Elecciones 2023: se picó en La Plata la batalla de los Julio Césares


El exintendente llamó «antidemocrático» al actual, que lo cruzó: «Yo no soy un llorón». ¿Por qué se recalentó la campaña de dos viejos conocidos que comparten mucho más que sus nombres imperiales?

Alak gobernó la ciudad entre 1991 y 2007 y durante esos 16 años fue jefe político indiscutido del peronismo platense. Es, además, el intendente récord de la capital bonaerense en términos de permanencia en el poder. Garro está cumpliendo ocho años en la conducción del Poder Ejecutivo local. De ganar el 22 de octubre -es el escenario más probable-, en 2027, si no tomara antes otro camino, completaría un ciclo de 12 años. Sería el segundo intendente más duradero de La Plata.

Alak y Garro se conocen bien. El primero convocó al segundo, a principios de este siglo, para participar de una iniciativa que tuvo sus bemoles: la creación de La Plata Fútbol Club, la institución deportiva con el que el entonces intendente intentó crear la avenida del medio del fútbol platense con un cuadro que pudiera sumarse a los clásicos Estudiantes y Gimnasia en el circo romano del balompié nacional.

Por su parte, Garro -fundador del PRO en la capital bonaerense y elegido por Mauricio Macri para disputar la intendencia en 2015- suele admitir que tiene unos cuantos glóbulos rojos peronistas en su torrente sanguíneo. Ese año, cuando enfrentó a Pablo Bruera, archirrival de Alak, el exintendente nutrió el garrismo naciente con notorios aportes de las filas alakistas.

Después pasaron cosas. Básicamente, en estos últimos años el peronismo no encontró un liderazgo que lo ordenara y lo reconstruyera como opción competitiva capaz de hacerle frente al poder consolidado del intendente del PRO. La interna que libraron Florencia Saintout y Victoria Tolosa Paz causó dispersión. “Llamen a Alak”, propuso alguien y el gobernador Axel Kicillof se ocupó de poner a su ministro de nuevo en la cancha con una invitación que el vecino de Gonnet no pudo rechazar, por sentido del deber militante -Alak es de aquella vieja guardia que hacía de la organicidad una carga pública- y por la sangre en el ojo que le quedó después de tener que ceder, ante un hijo rebelde, el imperio que había construido.

Ahora, en el mano a mano por la intendencia de la capital, Alak y Garro se tiraron con de todo.

El martes, el retador dijo que el intendente “esconde la autoría de las obras” que el gobierno provincial realiza en La Plata “para adjudicárselas”. Más: “Pensé que era más democrático”, disparó al ser consultado por sus denuncias respecto a la rotura de carteles y pasacalles de campaña.

El intendente se plantó. “Alak también manda a romper carteles, pero yo no soy llorón, me la banco”, sacó pecho. Promesa de campaña mediante, tocó una de las fibras más sensibles del alakismo. “Hay que fundir un banco, eh…”, atacó. “Si gano, voy a reabrir el Banco municipal que fundió Alak”, concluyó.

Lo dicho: como establecieron las PASO, que dejaron a JxC liderando pero a sólo cuatro puntos de UP, el final es abierto. Ambas fuerzas están atentas a lo que pueda crecer o no el candidato de La Libertad Avanza (LLA), Luciano Guma, quien podría sumar, por arrastre del efecto Javier Milei, unos puntos al 17,40% obtenido en las primarias. Con todo, eso no cambia la historia: la pelea de fondo se dirime entre los Julio Césares de La Plata.

Letra P | Juan Rubinacci
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