Tarea de desgaste

La falta de expectativas, el desmoronamiento en las condiciones de vida de amplios sectores de las clases medias, la ausencia de un proyecto compartido entre las fuerzas democráticas que permita reconocernos como una comunidad de destino, el individualismo crónico instalado en los tiempos de la Dictadura Cívico Militar, terminaron por hacerse un festín con principios y valores propios de una sociedad democrática. De este modo, plantear nociones básicas tales como solidaridad, comunidad organizada o justicia social, esenciales para esa convivencia democrática, parece una utopía para muchos. Para otros, lamentablemente, sólo remite a conceptos obsoletos.

La tarea de desgaste de la convivencia democrática distribuye méritos y responsabilidades entre los sectores más concentrados que no cesaron de desacreditar las conductas y decisiones de la dirigencia política, y las acciones de buena parte de ésta, que fue tomando distancia de sus bases sociales para privilegiar sus intereses y pecunio particular.

Tampoco ayudó, por cierto, la apropiación de reivindicaciones comunes por parte de diversas fuerzas políticas, con el terrible resultado de convertir a causas que deberían ser compartidas en slogans partidarios. Así, por ejemplo, los derechos humanos –fundamento esencial para cualquier sociedad con un pasado oscuro y sangriento como la nuestra- se convirtieron en bandera del progresismo y de las izquierdas, y así promovieron tácitamente el antagonismo del resto del arco político e ideológico. La tarea de desgaste se vio así facilitada, pasándose de la denuncia del “curro de los DDHH” al negacionismo y, más recientemente, a la reivindicación lisa y llana de la Dictadura Cívico Militar y de la Teoría de los Dos Demonios.

Declaraciones para causar impacto

La reciente creación de nuevas universidades nacionales, entre ellas la de Madres de Plaza de Mayo, motivó una nueva ofensiva de un proyecto fascistoide de ultraderecha, expresado por La Libertad Avanza. La candidata a vicepresidenta de ese espacio, Victoria Villarruel, denostó la decisión legislativa y pretendió desacreditar a esa institución, comparándola con algún emprendimiento pretendidamente educativo de Giselle Rímolo, desde el escenario de un Rotary Club. Seguramente la biógrafa de Videla y otros varios genocidas desconozca la tarea que el Instituto Universitario “Madres de Plaza de Mayo” viene desarrollando desde el año 2000, tanto en materia educativa –presencial y a distancia-, como en sus investigaciones y su defensa de los DDHH. O, tal vez, porque esté demasiado al tanto de sus méritos, que se ubican en las antípodas del modelo de país que imagina su espacio corporativo.

La hora del espanto

Los conceptos de la candidata a vicepresidenta de la Libertad Avanza apuntan a generar impacto mediático, sin lugar a dudas, pero no pueden escindirse inocentemente de su coherencia respecto del discurso negacionista que viene sosteniendo desde mucho antes de iniciarse en la política institucional.  Tampoco son un hecho aislado dentro de esa coalición.

En pleno debate presidencial, Javier Milei, de la nada, repitió con fidelidad los conceptos vertidos por el ex dictador Emilio Massera, sosteniendo la existencia de una guerra, en la que se cometieron “errores” y “excesos”. De un plumazo, y con total impunidad, pretendió borrar la esforzada tarea de construcción de un consenso social que condena el Terrorismo de Estado. Las respuestas que recibió ante tamaña reivindicación fueron acotadas y puntuales. “Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados”, afirmaba nuestro Libertador, el General José de San Martín, otro de los que han caído en el torrente de cuestionamientos por parte de los pretendidos libertarios.

Blancos del proyecto disolvente

El ataque a los DDHH, a las Madres de Plaza de Mayo, al Papa Francisco o al “Padre de la Patria” son nuevos blancos de un proyecto disolvente que pretender eliminar la memoria colectiva de los argentinos para instalar un Estado de Naturaleza en el que reine la voluntad y la supremacía de los más fuertes.

Ni siquiera es liberalismo clásico, ya que éste necesita de un orden sostenido sobre reglas de juego garantizadas por el Estado. Sí, en cambio, reconoce la marca en el orillo de ese presunto liberalismo-conservador latinoamericano, que asocia el discurso de mercado con el orden de las bayonetas.

El libertario fue, inicialmente, un experimento mediático para instalar un discurso económico pro mercado, que más tarde se convirtió en una alternativa atractiva para algunos para fracturar a las coaliciones políticas preexistentes. Cuando advirtieron su error fue demasiado tarde: Frankenstein había cobrado vida propia.

¿De qué podríamos sorprendernos? Cuando Milei promovió la venta de órganos o de niños, no hubo causas ni condenas institucionales sólidas. Apenas si el Presidente de la Corte Suprema salió a cruzar su impreciso proyecto de dolarización. A lo largo de cuatro décadas de restauración de la República Democráctica el nivel de degradación del valor de la vida humana en nuestra sociedad resulta escalofriante.

El libertario fue, inicialmente, un experimento mediático para instalar un discurso económico pro mercado, que más tarde se convirtió en una alternativa atractiva para algunos para fracturar a las coaliciones políticas preexistentes. Cuando advirtieron su error fue demasiado tarde: Frankenstein había cobrado vida propia. Y hoy ya no sólo pone en riesgo al pretendido “populismo” y sus bases sociales, sino también a quienes hicieron su agosto construyendo artificialmente una representación condenatoria del campo popular.

La hora del espanto

Las recientes expresiones de operadores/comunicadores como “Baby” Etchecopar o Viviana Canosa, convocando en un caso a votar a Sergio Massa –ante la evidencia de la inviabilidad de la candidatura de Patricia Bullrich- y, en el otro, denunciando la reivindicación de la Dictadura por parte de Milei y Cía., resultan sólo una versión aggiornada del célebre poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller, al condenar la cobardía de los intelectuales y de la dirigencia alemana que permitieron el ascenso del Nazismo sin oponerle resistencia: «Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada, porque yo no era judío. Ahora es tarde: están golpeando a mi puerta».

Por cierto, ni Etchecopar ni Canosa pueden considerarse precisamente como adalides de la democracia y el pluralismo. Sin embargo, tienen en claro que el tipo de “periodismo” que practican sólo puede desarrollarse en el marco de vigencia de la Ley y del pluralismo de ideas que supone una república democrática. No son tontos: saben qué les espera.

Si bien al peronismo y a buena parte de la sociedad democrática le resulta difícil encontrar puntos de encuentro con Etchecopar, en esta hora clave de la historia argentina, resulta aplicable aquella sentencia de Jorge Luis Borges: «No nos une el amor sino el espanto».

Por más que algunos pretendan tranquilizarse imaginando que Milei es una especie de resurrección de Carlos Menem, saben en su fuero íntimo que el riojano tenía una red de contención en la alianza entre el PJ y la UCR que lo respaldaba. El propio Etchecopar se encargó de hacer un cuadro realista de la situación: “Mirá lo que te llego a decir, que voten a Massa, pero Milei está desquiciado, porque no tiene estructura, está a los bolsazos. Ayer los empresarios le hicieron un boicot (en su reunión paralela al Coloquio de IDEA)”.

Si bien al peronismo y a buena parte de la sociedad democrática le resulta difícil encontrar puntos de encuentro con Etchecopar, en esta hora clave de la historia argentina, resulta aplicable aquella sentencia de Jorge Luis Borges: «No nos une el amor sino el espanto».

De las cuatro alternativas presidenciales que se oponen a Milei, una de ellas sostiene un discurso doctrinario sin posibilidades de aplicación efectiva (Bregman); otro sólo se imagina como Presidente de la República de Córdoba (Schiaretti); la tercera ha sido “seducida y abandonada” por Mauricio Macri (Bullrich); por lo que la única esperanza para la democracia argentina está puesta en la candidatura de Sergio Massa. El mayor riesgo que plantean esas tres opciones es su capacidad para apropiarse de votos que podrían llegar a permitir la victoria del libertario en primera vuelta.

La hora del espanto

El desafío es monumental

Las chances de Milei son fogoneadas constantemente por las presiones del FMI, la prédica de los media cercanos –varios de ellos gerenciados por el ex presidente, Mauricio Macri-, la corrida financiera de banqueros y especuladores que se mueven en su órbita y la incansable remarcación de precios impulsada por los grupos corporativos más concentrados. También contribuyen sobremanera las conductas condenables de referentes de UxP que alimentan las operaciones mediáticas desmoralizadoras.

Pese a todo, queda en pie un segmento de nuestra sociedad que privilegia la historia y las doctrinas del campo popular y de las fuerzas democráticas por sobre las conductas de algunos de sus referentes actuales.

Con acierto Sergio Massa ha convocado a un “gobierno de unidad popular” para tratar de impulsar la reconstrucción argentina, tomando el ejemplo del acercamiento que, cinco décadas atrás, le propuso el General Perón a su adversario de siempre, Ricardo Balbín. En aquella oportunidad también la opción era “autoritarismo o democracia”.

Ojalá que, por una vez, los argentinos aprovechemos las enseñanzas de nuestra historia para no volver a cometer los mismos errores y que, ahora, peronistas, radicales y las diversas expresiones democráticas de nuestro país podamos avanzar mucho más allá del abrazo, para consensuar un proyecto nacional compartido y participativo.

Sólo de ese modo conseguiremos evitar que se cierna sobre nuestro país la hora del espanto.

Alberto Lettieri
ALBERTO LETTIERI
Doctor en Historia(UBA) y analista político