En diálogo con AM750, el catedrático explicó el origen de su manuscrito: «En toda mi experiencia como docente universitario vi que era necesario tratar de llevar una solución diferente a este diagnóstico en que todos coincidimos que la educación está en crisis. A partir de eso, nos pusimos a investigar con el grupo que yo dirijo y, como resultado de esto, pusimos este libro para discusión de todos los que quieran leerlo y les importe la educación».

¿Cuáles son los síntomas de esta crisis en la educación argentina?

«Si vamos al sistema argentino como tal, vemos que nosotros hemos tomado como país la decisión hace muchos de descentralizar un sistema, de devolverle a las provincias la potestad de la educación, pero no fue acompañado de una coordinación, de una planificación», sostuvo.

«Este sistema carece de una eficiencia en su gestión. Hay una gran deficiencia de gestión que hace que se haya burocratizado en el medio, que las escuelas no tengan la potestad para cumplir sus funciones y los niveles centrales tampoco los tengan para hacer el control, la sistematización. Para nosotros, el principal problema es la gestión del sistema educativo», agregó.

«A partir del objetivo, en este caso, que es dar una educación de calidad, hay que generar políticas, estrategias, programas, metas, sistemas de información, sistemas operativos y sistemas de control. En el caso del Consejo Nacional de Educación, se estaría en el nivel de planificación, pero eso, para bajarlo después a los demás, no se da», aseguró.

«Para que lo entienda la gente: no sabemos qué pasa con un chico en una escuela de Jujuy y si es lo mismo que estudia un chico en AMBA. Cómo se coordina que los dos tengan los contenidos mínimos que teóricamente tienen que tener, pero también que tengan la posibilidad de tener la aplicabilidad en el contexto social en donde se tienen que desarrollar, cómo hay que evaluarlos, cómo podemos hacer para que la información llegue en tiempo y forma sistematizada en todas las redes del sistema para tomar las medidas del caso. Todo eso no está instrumentado. Nosotros creemos que esto hay que transformarlo», argumentó.

«Desde un punto de vista filosófico, la educación es un derecho humano, un bien público y social, y un deber indelegable del Estado. Arreglar la educación no pasa por soluciones mágicas, sino un acuerdo que pase por el tema de la gestión», enfatizó.

«Las escuelas tiene que ser conectadas con el tejido social en que se desarrollan, con el sentido productivo, con el ambiente científico y, a su vez, tienen que recibir a todos los que dejaron el secundario y tengan que estar capacitándose para volver al campo laboral», concluyó.