nuestra también.

El poder que ha ganado las elecciones está constituido por una plataforma neoliberal zombi que produce subjetividades sin historia. Está animado por lógicas mafiosas y por un catalizador fascista. La mafiosidad presente en el campo antagonista empalma un paisaje visible con otro oculto y todas sus acciones, que tienen lugar bajo el sol, responden a la ola que late bajo la espesura calcárea de la roca. Este doble poder zigzaguea entre opacidades políticas de gran elaboración que se escenifican a la luz el sol (empezó el segundo tiempo) y mensajes descarnados enviados desde Rosario: “Con la mafia no se jode”, junto con siete balazos para asesinar a una mujer (www.ambito.com/informacion-general/rosario-asesinaron-una-mujer-frente-un-bunker-drogas-y-dejaron-un-mensaje-mafioso-n5885755).

El poder espeso que han constituido tiene unos cuantos propósitos. El primario tal vez sea quebrar el principio de verdad. Esto desde ya no es una novedad histórica. Y por eso mismo en la historia podemos encontrar magnos eventos emancipatorios que se organizaron alrededor de la palabra verdad. Memoria, Verdad y Justicia. Pienso también en la revista Pravda, por ejemplo, que quiere decir exactamente esto: la verdad. Cuando se nos inhibe quebrando el principio de verdad -a través de operaciones dispuestas por la mediaticidad monopólica, por ejemplo- el inconsciente y el cuerpo no distinguen entre lo que está pasando y lo que es imaginado o visualizado (Gloria E. Anzaldúa, Luz en lo oscuro, 2021). Cuando el principio de verdad es descalabrado, no sabemos a qué atenernos (vagamos en un estado de confusión), por ende, experimentamos la dificultad de encontrar modos decisivos de organización, que es el principio reparatorio de los daños que nos infligen, y tampoco sabemos cómo disponernos en el mundo. Cuando el principio de verdad es desestructurado queda un resto: lo que se siente. Si nos apoyamos en él, si no lo complejizamos con los modos de un entendimiento popular, nos vemos arrojadxs al individualismo más profundo. Por eso decía que debemos buscar las palabras necesarias para volver a religarnos, para constituir de nuevo el campo propio en procura de la unidad necesaria. Se trata de la búsqueda y elaboración de una lengua renovada para decirnos, capaz de bucear en el aparato de la memoria, donde están los viejos mitos emancipatorios, en pos de recrear los nuevos, reparatorios, en tanto figuras disonantes del conocer y de la lucha. “El mito es la dádiva que relata los parentescos entre la palabra olvidada y la palabra nuevamente ofrecida” (Horacio González).

A 40 años de la vuelta a la institucionalidad democrática, el campo antagonista plebiscitó la dictadura con las propias herramientas de la democracia. Se apropiaron de esas herramientas para descalabrar la condición democrática. Y lo más cruel es que lo hicieron sin que mediara ningún golpe de Estado. En Paraguay en 2012, en Brasil en 2016 y en Bolivia en 2019 para desfondar la democracia tuvieron que dar tres golpes de Estado. En Paraguay desplegaron una masacre en una zona campesina que se llama Curuguaty (bella palabra en guaraní que quiere decir el lugar del curuguá, una especie de zapallo negro de corazón rojizo); en Brasil, el impeachment contra Dilma y la cárcel para Lula; en Bolivia, la masacre en Senkata y Sacaba, que religó El Alto con Cochabamba. Repongo esta serie golpista porque aquí, en la Argentina, nada de eso fue necesario. Además, antes desactivaron la sabiduría de los liderazgos populares con el lawfare y de manera concurrente destruyeron nuestras formas de pensamiento popular a través de un aparato colosal de propaganda. Lawfare es una palabra impropia que nombra una utilización de parte del poder judicial, indica un uso abusivo de procedimientos judiciales, legales sólo en apariencia, cuyo objetivo tendió a estimular el repudio popular contra una subjetividad construida como enemigo público. Se apoya sobre los medios de creación de opinión -libros, periódicos, revistas, emisoras de radio y de televisión, cátedras, fundaciones, tertulias, redes sociales- que articulan sistemáticas campañas de desprestigio. El martes último, el poder judicial encarnado en la Cámara Federal porteña ordenó revocar el sobreseimiento (dictado el 5 de junio de este año) a Cristina Fernández de Kirchner en la causa por supuesto lavado, en la que fue condenado el empresario Lázaro Báez, conocida como “ruta del dinero K”, y emblema en la persecución a la Vicepresidenta. Más específicamente, la sala II del Tribunal de Apelaciones hizo lugar a un planteo de la asociación civil “Bases Republicanas”, integrada por ex funcionarixs macristas, algunxs con terminales nerviosas en los “Panamá papers”, investigación que oportunamente indicó la existencia de empresas offshore cuyo objetivo consistía en la fuga de dinero hacia cuevas fiscales. Aquí es posible conocer los nombres de lxs integrantes de la ONG: goodfellas (www.pagina12.com.ar/579902-los-claroscuros-de-bases-republicanas-la-ong-macrista-que-si).

Esta andanada renovada de lawfare es concurrente con la decisión de la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal, que confirmó el sobreseimiento de Mauricio Macri en la causa del ARA San Juan por la muerte de 44 submarinistas en noviembre de 2017 y el espionaje (i)legal a las que sus familias fueron sometidas; y con la suspensión de las elecciones en Boca a un puñado de días de su concreción por la Justicia porteña (juzgado civil no. 11), en función de supuestas irregularidades en el padrón electoral. La agilidad de un segmento conspicuo del poder judicial depende de una “sensibilidad” particular respecto de eventos que se verifican en esferas exteriores a él: la política, la económica, la mediaticidad monopólica (que con frecuencia “fija” una “idea de justicia” ante litteram condicionando a las propias agencias de justicia). La “verdad” jurídica está relacionada con los bloques de poder que la sostienen. Y uno de esos bloques ha iniciado otro tiempo de juego.

Empezó el segundo tiempo, sin que nadie lo haya votado a Macri. Podemos explicar lo que está pasando con una vieja consigna del campo propio: “Milei al gobierno, Macri al poder”. Lo digo así a propósito porque el complemento del poder mafioso es el poder fascista. Aquí una prueba: www.elcohetealaluna.com/la-mafia-que-ya-no-es-calabresa/. Por otra parte, cuando se nos dice que se gobernará para “los argentinos de bien” se está trazando un límite que va a separar a millones de seres del reconocimiento de su condición humana. En ese gesto segregatorio yace un núcleo del pensamiento fascista. Podemos decir todo esto porque reconocemos cómo se incrustan los signos de la historia en nuestro presente.

Puesto que desfondaron la democracia ahora vienen a desfondar el peronismo. Más bien: el legado memorial del peronismo revolucionario de los años setenta en tanto organizador de la vida popular. El peronismo puede ser pensado como un poder inclusivista incondicional y por esto mismo late en él un gran igualitarismo. Y vienen a desfondarlo con una fuerza homóloga, simétrica e inversa, por lo tanto, confusional, potente y atractiva. Un poder inclusivista discrecional: el fascismo. Este entronca con una racionalidad neoliberal atravesada densamente por lógicas mafiosas. Si logran su cometido -desfondar el peronismo- se verán afectadas todas las grandes tradiciones emancipadoras de la Argentina. Y de nuestro país vamos a conservar apenas el nombre como un cascarón vacío. El poder que entramaron y que anima el campo antagonista es extranjero respecto del campo nacional y popular, configurado por los restos de los exterminios indígenas, las comunidades migratorias europeas, las migraciones de los países limítrofes, del “interior”, por anudamientos de clases, etnias, géneros, ideologías. Ese poder es extranjero respecto de los movimientos sociales, los partidos políticos, los espacios, el devenir de las tradiciones identitarias “laboristas” (sean formales, estatales, privadas o informales). Y sólo a través de opacos espesores sonoros ese poder elaborará políticas para la sociedad argentina, pergeñadas desde el FMI, el corazón del imperialismo y el genocidio renovado contra la humanidad palestina.

Resistencia: ese nombre indica una idea que tampoco es fija ni eterna, sino que nombra la posibilidad de constituirla en cada etapa histórica: la nuestra. A propósito de esta idea, seis anotaciones finales: en ella vibra la palabra existencia. En nuestro fluir de la vida resistimos para decir la verdad; en procura de reorganizar la memoria social; en pos de reorganizar la vida popular; elaborar el cuidado militante colectivo; aminorar hasta dónde sea posible los sufrimientos que sobrevengan; elaborar una reflexión sobre su temporalidad. Una reflexión detenida sobre su comienzo, su primer acto, su destello iniciático. Desde el terreno de la lengua nacional y popular la trataremos de acompañar con una palabra reflexiva, afectiva, poética, disidente, política.